Embarazo

VOCES CONTRA LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA

No terminó de convencerme la razón de mi cesárea.

No me dijeron qué estaban haciéndome.

Creo que me hicieron una cesárea sin razón.

Me pusieron un suero, no sé qué era, no quisieron decirme.

Tal vez pudimos haber esperado.

No me dijeron que había otras opciones.

Yo quería una epidural y no quisieron dármela, sin decirme por qué.

No tenemos ningún problema, pero mi doctor dice que lo más seguro para mi bebé y para mí es una cesárea en la semana 38.

No me dejaron comer ni tomar agua en el trabajo de parto, ni levantarme de la camilla del hospital.

No dejaron que nadie me acompañara en mi parto/cesárea.

El médico tenía que salir de viaje y por eso me programó la cesárea para la semana 38.

Me dijeron que si no pujaba como ellos me decían, mi bebé se iba a morir por mi culpa.

Durante la cirugía, los médicos hablaban de fútbol, de golf, de política. Se reían y conversaban como si yo no estuviera ahí.

Mi bebé nació, se lo llevaron, nadie me dijo qué pasaba. Me quedé sola en la sala de partos.

La enfermera/el médico me ofreció fórmula en pacha desde el primer día. Yo no quería pero me dijo que mi bebé no se llenaba con mi leche.

Les dije a las enfermeras que no le dieran suero glucosado ni fórmula, pero se la dieron de todos modos.

¿Cuántas veces hemos escuchado estas frases? Más aún, ¿acerca de cuántas de estas frases pensamos, “bueno, es que así es como debe ser”? No. Así no es como debe ser.

Seguramente muchas, si no la gran mayoría de madres que vean este video, van a soltar más de una lágrima, o al menos se les va a revolver el estómago. ¿Por qué? Porque muy en lo profundo, aunque hayamos aprendido que “lo único que importa es que mamá y bebé estén sanos”, nosotras las madres -mamíferas de especie- reconocemos el impacto que el nacimiento de un hijo tiene sobre una mujer. No sólo importa el cuándo; quizás es todavía más importante el cómo. Seguramente muchas, si no la gran mayoría de madres guatemaltecas, sin importar nuestra clase social o nivel educativo, hemos sufrido algún tipo de violencia durante nuestro embarazo, parto y/o posparto. Simplemente no lo sabemos. No sabemos que “eso que en el fondo sentimos que no estuvo bien”, en realidad no estuvo bien.

La violencia obstétrica es “toda conducta, acción u omisión realizada por el personal de salud (médicos, parteras, enfermeros/as), que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, afecte el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización innecesaria de los procesos naturales, sin autorización ni consentimiento informado de la mujer” (Documental Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos). Si tu intuición de madre te dice que algo no fue correcto, que algo pudo haber sido distinto, probablemente sea cierto.

La violencia obstétrica es una realidad. Que las cosas se hagan de la misma manera en muchos lugares del mundo, durante mucho tiempo, no las convierte en correctas. Infórmate, involúcrate, denuncia. No estás sola.

Para más información, visita la Fanpage de La Revolución de las Rosas.

25 de noviembre. Día Internacional contra la Violencia Obstétrica.

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.