Porteo

ELIJO LLEVARTE CONMIGO

Ayer te llevé en el fular por varias horas. Cada vez que te saco de ese capullo que debés sentir delicioso, dejás la marca de tu oreja en mi pecho, cerca del corazón. Los colochos de tu cabecita quedan húmedos de sudor y alborotados (“como micrófono”, dice tu papá). Lo primero que hacés al abrir tus ojitos es mirarme y darme una sonrisa genuina y verdaderamente feliz. Feliz. Así te siento cuando te llevo conmigo. Te siento segura, animada, relajada, atenta. Mirás alrededor con tus ojos de aceituna, me mirás a mí, a un lado y al otro, buscás la voz de tu papá y la de tu hermana, girás tu cabeza con tanta facilidad a pesar de tus cortitos tres meses. Con tus manitas agarrás los tirantes de mi blusa y vas paseando así, como monito. Aunque yo esté trabajando en la computadora, jugando con tu hermana o haciendo cosas de la casa, tú vas paseando y conociendo el mundo con asombro de turista en un nuevo lugar. Y si estás cansada -o muy relajada- escondés tu carita y poco a poco te quedás dormida. Yo sé, es algo tan sencillo pero me causa tanto asombro. Me asombra la tranquilidad que te produce ese lugar, y lo bien que yo me siento al llevarte así.

Tal vez estamos hechas para eso, ¿no? Para estar cerca, para compartir calor, para escucharnos inmediatas y sentirnos en la raíz de la humanidad, cuando la piel era la mejor medicina. En la raíz de donde nacieron mis tatarabuelas y las tuyas. Elijo llevarte conmigo por esa sonrisa que me producís a mí y a quien nos mira con cara de sorpresa en la calle. Por cada mujer que se acerca a preguntar dónde puede conseguir “uno de esos”, porque seguramente nos ve así de cómodas haciendo el súper, caminando en la calle, yendo al banco, y por esa posibilidad de que otra familia disfrute de esto tanto como nosotras. Elijo llevarte conmigo porque me llena, porque complementa mi maternidad y me permite vivirla justo como quiero. Te elijo cerquita porque así puedo llevar a tu hermana; llevarla de la mano cuando ella también me necesita cerca.

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Elijo llevarte conmigo porque un día no vas a querer que te lleve más, porque esa orejita marcada en mi pecho un día será recuerdo. Porque crecerás tan segura de ti misma que, de pronto, tu deseo de explorar, de ir con el mundo, seguramente será más grande que el de ir con mamá.

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.