Maternidad y Crianza, Ser Mamá en Guate

Cuando tu bebé ya no es bebé Reflexiones de una mamá semi-veterana

Al final del día
tus pies deberían estar sucios,

tu pelo desordenado
y tus ojos brillantes.
– Shanti

“No, mama, yo me quiero peinar” (o sólo “NO me quiero peinar”).

“No, mama, no quiero ponerme eso, es muy elegante. Quiero mis tenis y mis leggings morados porque no puedo correr con jeans.”

“No, mama, no me voy contigo. Muy aburrido ir a cosas de señoras, mejor me quedo aquí a jugar con mis amigos.”

“Mama, ya no me tomes más fotos.”

“Mama, eso es de bebés.”

Un poquito de lo que sale de la boca de mi hija de nueve años, en la que ya casi no quedan dientes de leche. Mi bebé ya no es bebé.

Siento que está muy pequeña para algunas de sus actitudes, preguntas y respuestas, pero sé también que creció entre adultos y ahora tiene un grupón de amigos en el condominio con niños de todas las edades, desde cinco hasta trece años. Juegan todos juntos, todas las tardes. Corren, andan en bicicleta, escalan árboles, juegan escondite, hacen picnics, splash days, y a veces, por qué no, juegan muñecas o trastecitos. La pasan bomba y me hace feliz verla feliz y reírse con esas carcajadas que salen de la panza. Aunque he de decir, me da un poco de celos que no sea conmigo. Ahora, yo muchas veces soy la mala de la lica, la aburrida, la que no doy todos los permisos ni ignoro los límites.

Mi bebé ya no es bebé. En un parpadeo, pasó de ser esa chiquitina que quería ir de mi mano a todas partes y a la que le fascinaba usar vestidos y moñas en el pelo, a esta niña preciosa de pelo rebelde que quiere tomar decisiones y ser independiente, jugar afuera hasta tarde, invitar amigos, vestirse acorde a la potranqueada, pintarse las uñas de colores. Se cae, se raspa, se levanta y sigue jugando. Ya no viene conmigo a llorar por consuelo porque prefiere seguir en el relajo. Ya no puedo compartirle de mi plato en un restaurante; ahora hay que pedirle su propio plato -y su propia bebida. Observa todo, escucha todo y cuestiona todo. Me cuestiona a mí. Ese paso del Disney Junior al Cartoon Network, es más complicado de lo que imaginé. Complicado para mí, por supuesto.

BORN

06/06/2008

Mi bebé está creciendo y yo me siento orgullosa y feliz, pero a veces con ganas de detener el tiempo porque no he logrado encontrar el equilibrio para poder soltarla, ni sé bien hasta dónde debería hacerlo. Por ratos la veo tan pequeña, tan inocente y me siento tan indispensable, como cuando se pasa a mi cama por las noches o me pide que le lea ese cuento antes de dormir. O cuando se le olvida lavarse los dientes o amarrarse los zapatos. Y en otros momentos se me va el aire porque siento que se me va ella. Entre multiplicaciones, tardes de pizza, chíviri cuarta y picnics con sus amigos, cumpleaños de “trae tu notita para irte conmigo del colegio”, uñas de colores, tenis desgastados y conocimiento profundo de la trama de Star Wars, mi bebé ya no es bebé. Me siento como Alicia en el País de las Maravillas, cayendo en la madriguera del Conejo Blanco. Tic toc.

Se suponía que iba a pasar más tiempo antes de llegar a esta etapa de su vida, y de mi vida. Estoy entrando en ese mundo de las mamás de niños grandes, esa dimensión desconocida tan gratificante y atemorizante a la vez, en la que las amistades se hacen más complejas, las preocupaciones cambian y la vida empieza a mirarse con otro lente. El amor es el mismo, igual de intenso, pero las maravillas son otras, están en otros lugares y ya no son tan sencillas. No es casualidad que no haya muchos blogs, foros ni grupos en Internet dedicados a los niños de primaria en adelante. Su privacidad es distinta. Todo es más delicado y debe manejarse con cuidado.

Las “primeras veces” de los niños grandes son de otra naturaleza. Sigue habiendo diplomas, shows de baile, obras de teatro, salidas en familia, navidades y cumpleaños. Hay muchísimos momentos lindos. Pero, de repente, llega la primera mala contestación o la primera mala cara, la primera vez que no nos cae bien una amiga (o sus papás), la primera mala nota, el primer corazón roto, la primera traición, la primera mentira, la primera vez que alguien le dice “gorda”, “dientuda”, “fea”… A nadie le gusta imaginar que ese día llega, pero lamento decir que, tarde o temprano, llega. Y se siente horrible que tu bebé, a la que tú siempre has visto perfecta, dude de sí misma. Y seguramente se siente igual de horrible que sea tu bebé quien haga daño a otros. ¿A quién le gusta hablar de eso? ¿Quién lo postea en Facebook?

Ser mamá de una niña grande puede ser un espacio de mucha soledad. ¿Lo estoy haciendo bien? Sé que mi hija es feliz, sé que es sana y que todo lo que pasamos es normal. Aún así, me cuestiono todos los días y me asombra cómo el mismo amor me hace armarme de paciencia y querer intentar de nuevo. Cada abrazo, cada beso, cada cosa que me cuenta me recuerda que sólo hace un par de años era mi bebé, y que ahora me necesita de diferente manera, pero tanto como antes. A veces en el afán de hacerla independiente, olvido que sigue siendo pequeña.

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Te amo hasta la luna y de regreso

Los niños grandes no pueden apantallarse con espejitos. La realidad en general y nosotros, los papás, los adultos, somos observados bajo otra lupa -observados de cerca y detalladamente, a veces criticados, confrontados con nuestras propias deficiencias. Ouch. A mi bebé que ya no es bebé, no se le va una. Siento que voy bajando las gradas, una por una, desde ese pedestal en el que estaba antes. Siento la realidad a veces demasiado real para mi gusto. Pienso que verlos crecer es hermoso pero a veces es duro también, no porque sea difícil para ellos, sino para nosotros porque nos hace humildes, nos deja callados y quietos, sin saber qué decir.

 ¿Y qué quería, pues? No podía ser de otra forma. Su propia vida y sus circunstancias la moldearon así. ¿Que si hace travesuras y a veces trata de jugarme la vuelta? Claro. ¿Que si prueba los límites? También. Yo siempre quise que fuera creativa, independiente, como decimos en buen chapín, chispuda. Y vaya si lo logré. Mi bebé ahora es una niña amable, platicadora, amorosa y con la respuesta siempre en la punta de la lengua, las preguntas y la curiosidad a flor de piel.

Mi bebé ya no es bebé; ahora es un alma linda y rebelde que día a día aprendo a comprender, a guiar, a acompañar; una niña en todo el sentido de la palabra, que me reta día con día a ser la mejor versión de mí misma porque me observa de cerca, se da cuenta de mí. Ya no soy sólo una compañera de juego ni soy mami; ahora soy mama, un referente con virtudes y defectos (a sus ojos, a veces más defectos que virtudes). Ahora soy un punto de partida. Qué nivel de responsabilidad. Mi bebé ya no es bebé, y yo apenas empiezo a comprender lo que realmente significa ser una mamá.

Natalia
Psicóloga Clínica / Doula / Blogger
Embarazo, maternidad y crianza
natalia@sermamaenguate.com