Lifestyle, Ser Mamá en Guate
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Escobazos a Cupido

Cuando conocí a mi esposo, fue un clic ÉPICO. Nuestra primera salida fue a una discoteca (¿todavía es cool decir “discoteca”? ¿todavía existen las discotecas en Guate?), nos fuimos de ahí para poder platicar… y no paramos sino hasta las 3 de la mañana, evitando la ley seca y buscando lugares donde poder hablar sin quedarnos afónicos. Yendo de lugar en lugar, la música que él ponía en el carro para “probarme” solamente me hacía cantar y cantar y cantar. Hablamos de caricaturas, películas, cultura pop, comida, pero lo más importante siempre fue la música. Y bueno, no es que yo sea una eminencia musical, pero como les he dicho en varias ocasiones, me sé demasiadas canciones. Además, me puede ENCANTAR el glam rock de los ochenta (en general la música de los ochenta y los hombres de pelo largo) y ahí encontramos terreno en común. Clic. No volví a ver hacia atrás. Y de eso hace casi quince años.

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Recuerdo nuestro primer Día del Cariño: pedí un plato enorme de sushi y lo invité a mi casa a cenar para luego quedarnos en la sala platicando por horas; él me presentó su grupo favorito y supongo que pasé la prueba, porque no quise arrancarle la cabeza y tirársela al equipo de sonido, sino que me gustó y pudimos escuchar el disco entero. Qué suerte la suya de encontrar a una persona que pudo escuchar (¡y disfrutar!) un disco entero de Dream Theater con sus canciones eternas de trece minutos. En honor de la honestidad, les cuento que aunque no es música que pondría durante el tráfico en mi carro, hay un par de canciones que me encantan y hasta fui al concierto cuando vinieron a Guate.

Les cuento todo esto porque leí el artículo del New York Times “To fall in love with anyone, do this” (Para enamorarte de cualquiera, haz esto), donde la autora describe el estudio del psicólogo Arthur Aron, que propone que cualquier persona puede enamorarse de otra mediante el ejercicio de responder a 36 preguntas, cada una más personal que la anterior, y terminar mirando fijamente a los ojos de la otra persona por cuatro minutos. Y bueno, pues yo creo que hay más tela que cortar… la química, esa conexión energética, y aceptémoslo: lo físico tiene también un poco qué ver.  Nuestra pareja tiene que tener allllllgo que nos guste, así sean los ojos, las pestañas, la boca o las manos.

A lo que voy con todo esto es: el estudio de Aron concluye que llegamos a enamorarnos de alguien cuando nos gusta lo que conocemos íntimamente, eso que guarda sólo para un número reducido de personas y que nos hace sentir una conexión profunda hablando, preguntando, escarbando la mente y el corazón de nuestra pareja. Y con el paso del tiempo, especialmente después de casados y más aún después de tener un bebé, cuesta encontrar tiempo para eso. No sé ustedes, pero a pesar de que me encantaría quedarme hablando con mi esposo hasta las tres de la mañana, la mayoría de las noches con suerte llego a ver el inicio de Jimmy Kimmel a las 10:30 pm y muchas veces me quedo dormida con la cabeza recostada en sus piernas. Además, después del embarazo mi lapso de atención quedó reducido al de una mosca y me cuesta miles hilar mis ideas en una conversación (por eso escribo en un blog, jajaja).

Así que… resulta que hay un App con esas treinta y seis preguntas (hay un App para todo, ¿verdad?) y se trata de sentarse en un lugar tranquilo y hacerse esas preguntas el uno al otro. En teoría, puede hacerse en un par de horas y termina con verse fijamente a los ojos por cuatro minutos. Aquí están los links para descargarlo (actualmente sólo está disponible en inglés):

Apple

Android

Me parece fascinante y es la actividad que tengo planeada para el viernes como celebración del Día del Cariño con mi esposo; a ver si logramos recrear esa magia de nuestro primer 14 de febrero. Ahí les cuento… ¿alguien más se anima?

Edith

 

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.

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