Posparto

LOS SEGUNDOS NUEVE MESES

Y como si nada, 9 meses. Hoy podemos decir que llevas el mismo tiempo afuera que adentro de mi cuerpo, pero yo sigo sintiéndote mío, sigo sintiendo que somos uno. En algún lugar leí que una vez se esté amamantando, es correcto referirse a la madre e hijo como una díada, un solo ente. Tu sustento ya no viene de mí, pero creo que jamás estaré lista para verte como una persona ajena, separada de mí.

A donde vamos, tú sonríes, ves todo con ojos puros, con asombro y sin malicia. La gente siempre te sonríe de vuelta y más de una vez completos extraños me han pedido cargarte, lo que me toma por sorpresa, pero cedo, tratando de, tal vez, compartir un poco de la alegría que traes a mi vida.

11251288_1579841852278765_6908438786972187155_nLa montaña rusa emocional del embarazo y el posparto ha cedido en sus subidas y bajadas extremas, pero creo que jamás seré la misma. Claro, siempre he sido llorona, pero ha sido porque mis sentimientos son increíblemente delicados, todo me ofende, todo me afecta… Ahora es diferente, no son mis sentimientos los susceptibles, sino mi corazón y esa nueva sección que se inauguró con la noticia que venías a complementar nuestra vida. Mi hermana me dijo que cuando uno se vuelve madre, no se vuelve madre únicamente de su hijo, sino de TODOS los niños. En ese momento no lo entendí, hasta que vi Philomena y casi me quedo sin lágrimas.

En estos nueve meses he visto como cada día logras algo más, alguna habilidad que por muy simple que parezca, contribuye a tu eventual independencia, todo lo aprendes, y sí, la mamá de un adolescente se reirá de esto, pero aunque sé que aún me necesitas para vivir, veo que cada día que pasa me necesitas menos.

Esto de la maternidad es una experiencia tan bipolar… por un lado muero por verte crecer y por otro, quiero que te quedes así, chiquito, que quepas para siempre en mis brazos, que seas siempre mi bebé. No hay mejor momento en mi día que cuando llego en la mañana a traerte a tu cuna cuando te despiertas. ¡Esa sonrisa! ¡Esos dientes! ¡Ese pelito revuelto! Siempre me abrazas (o hago que me abraces), meto la nariz en tu cuello y siento ese olor tan delicioso que espero nunca cambie y siempre pueda sentir en las mañanas. Llegará el día en que no te tenga que cargar para empezar ni para terminar tu día, pero hoy… hoy quiero cargarte todo el día.

Edith

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.