Ser Mamá en Guate

Lactancia en tiempos de fiesta

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No me escapo de ojos gigantes y algunas preguntas (fuera de lugar, he de decir) cuando, en una reunión social, me tomo una cerveza o una copa de vino. Se me ocurrió escribir sobre este tema porque, aparentemente, el desconocimiento general al respecto es abismal, y los comentarios desinformados son muchos.

Antes de seguir, quisiera reiterar que me gusta investigar antes de tomar decisiones, sobre todo cuando se trata de la salud de mis hijas y no digamos antes de resolver dudas de otras mamás que me buscan por temas de crianza, como la lactancia. Antes de ser bloguera soy mamá, psicóloga dedicada a temas de mujeres y madres, estoy por terminar mi práctica para graduarme de doula y he dado lactancia materna exclusiva a mi bebé durante siete meses. Una vez dicho eso, prosigamos con este extracto de Un regalo para toda la vida del Dr. Carlos González. Les sugiero leer los números despacio y con atención.

“El alcohol pasa fácil y rápidamente de la sangre de la madre a la leche, y viceversa, de forma que la concentración en ambos líquidos es la misma. La relación leche/plasma es 1. Con un nivel superior a 0.15%, la persona está visible y claramente borracha. Con un nivel superior a 0.55%, te mueres. Muchos mueren un poco antes. Por lo tanto, es absolutamente imposible que la leche materna contenga más de 0.55% de alcohol, y para eso la madre tiene que estar hospitalizada por intoxicación etílica aguda. En la práctica, una madre que beba con moderación no va a llegar a 0.05%. Por lo tanto, la leche de una madre que ha tomado una copa, aunque llegue a 0.04%, y dé positivo en el alcoholímetro, todavía podría venderse como ‘leche sin alcohol’.

En conclusión, es casi imposible que beber alcohol durante la lactancia perjudique al bebé. Digo ‘casi’ porque los recién nacidos son muy sensibles al alcohol, lo metabolizan muy lentamente y además beben como cosacos. Más de medio litro de leche al día con poco más de tres kilos es como para un adulto de 60 kilos beber diez litros al día.

Un estudio encontró un leve retraso en el desarrollo psicomotor de los niños cuando las madres consumían constantemente más de dos copas al día. Basándose en ese dato, muchos libros recomiendan ‘máximo dos copas al día’. Desde luego, es una norma prudente no sólo durante la lactancia, sino durante toda la vida. El alcohol es malo para la salud, para la de la madre y para la del padre, y es buena idea no pasar nunca de dos copas. Pero si usted es de las que toma tres o cuatro al día y no puede o no quiere dejarlo, no creo que esté perjudicando a su hijo; se perjudica a sí misma, pero no a su bebé. Es mucho mejor el pecho, incluso si la madre ha tomado tres copas, que el biberón. Es muy difícil que esas cantidades de alcohol afecten al bebé, y los mismos científicos, cuando repitieron ese estudio unos años después, ya no encontraron relación entre el alcohol y el desarrollo psicomotor. Probablemente lo que ocurre es que muchas madres que beben durante la lactancia también bebieron durante el embarazo, y fue eso lo que afectó el desarrollo.

Durante el embarazo, el alcohol sí que es peligroso. Muy peligroso. No hay ninguna cantidad de alcohol que se considere segura durante el embarazo. De cualquier manera, si algún día en una fiesta bebe más de la cuenta, es prudente no dar pecho mientras esté visiblemente ebria [ni pacha, pensaría yo; en general, es peligroso cuidar un bebé bajo efectos del alcohol, así que sería mejor que alguien más se hiciera cargo del bebé si llegáramos a pasarnos de copas].

Recuerde, el alcohol pasa fácilmente en los dos sentidos, no se queda acumulado en el pecho. Por lo tanto, no es necesario sacarse la leche y tirarla, a menos que tenga los pechos llenos y le molesten; la leche, al igual que la sangre, se limpia sola.”

Es importante estar claras en el hecho de que, independientemente si estamos dando lactancia o no, siempre es mejor no ingerir alcohol. Sin embargo, quienes damos lactancia exclusiva sabemos que día a día nos enfrentamos con limitaciones que van desde tener que cubrirnos con una manta (que nuestro bebé generalmente detesta con pasión), hasta sentirnos mal vistas o expuestas a preguntas imprudentes si queremos tomar una copa de vino o una cerveza de vez en cuando, o incluso una taza de café. Todas estas cosas hacen que la lactancia sea tan cuestionada y complicada, y que las madres nos sintamos tan aisladas del mundo adulto, que hasta prefiramos dejarla. Seamos realistas: nuestra sociedad no es la más amigable con las mamás que amamantan.

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Todo el mundo es experto en el tema y se dice ser pro-lactancia; hasta que decidimos hacer algo tan sencillo como amamantar en algún lugar que no sea encerradas en un cuarto -sin enseñar siquiera un octavo de pezón- para no incomodar a un par de pelones que ven los episodios de Game of Thrones con toda normalidad, o cuando decidimos tomar una cerveza, aún sabiendo que no va a causarle daño a nuestro bebé, mientras es completamente normal que los maridos se tomen ocho cada domingo y luego manejen con toda la familia en el carro -o que una mamá que no amamanta se pase de copas y luego se vaya a casa de vuelta con sus hijos. Me encantaría saber qué pasaría si en la próxima reunión a la que vayamos, le preguntamos a nuestro/a vecino/a (frente a todo el mundo, además), “¿cuántas se va a tomar? ¿Cuántas deja el médico que se tome? ¿No es peligroso que maneje así?”. Pareciera que la lactancia le da permiso a cualquiera de indagar/comentar/sugerir.

La leche materna es lo mejor para tu bebé, siempre y cuando no nos incomode a todos.

En fin, según la Liga de la Leche, otras fuentes que investigué y las indicaciones de la Asociación Americana de Pediatría, el consumo razonable, eventual y moderado de alcohol durante la lactancia se considera seguro. Si se nos antoja disfrutar un vino o cerveza en una ocasión especial o durante las fiestas, podemos tomar lo siguiente en consideración:

  • El cuerpo humano tarda entre una y tres horas en eliminar una onza de alcohol -el equivalente a una bebida con licor. No creo que tomemos más de una cerveza o copa de vino por hora a menos que tengamos la intención de emborracharnos.
  • Si aún con esta información nos preocupa el asunto, pero queremos hacer el brindis con champagne, podemos tomar una copa inmediatamente después de dar de mamar para dejar suficiente tiempo antes de la siguiente toma y así reducir el volumen de alcohol en sangre a cero.
  • Evitemos más de una copa eventual si nuestro bebé es menor de tres meses, ya que su hígado es aún inmaduro. Además, el alcohol puede inhibir o retardar el reflejo de eyección de la leche, y esto puede afectar nuestra producción mientras se establece durante las primeras semanas.
  • Si aún solamente con una o dos copas nos sentimos mareadas o lentas, evitemos amamantar hasta sentirnos nuevamente en estado normal y, para una próxima ocasión, evitemos tomar por completo si nos sentimos afectadas por pequeñas cantidades de licor.

A menos que tengamos un problema de alcoholismo, es obvio que no queremos ni buscamos emborracharnos cuando damos lactancia materna -ni aunque estemos amamantando, ni aunque alimentemos a nuestro bebé con fórmula, ni aunque estemos a cargo de cualquiera de nuestros hijos mayores o de un hijo ajeno. Cualquier persona ebria debe abstenerse de cuidar un niño. Además, es más que obvio que una goma con bebé en casa es algo como la antesala del infierno.

Espero que esto le sirva a más de alguna mamá que se sienta fuera del mundo de los adultos, que piense en sustituir su leche con otra cosa para poder acompañar una comida o una reunión con una copa, o abandonar la lactancia para “recuperar su vida”. O, por otro lado, alguna que se sienta presionada para dejar a su bebé al cuidado de alguien más demasiado pronto para poder conservar su vida social en nuestra cultura chapina, en la que la fiesta gira en torno al licor. El alcohol no es el centro del mundo y podemos buscar entornos amigables para la lactancia en estas fiestas, donde podamos sentirnos acompañadas, comprendidas y no presionadas a dar esa pacha -que no nos convence- para poder tomar más de la cuenta como todos los demás (reitero, no es necesario tomar para pasarla bien), ni juzgadas si se nos antoja un vinito o una cerveza fría en esta Navidad (que parece Semana Santa, por cierto). Confía en tu intuición de mamá para tomar decisiones y rara vez te equivocarás.

Amamantar no debe ser un martirio, un sacrificio ni un motivo de aislamiento; por el contrario, puede disfrutarse y vivirse mejor y por más tiempo cuando se integra a la vida cotidiana y con el apoyo del medio que nos rodea. De ninguna manera quiero alentar el consumo de alcohol; más bien, quiero alentar la crianza feliz y basada en decisiones informadas y razonadas -no basadas en la presión, la culpa y la crítica de otros (que probablemente no saben nada del tema). Tu lactancia es tuya; infórmate, piensa y decide.

Cuando alguien te pregunte, ahora ya sabes qué contestar.

Felices fiestas y, ¡salud!

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.