Baby Led Weaning

ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA

Amo la comida. Sí, realmente siento pasión por la comida; me emociona escoger ingredientes, me obsesiono cuando encuentro un producto nuevo que me gusta, me entretiene muchísimo cocinar, tengo demasiados libros de cocina, y encontrar recetas saludables se ha convertido en mi nuevo pasatiempo. Ni hablemos de restaurantes, porque puedo pasar horas divagando acerca de los que ya taché de mi bucket list y los que aún hacen falta. Considero que consigo un balance saludable entre la comida que realmente no aporta mayor contenido nutricional y la que sí (no creo que haya comida “buena” ni “mala”). Sí, soy una foodie.

Tener una hermana nutricionista me ayudó a saber más; tener un esposo que hace muchísimo ejercicio también, pero jamás me imaginé llegar a sentir esta necesidad por hacer de nuestra comida lo más saludable posible sin dejar a un lado el placer de comer. No me tomen a mal, sigo amando mi tocino, mis papitas con sal y vinagre y mis donas con helado (helloooo, Butter Love!), pero a raíz de la lectura de un libro en específico, mi interés se tornó más intenso. Este libro fue “Salt, Sugar, Fat” de Michael Moss (pueden aquirirlo aquí). ¿A quién no le gusta un poco de teorías de conspiración? Básicamente, este libro explica cómo la industria alimenticia manipula los contenidos de sal, azúcar y grasa en las comidas procesadas y las devastadoras consecuencias que esto ha tenido en la salud de la población en general.

Cuando asistimos con Natalia a las conferencias del doctor Carlos González en septiembre, hubo una frase que él dijo que creo que resume muy bien mi enfoque hacia la comida en general: si quieres que tu hijo coma bien, empieza por ti mismo. ¿Por qué le estás dando a él comida saludable mientras tú te haces una sopita ramen? Eventualmente, la palabra convence, pero el ejemplo arrastra.

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Es difícil, no lo voy a negar; especialmente cuando alguien (léase: los abuelos) le quieren dar cereal de chocolate en las mañanas y uno responde “no gracias, prefiero que no coma tanta azúcar.” La respuesta invariablemente cae en las siguientes opciones:

  • “¿No le vas a dar este cereal? ¡Pero pobreciiiiiitooooo!”
  • “Pero si no es de todos los días.”
  • “No lo puedes mantener en una burbuja, cuando vaya al colegio / vea los anuncios de televisión él mismo te lo va a pedir”
  • “Cuando esté conmigo le voy a dar solamente chucherías, que coma lo que quiera.”

No voy a entrar a discutir la carga emocional que culturalmente le conferimos a la comida, porque no termino, pero basta decir que todos los razonamientos arriba mencionados me dan terror.

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Nuestro deber como padres no es darles lecciones de nutrición a nuestros hijos, nuestro deber es enseñarles HÁBITOS alimenticios saludables, entre ellos:

  • En la medida de lo posible, cocina tú. De esta forma, sabes exactamente qué estás colocando en los platos que preparas para tu familia.
  • Siéntate con tu familia a comer. El componente emocional de compartir en la mesa es tan importante como lo que pones en el plato.
  • Mira tu plato, mira los colores, siente los olores, las texturas… la comida debe ser una experiencia sensorial y agradable.
  • Como padres, nuestro deber es indicarle a nuestros hijos qué y cuándo comer; ellos deciden cuánto.
  • Provee opciones saludables para que ellos puedan escoger, siempre entre lo razonable. Si no quiere arvejas, pero quiere un banano, no pasa nada. Si no quiere arvejas, pero quiere un pastelito de chocolate, pues eso no va a suceder. 😉
  • No utlices la comida como castigo o recompensa. Ese castigo de irse a la cama sin cenar tiene que calificar como delito hacia la niñez. Tampoco es saludable ofrecer un dulce si se terminan el plato que les preparaste… con los años, ese niño crece a ser el adulto que se come un galón de helado después de un día difícil en la oficina mientras se repite a sí mismo “me lo merezco.”
  • No hacemos nada más mientras comemos, más que comer y compartir como familia. ¿No te ha pasado que pides una pizza mientras ves una película y cuando te das cuenta ya te la comiste toda y no te diste cuenta? Pues algo así les pasa a los niños si comen mientras miran YouTube en el iPad. Necesitamos enseñarles a estar atentos a la señal de saciedad de nuestro cuerpo para comer la cantidad correcta.
  • Trata de no discutir en la mesa; nuevamente, las comidas deben ser situaciones agradables.
  • Enséñales a preparar los alimentos. Involúcralos en la preparación, aprenderán a seguir instrucciones, hacer operaciones matemáticas, y desarrollarán su motricidad fina y gruesa.
  • Está bien comer entre comidas. Siempre ten una opción de refacción saludable.

Probablemente la hora de comida es el único momento del día en que todos los integrantes de una familia están juntos en un solo lugar; la sobremesa nos provee el espacio para discutir nuestro día, compartir lo que hicimos y tener esa interacción con nuestros hijos que con el paso del tiempo esperamos les provea la confianza y seguridad para buscar nuestra compañía y nuestra opinión. Y si a eso le agregamos comida saludable, hecha con amor… pues es nutrición tanto para el cuerpo como para el alma.

Edith.

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.