Ser Mamá en Guate

MIS RÓTULOS Y YO

Cuando yo era niña, siempre viví en una colonia cerrada donde había muchos niños; salíamos a jugar casi todas las tardes y la pasábamos felices. Gran parte de la alegría de mi niñez era pasar las tardes afuera sin peligro. Además, en esa época la carga de tareas del colegio era bastante razonable. No recuerdo tener que decir “no puedo salir porque estoy haciendo deberes” hasta finales de la primaria, cuando tenía que ponerle mucho empeño a Estudios Sociales porque siempre he sido malísima con las fechas y, por alguna razón, les encantaba que nos aprendiéramos el año y el día en que a Cristóbal Colón le salió su primera cana.

Cuando mi esposo y yo nos casamos, tomamos la decisión de mudarnos a un lugar con muchos niños. Valeria adora a sus amigos del condominio y prefiere jugar con ellos antes que casi cualquier otra actividad de la vida. Y me encanta verla tan feliz, peeeeero… ni les cuento la tocadera de timbres. Supongo que todas las mamás aquí residentes pensamos lo mismo al respecto, sobre todo quienes tenemos timbres tan escandalosos como el mío, de esos de antaño que te hacen brincar cada vez que suenan. Y sabemos que los niños no comprenden que el timbre se toca una sola vez.

Y es aquí donde entra la explicación del título de este post, Mis rótulos y yo. Cuando nació Catalina, se me ocurrió que mi pobre bebé iba a despertarse ochenta veces al día, cada vez que algún amiguito de Valeria tocara el timbre para invitarla a jugar. Entonces, tuve la idea de hacer un rótulo para mi puerta que decía Shhh… bebé durmiendo. No toques el timbre, toca la puerta. Santo remedio. Funcionó de maravilla, tanto que lo dejé ahí puesto seis meses y surtió el efecto que esperaba.

Pues ahora tengo que recurrir a mis rótulos una vez más. Valeria es una niña chispudísima, inteligente y muy creativa, pero eso mismo hace que su mente vuele a cualquier lugar y se distraiga fácilmente. El tiempo que dedica a planificar sus actividades con sus amigos, o que dedica a estar pendiente de quién viene a tocar el timbre para buscarla y salir a jugar, es tiempo que su mente pasa lejos de las tareas del colegio. A veces se tarda siglos en tareas que, si mucho, tomarían veinte minutos. Mientras negocia, regatea, divaga, procastina e intenta hacer cualquier cosa menos sentarse a estudiar, pasa el tiempo y las tardes se vuelven un jala-y-empuja que saca de onda a cualquiera. Yo entiendo que la carga académica de ahora está a años luz de la que teníamos nosotros, pero bueno… hay responsabilidades, y quiero que mi hija comprenda que hay un momento para cada cosa.

Si bien nunca aprendí a diseñar más allá que en Publisher y hasta en Power Point (ahorita más de alguna diseñadora que esté leyendo esto debe querer darme una patadita), me salen mis cosas chileras de vez en cuando. Y entonces aquí les dejo el rótulo que hice para colgar en la puerta, con la esperanza de que Valeria pueda dedicarse a sus tareas sin estar más pendiente de quién toca el timbre. Muchas pensarán que es una medida extrema o incluso ridícula (sí, mi esposo me lo dijo jajaja), pero tengo que encontrar formas de equilibrar nuestras tardes para no enloquecer. A nadie le cae mal simplificarse la existencia y vivir en paz.

Si a alguna le sirve, hay dos opciones para descargar en PDF para imprimirla en casa. Yo laminé mis rótulos para que duren un poco más.

DOWNLOAD.SMG.PUERTA.ROSA

DOWNLOAD.SMG.PUERTA.AZUL

¿Divinos o no? Úsenlos y me cuentan si no son la maravilla.

xoxoxo,

Natalia

 

 

 

Filed under: Ser Mamá en Guate

by

Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.