Ser Mamá en Guate

SER MAMÁ EN GUATE, EMPEZANDO EL VIAJE

Hace algunos meses se estrenó en el mundo “Bizarre Foods – Guatemala” con Andrew Zimmern. ¡Qué nostalgia! ¡Qué belleza! Qué lindo vernos en la televisión, pero estamos aquí mismo todos los días y a veces es difícil recordarlo, hasta que alguien más nos lo recuerda. Por eso decidimos visitar juntas la icónica Basílica de Nuestra Señora del Rosario. Independientemente de si somos católicos o no, la Basílica de Nuestra Señora del Rosario es un verdadero lujo a la vista. En esta área del Centro Histórico se disfrutan muchos colores, sabores, olores, texturas. Esta es Guate, nuestra ciudad.

Nos bajamos del carro con todo y nuestros dos bultitos, cada uno en su respectivo cargador: Fabián en su bandolera azul, Catalina en su fular gris (nos encanta portear; más de esto aquí). No son ni las diez de la mañana y desde hace algunas horas ya hay gente trabajando; vemos a muchas mamás con sus bebés “a tuto”, muchas amamantando, otras con sus retoños jugando cerca. También algunos papás y algunas abuelas. Es inmediata la sonrisa que cruzamos con cada una, casi automáticamente, como si nos reconociéramos unas a otras en los ojos cansados, la espalda dolida y la felicidad inmensa. Cada una criando a su manera.

Entramos al templo y encendimos nuestras velitas para colocarlas junto a decenas más que desde temprano se acumulan en las bandejas de los pasillos. Seguramente muchas son de mamás que piden por sus hijos; por los que están por nacer, por los que están aquí con ellas y por los que partieron antes de tiempo. Cuando nos convertimos en mamás, lo primero que sale de nuestra boca al rezar son los nombres de los integrantes de nuestra tribu. De alguna manera, dejar una vela entre esas tantas otras que se derriten despacio en la esperanza de que sus encomiendas sean escuchadas, nos hace sentir que no estamos solas, que somos muchas quienes pedimos por los nuestros. Nos hace sentir el calor y la fuerza de la unidad.

Al salir de la iglesia fuimos a comer algo (no podía faltar) y a comprar chunches para nuestros hijos -tamborcitos, ronrones, rehiletes; a ellos se les van los ojos viendo tantos colores vivos, tanto movimiento. Esas tostadas de guacamol tan exquisitas, que hasta los bebés querían probar, no saben igual en ninguna otra parte. Las canillitas de leche, el atol de elote y, sobre todo, las sonrisas de las mujeres que nos sirvieron cada cosa, nos hacen regresar cada año al mismo lugar, a caminar por las mismas calles, con la misma emoción. Quizás no sean las calles más perfectas ni las delicadezas más exóticas, pero son nuestras. ¡Qué lindo ser mamá en Guate!

Y por eso decidimos dar por inaugurado este camino que empezamos a recorrer juntas hace más de un año. Porque nuestra inspiración, nuestra energía, nuestras ganas de compartir este espacio con ustedes viene precisamente de ahí: de la necesidad de compartir con otras mamás la dicha, las vicisitudes, la alegría, el reto de hacer familia en Guate. Nuestros hogares no son perfectos, pero son nuestros; no importa de dónde vengamos, qué trayecto elijamos ni a dónde vayamos, nos une lo cotidiano de la maternidad. Esperamos que cada cosa que dejemos por aquí sea como una de esas velitas, y que pueda dar un poco de luz y compañía a quien lo lea -o al menos que le provoque una sonrisa.

Bienvenidas a nuestro templo, a este lugar sagrado que prometemos seguir edificando sin descanso y con compromiso, dedicación y amor para que puedan visitarnos cuando quieran.

Natalia y Edith / Ser Mamá en Guate