Maternidad y Crianza, Me Contó un Pajarito, Ser Mamá en Guate

ME CONTÓ UN PAJARITO: ¡Todos están invitados a la piñata! (Menos tu hija)

Con este post inauguramos la sección de “ME CONTÓ UN PAJARITO,” en la que queremos presentar situaciones difíciles en la crianza y cómo éstas fueron resueltas por mamás como nosotras, escritas de manera anónima y sobre todo respetuosa para no herir susceptibilidades. Aceptémoslo: Guate es un pañuelo y a nadie le gusta pregonar las intimidades de sus hijos, sobre todo porque las situaciones difíciles a veces requieren soluciones difíciles (y probablemente poco populares), y las mamás no somos precisamente las más amables cuando saltamos a juzgar a las demás. Sin embargo, todas podemos aprender de la forma en que otras personas resuelven sus problemas -problemas que no nos gusta comentar más allá de nuestro círculo de confianza (personas que muy probablemente piensan igual que nosotros). ¿Tienes una situación difícil que hayas solucionado y que te gustaría compartir? Puedes escribirnos a sermamaengt@gmail.com*. Como parte de esta tribu, nos comprometemos a guardar tu confidencialidad y a cuidar tus asuntos como tesoros.

Ana nos cuenta:

Como mamá, me ha tocado consolar, escuchar sollozos y secar lágrimas. ¿Qué hago? ¿Qué le digo? ¿Con quién remato? ¿¡Y ahora!? Fueron preguntas que me hacía, mientras escuchaba a Emma**, mi hija (en ese entonces de seis años), contarme que no había sido invitada a una fiesta de cumpleaños. En dos ocasiones pasé ese mal trago y la premisa era la misma: una fiesta de cumpleaños a la cual mi hija no había sido requerida. Lo curioso es que el resultado en ambas ocasiones fue diferente y ahora que lo pienso fue por estas razones: 1. La química que existe entre los niños y 2. La química que existe entre las mamás. Sí… las mamás. Ahora les cuento uno de los dos escenarios.

Emma jugaba con cinco amigas más, entre ellas Brenda*. Brenda es una líder nata y de carácter fuerte. Emma, por otro lado, es práctica (a veces demasiado), testaruda y noble.  Brenda constantemente se hacía presente en conversaciones en la casa, en el carro, en juegos frustrados y enojos. Cuándo le pregunté a Emma quién era Brenda su respuesta fue: ¡Mi mejor amiga! Me sorprendió pues a mis 37 años no tengo mejor amiga; tengo varias amigas, pero no hay una “mejor” que la otra. Pues así transcurrieron los días, con más quejas sobre Brenda pero seguían jugando juntas; raro, pensé, pero lo dejé pasar.

Hasta que un día, cuando la llegué a traer al colegio, vi su carita, esa carita que las mamás conocemos, la que hacen nuestros hijos cuando están a punto de llorar… y llorar duro.  Eso pasó. Lágrimas, mocos, llanto y palabras entrecortadas para explicarme que todo su grupo de amigas había sido invitado para jugar en la casa de Brenda, todas menos Emma.  La parte que hasta el día de hoy me conmueve fue la lección que recibió mi hija; vio a todas sus amigas subirse a un carro haciendo planes de juegos, cantando, riendo y (no exagero en esta parte) Emma se quedó sentada en las gradas del colegio viendo cómo sus amigas se desvanecían a la distancia.

Lo primero que pensé fue: ¡¿Cómo pudo la mamá de Brenda dejar fuera a mi “bebé” sabiendo que son un grupo de amigas?! Así lo pensé, con ese tono alarmista y exagerado. Escuché a Emma y gracias a la iluminación del Espíritu Santo y al montón de libros y blogs que leí sobre cómo criar hijas, recordé una parte: ‘las mujeres necesitamos que se nos reconozcan nuestros sentimientos’. Lo hice; sólo le repetía:  Entiendo que te sintás así de triste, tenés razón de llorar, a veces llorar es bueno, desahogate tranquila, y un montón de etcéteras más, funcionó. Se logró tranquilizar.

Yo era otra cosa, estaba enojada y seguía haciéndome la misma pregunta: ¡¿Cómo pudieron dejarla fuera?!  Gracias a Dios por la objetividad de los hombres (en este caso mi esposo), que me dijo “ellas están en todo su derecho de invitar a quienes quieran a su fiesta y a su casa”.  Lo entendí, no tan rápido como quería, pero lo entendí.

¿Cómo se lo explicamos a Emma? Lo hicimos con la verdad, con palabras claras y sin pintarlo de otros colores. Esa noche le hablamos los dos, le explicamos que Brenda no tenía obligación de invitarla, aunque uno crea lo contrario y sobre todo le explicamos que quedarnos fuera de algo nos pasa a todos, a niños y adultos. Esa noche comprendí que los niños no les dan tantas vueltas a la cosas; si se les habla sencillo y con la verdad, lo entienden y siguen adelante.

Yo cambié, fui más atenta al ver su relación con Brenda, observé que seguían las frustraciones y comentarios negativos, fue fácil darme cuenta que Brenda no se llevaba nada bien con Emma. Lo acepto, también empecé a ponerle más atención a la mamá de Brenda. Me di cuenta de que éramos diferentes, ninguna mejor mamá que la otra, pero sí muy diferentes. Aparte de haber escogido el mismo colegio para nuestros hijos, no teníamos la misma filosofía de ser mamá.

Un par de meses después, llegó el momento de organizarle una pequeña reunión a Emma. Lo hice con la intención de que ampliara sus amistades fuera de ese grupo que ya se había formado y busqué amigas que se parecieran un poco más a Emma. Fue trabajo para mí, sobre todo porque no soy la mamá más sociable ni platicadora del colegio. Hice una pequeña lista de amigas, se la presenté a Emma y aceptó feliz; estaba tan emocionada por su reunión que si le hubiera dicho ¡también viene El Cadejo! habría aceptado gozosa. Cuándo le pregunté si quería agregar a alguien más, sin dudarlo me dijo: ¡Brenda!

No dije nada y apunté su nombre en la lista.

Quiero contarles que fui un adulto maduro y que, a pesar de que se llevaban tan mal y la relación era hostil, educadamente invitamos a Brenda.

Eh, no, ni cerca, no pasó eso.

Tuve ante mí la oportunidad de enseñarle a Emma otra lección, una lección muy temprana para ella, con la cual sin duda todas nos vamos a enfrentar en distintas etapas de nuestros hijos: ¿Qué es ser amigo?, y más importante, ¿Quiénes son tus amigos? Qué difícil contestarlo, sobre todo en el lenguaje de nuestros hijos de 7, 8, 9 años o más, donde ya no son tan inocentes, pero sí prácticos; ya no viven en un mundo de fantasía pero, al mismo tiempo, se lo creen todo. Con Emma utilizamos el enfoque de que la amistad es de dos vías: se da pero al mismo tiempo se recibe. Fuimos claros con ejemplos que le habían sucedido: amigo es alguien que no te saca del juego por nada, alguien que te permite jugar los días que querrás con ellos (Brenda tenía horario de los días que podía Emma jugar con ella), alguien que cuando dejás tu lonchera está dispuesto a compartir su sándwich de Nutella, alguien que te hace reír más de lo que te hace llorar, alguien que le va a rogar a su mami que por favor te deje invitarlo a su fiesta…

Luego de explicarle y sin rodeos le pregunté,

¿Tú crees que Brenda es tu mejor amiga?

No, mami, es mi amiga pero no es mi “mejor” amiga.

¿Realmente la quieres invitar a tu reunión?

Mmmm… mejor en otra ocasión.

Aliviada, vi que entendió la diferencia.  Le explicamos que cuando algo no nos gusta, nos molesta o incomoda está bien alejarnos; una psicóloga nos explicó que ese “alejarnos” es real, es físico. Es, literalmente, moverse tres pasos lejos de la persona que nos está haciendo sentir incómodos. No es atacar, no es hacer sentir mal; es movernos. Y esa fue nuestra forma de darle control sobre sus amistades.

La pregunta que siempre me hacen cada vez que cuento esta historia es: ¡¿LES FUNCIONÓ?! Sí, totalmente. Eso fue hace tres años; Emma ahora tiene 9 años, está en tercero primaria, sigue en el mismo colegio con Brenda y ambas tienen grupos de amigas diferentes, ambas con amistades sólidas y sobre todo afines a ellas. Emma con la técnica de moverse tres pasos, aprendió a ser evitada, a estar donde ella realmente quiere estar, incluso la he escuchado decir “…yo no me meto en esos problemas”. En el fondo me río y pienso: Aprendimos.

 

*  Nos reservamos el derecho de seleccionar las historias publicadas, de acuerdo a nuestros estatutos internos y código de ética.

**Los nombres han sido modificados para respetar la privacidad de las niñas.

¿Tienes una situación difícil que hayas solucionado y que te gustaría compartir? Puedes escribirnos a info@sermamaenguate.com. Como parte de esta tribu, nos comprometemos a guardar tu confidencialidad y a cuidar tus asuntos como tesoros.