Embarazo, Me Contó un Pajarito, Posparto, Ser Mamá en Guate
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ME CONTÓ UN PAJARITO: Tu parto no fue como soñaste

ME CONTÓ UN PAJARITO es una sección en la que presentamos situaciones difíciles y cómo éstas fueron resueltas por mamás como nosotras, escritas de manera anónima (si lo desean), y sobre todo respetuosa. Pueden tocarse temas sensibles; se recomienda discreción.

Esta es la historia de Isabela y de muchas mujeres. Por favor compártela.

Como parte de un proceso de sanación personal y liberación de sentimientos y emociones que me han acompañado ya durante seis meses, decidí escribir mi historia, la historia de cómo mi hijo vino al mundo. Sin intención de crear conflicto o discusión, lo escribo por mí y para mí. Si de alguna forma mi historia puede ayudar a otras mujeres, será un agregado.

Durante mi embarazo, que fue perfecto, decidí informarme sobre qué era lo mejor para mi bebé y para mí, sobre cómo podía beneficiar su llegada al mundo y qué debía hacer para tener un parto natural. En fin, investigué todo. Fue en mi investigación que descubrí cómo muchas mujeres embarazadas han sido violentadas en sus partos/cesáreas. Descubrí que existe algo que se conoce como violencia obstétrica. Vi muchísimos documentales y me propuse desde un inicio expresar cuáles eran mis deseos a mis médicos para que se diera el parto que yo deseaba.

Seleccioné al mejor doctor, al más recomendado. Fui a todas mis consultas, y desde la primera cita expresé el deseo de querer tener un parto vaginal. Ahora que lo pienso, mi doctor no era un doctor “pro-parto vaginal”. En esa primera consulta me enseñó un libro con imágenes que mostraban por qué el parto vaginal era riesgoso. A pesar de eso, me dijo que él iba a apoyar mi decisión y me iba a permitir tener el parto que yo deseaba. Mis palabras fueron, quiero tener un parto respetado. Poder expresar esto a mi doctor no fue fácil. Cuando yo hablaba con personas y les decía quién era mi doctor, su respuesta siempre era seguro vas a ser cesárea; era algo que ya todas sabían, que el doctor era conocido por su alta tasa de cesáreas.

Decidí entonces investigar aún más y recurrí a una doula. Inicié mi preparación para el parto con mi doula y fue con ella con quien encontré fuerza para expresar a mi doctor mis deseos de forma clara. Es increíble pensar que tuve que practicar para expresar cómo decir lo que yo quería; tenía miedo de preguntar si tener un parto natural iba a ser un problema para él. Encontré mi voz, y con el apoyo total de mi esposo fuimos a la consulta y dijimos qué era lo que queríamos.

Cuando le consulté por qué las cesáreas eran tan comunes con él, su respuesta fue que la alta incidencia de cesáreas se debía a que eso es lo que las mujeres llegan a pedir al consultorio. Claro, muchísimas mujeres quieren tener una cesárea; yo entendí eso y se me aseguró que si yo no deseaba una cesárea, no debía preocuparme, pues se iba a respetar mi plan.

Hice mi plan de parto; establecí lo que quería y no quería que pasara el día que naciera mi bebé. Le mostré el plan de parto al doctor y, ahora que lo pienso y recuerdo sus expresiones, me doy cuenta de que su carisma y personalidad me impidieron ver la realidad del asunto. Me cegué, pues él me hacía sentir que estaba de mi lado, que respetaba mi decisión de tener un parto natural y de tener a mi doula presente. Me sentí siempre segura de que se iba a lograr mi objetivo y de que mi bebé iba a venir al mundo de la forma más beneficiosa y amorosa para él.

No digo que nacer por cesárea sea malo; no estoy diciendo que las cesáreas sean malas. Simplemente estoy diciendo que para mí, no era la mejor opción.

El doctor siempre muy amable, muy respetuoso, carismático, alegre. Sentía, y lo digo nuevamente, que él estaba de mi lado.
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A lo largo de mi vida mucha gente me ha llamado Isabel, pero mi nombre es Isabela. Cuando alguien me dice Isabel, inmediatamente le corrijo porque no me identifico con ese nombre y me gusta que me digan mi nombre tal como es. El doctor siempre me dijo Isabel. Lo corregí una vez y después, por respeto, dejé de hacerlo. ¿En qué momento los médicos se convierten en dioses a los cuales les dejamos pasar todo? No me atrevía a corregirle mi propio nombre. ¿En qué momento me fui haciendo tan chiquita y fui perdiendo mi voz? No sé, pues en ese instante no lo vi como lo veo ahora; no vi que, de forma muy pasiva/agresiva o de forma inconsciente, el doctor fue quitándome mi voz al endulzarme el oído.

En fin, llegó el día. Semana 38, jueves. Fuimos a la consulta porque mi esposo salía de viaje ese día y queríamos asegurarnos de que no habría riesgo de iniciar labor de parto para que pudiera irse tranquilo. El doctor me hizo un ultrasonido y nos dijo que todo estaba en orden, que faltaba todavía un par de semanas más y que estuviéramos tranquilos pues no había posibilidad de iniciar labor de parto. Eso sí, me dijo que me quedara en cama, que no hiciera esfuerzo y que estuviera tranquila.

Mi esposo se fue esa noche. El viernes 7 de agosto fui a un almuerzo, supuse, no hay riesgo de ir a estar sentada. Total, el doctor me había dicho que no estaba en riesgo de iniciar trabajo de parto. Durante el almuerzo comencé a tener una descarga de líquido amniótico. Llamé al doctor inmediatamente y lo primero que me dijo fue, ¿por qué salió? Le dije que se quedara en su casa. Una mujer embarazada en la semana 38 no es una mujer enferma que debe estar en cama, más aún cuando el embarazo ha sido sano y perfecto.

Llegué a la consulta. Eran las cinco; el doctor ya había cerrado su clínica y solamente me estaba esperando a mí. Luego de revisarme me dijo que, efectivamente, estaba iniciando labor de parto. Me comentó que él tenía planes para irse a la playa y se mostraba molesto pues esos planes se habían estropeado. No podía creer que iba a empezar mi trabajo de parto y mi esposo no estaba conmigo. Él tramitó su regreso, pero el sábado a las tres de la tarde era lo más rápido que podía regresar desde donde estaba.

Con emoción y felicidad enormes me fui a mi casa, llamé a mi doula y esperé. Mi mamá, mi hermana y mi doula estuvieron conmigo y tuve un trabajo de parto muy bonito. Al mismo tiempo, me sentía triste de que mi esposo no estuviera, pues él sabía todo lo que teníamos planeado hacer durante el trabajo de parto; él sabía en qué momento íbamos a ir al hospital y sabía qué decir a los médicos estando ahí. Él iba a ser mi voz si yo no la encontraba.

Ocho horas después de estar en trabajo de parto en mi casa, decidí ir al hospital. Creo que fue la peor decisión que pude haber tomado, pero en ese momento sentí que era lo correcto. Al no estar mi esposo conmigo, decidí que era lo mejor para tener algún control.

Al llegar al hospital recibí un trato terrible. Inmediatamente me iniciaron una vía intravenosa, a pesar de que yo supuestamente no iba a recibir oxitocina ni suero. Pedí que no me la pusieran pero mis deseos fueron ignorados. Me conectaron a una máquina porque, según dijeron, necesitaban realizar un monitoreo fetal. Cuando una mujer está en trabajo de parto, con contracciones, lo mejor es estar en movimiento, pero con un monitoreo fetal fijo es imposible moverse. El dolor era intenso y al preguntar cuánto faltaba para terminar el monitoreo, la respuesta que recibí fue apenas lleva un minuto, faltan 20. Si se mueve tenemos que empezar otra vez.

Cero empatía, cero humanidad. Yo era un trozo y dejé de importar. Luego de ese terrible monitoreo fui a mi habitación a continuar con mi trabajo de parto.

Tenía contracciones regulares aproximadamente cada 15 minutos. Dieron las nueve de la mañana y mi tía y prima llegaron a acompañarme. Me sentía feliz y emocionada. A pesar del dolor y de las contracciones, tenía mucha ilusión de que todo estuviera caminando en orden. Aproximadamente a las 9:10 rompí fuente naturalmente; esto para mí fue la mejor noticia, pues significaba que iba progresando. Lastimosamente, no sabía que en ese momento todo iba a cambiar e iba a convertirse en una pesadilla.
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Le avisé al doctor que rompí fuente. Inmediatamente llegó y con mucha prisa. Quería hacer un tacto para revisar el progreso del trabajo de parto; me conectaron nuevamente al monitor fetal, en posición litotómica (acostada boca arriba). Curiosamente, durante el embarazo los médicos recomiendan no acostarse en esa posición pues no hay oxigenación óptima para el bebé, y recomiendan acostarse sobre el lado izquierdo. Aparentemente en el hospital sucede lo contrario.

El doctor carismático y amable que yo conocía no fue el doctor que entró a mi habitación. El doctor que entró tenía prisa y era evidente que para él yo era un estorbo, un problema. Su amabilidad y respeto dejaron de existir hacia mí. Me hizo un tacto y la forma en la que se dirigió a la enfermera para indicarle que iba a hacerlo fue vulgar. No esperó a que me pasara la contracción para realizarlo; sin avisarme, sin decirme nada, inició y yo nunca me sentí tan invadida como en ese momento. El tacto fue rapidísimo y luego me dijo que ya no podía continuar en trabajo de parto porque mi bebé estaba teniendo taquicardia. Por supuesto que mi bebé tenía taquicardia; yo acostada boca arriba, con contracciones, durante un tacto, con mi corazón acelerado… era de esperase que mi bebé tuviera poca oxigenación.

Dije que si lo monitoreaban conmigo en otra posición se darían cuenta de que este no era el caso. Mi opinión, por supuesto, no importó. Iban a hacerme una cesárea y no había nada que yo pudiera decir o hacer al respecto.

El doctor informó a toda mi familia que estaba fuera de mi habitación cómo iba a proceder sin haber hablado conmigo antes. No existió confidencialidad médico/paciente. Antes de yo saber que él iba a practicarme una cesárea, ya les había dicho a mis familiares que, de no ser así, mi bebé podía morir. Entró al cuarto conmigo y me dijo yo nunca he traído un niño muerto al mundo; no quiero que el tuyo sea el primero.

Efectivamente, me practicaron una cesárea. El médico se fue a las diez de la mañana a su viaje –que yo, por cierto, había estropeado con mi parto. Regresó el domingo en la noche bronceado y feliz. Yo fui su paciente “difícil” y necia que atrasé todos sus planes del fin de semana.

Fuera necesario o no, por supuesto que yo iba a hacer lo que me dijeran. Si era sacar a mi bebé por la nariz, lo habría hecho. Nuevamente digo, no estoy en contra de las cesáreas. Creo que es la mejor opción cuando hay situaciones de riesgo que lo ameritan.

Si mi cesárea fue o no necesaria, no es el punto. El punto es que se me dio un trato terrible; fui tratada como si no importara y me dijeron que mi bebé iba a morir. ¿Cómo es posible que se pierda de esa forma el lado humano y se trate tan mal a una mujer que está pasando por lo que debería ser la mejor experiencia de su vida, cuando va a conocer al ser más amado y deseado durante nueve meses y una vida entera antes? ¿En qué momento los doctores pueden tratarnos así y nosotras permitirlo sin decir nada, sin tener voz, sin exigir respeto? Si contara todo esto con más detalle, posiblemente no terminaría de escribir nunca.

Sí, mi bebé esta 100% sano. Sí, yo estoy sana. Tuve una recuperación terrible y seis meses después todavía siento dolor. Pero lo que todos dicen es lo más importante es que tu bebé está bien, y que tú estás bien. Sí, eso es lo más importante, pero yo no estoy bien. Yo he tenido que callarme la boca y poner cara linda. Calladita más bonita. Pero yo no estoy bien, y no he estado bien durante seis meses. Decidí estar feliz con mi bebé y ser la mejor mamá que puedo ser versus deprimirme y sufrir en voz alta.
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De cierta manera, si yo no saco lo que llevo en el corazón, no puedo estar completamente bien. He tenido que callar el sentimiento de haber perdido una experiencia que deseaba con todo mi ser; de haber perdido la oportunidad de cargar a mi bebé inmediatamente después de nacido, de haber perdido esos primeros segundos con él. De que mi cuerpo está mutilado y de haber perdido una parte de mí, pues todo lo que sucedió fue precisamente lo que yo no quería que sucediera. He tenido que callar el sentimiento de que perdí mi voz y atravesar un proceso de duelo por esa pérdida. Ahora siento que estoy mejor y más tranquila para dejarlo ir, y es por eso que escribo esto; para cerrar ese capítulo, para poder decir que no estuvo bien la forma en la que se manejó mi situación.

Denuncio la deshumanización por parte de los médicos. Denuncio el hecho de que se considere correcto tratar de esa forma a una mujer parturienta. Estoy segura de que si el trato hacia mí hubiese sido respetuoso y amable, mi cesárea habría sido linda y perfecta como han sido muchas cesáreas de muchas mujeres que conozco. Lamentablemente ese no fue el caso.

¿Por qué los médicos deciden ser ginecólogos/obstetras si no están dispuestos a atender partos los fines de semana? ¿Por qué sus planes son más importantes que los míos? Y la pregunta más difícil, ¿por qué no me dijo que no quería atender un parto natural (sin oxitocina, sin epidural, con tiempo suficiente)? ¿Por qué no me dijo que él podía atender un parto vaginal pero a su manera? Yo habría respetado su postura y habría buscado a alguien más que pudiera responder a mis necesidades.

En fin, esta es mi historia. Al escribirla reviven muchos sentimientos, pero me ayuda a sentirme liberada. No la escribí para generar crítica ni controversia. Si no están de acuerdo con lo que yo pienso, están en su derecho, pero yo también tengo derecho de expresarme y de sentir lo que he sentido. Gracias a Dios y a la gente que me ha apoyado, a la gente que me ha dado su comprensión y ha tenido empatía conmigo, lo he superado poco a poco, aceptándolo como parte de mi historia y como algo que debía suceder para hacerme mejor y más fuerte.

Isabela

¿Tienes una historia que te gustaría compartir? Puedes escribirnos a info@sermamaenguate.com. Como parte de esta tribu, nos comprometemos a guardar tu confidencialidad y a cuidar tus asuntos como tesoros. -Natalia y Edith

4 Comments

  1. Gracias Isabela por publicar tu historia! Sere mama primeriza en el 2016 y tu experiencia me abrio los ojos a otras posibilidades de parto. A dejar escuchar mi voz y a expresar lo que considero mejor para mi y para mi hijo. No calles tu voz! Seras inspiracion para muchas mujeres que se han sentido vulneradas en el parto. Tienes razon, no debemos de ser victimas de las practicas medicas solo porque son aceptadas, se han vuelto costumbre o porque otras mujeres las hayan callado cuando se sintieron igual que tu.

  2. Heidy de Galicia says

    Lamento mucho tu experiencia tan desagradable en el que debió ser el mejor día de tu vida. Yo también otras circunstancias fui tratada sin respeto por *mi medico*. conozco perfectamente la cólera que se siente cuando después del shock que te causa la situación, empiezas a pensar… por que no le conteste?… por que llore y me quede callada en lugar de ponerlo en su lugar?… espero que escribir al respecto te libere un poco de esa frustración y puedas disfrutar tu maternidad como lo mereces

  3. Anonimo says

    En mi caso tampoco tuve un parto demasiado respetado, aunque al menos no fue por parte de los médicos sino de la matrona y las “estudiantes de prácticas”. Mi parto, tras 5 dias de contracciones dolorosas, acabó en cesarea aunque en mi caso fue por perdida de bienestar fetal. Pero no es la cesarea lo que me traumatizó, sino las 11horas que pasé en el paritorio, dilatando y empujando! Estaba asustada, la matrona era una borde que “tenia mejores cosas que hacer”, ni me escuchaban ni me explicaban nada. Solo entraban, hablaban entre ellos como si yo no estuviese y se iban. Como dices, tacto por aqui y por alli sin avisar, tumbada aunque yo queria estar reclinada; queria parir en posicion vertical y no me dejaron ni intentarlo; no me dejaron moverme y lo peor, que aunque habia dejado clarisimo que no queria la maniobra de Kristeller, me la practicaron sin mi consentimiento, causandome una ligera lesion! Como resultado de esa experiencia horrible sumada a un aborto previo no superado, tuve depresion post-parto durante 14 meses….14 meses de soledad, llantos, no sentir ninguna conexion con mi bebé, desear no haber sido madre nunca….Ya esta todo superado y mi bebe es lo mejor que me ha pasado. Pero eso es ahora!! Y aun asi, esos recuerdos horrorosos permanecen en mi mente y lo revivo cuando cierro los ojos.

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