Lifestyle, Maternidad y Crianza
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Family in a Box

Últimamente mi preocupación ha sido buscar actividades que podamos hacer mi esposo y yo con Fabián y así compartir en familia, de preferencia que no involucre irnos a pasear a un centro comercial (aunque sea al aire libre, como Cayalá). Es difícil en un país tan inseguro como Guatemala en el que la paranoia es una compañera constante y que nos da miedo hasta salir a pasear al chucho.

Mi esposo practica crossfit desde hace muchos años y todas las esposas de crossfiteros sabemos que primero viene el crossfit, luego el crossfit y después toooodo lo demás. Y ni hablemos del famoso Open, que es una competencia a nivel mundial en el que cada semana se publica un nuevo entreno (WOD, Workout Of the Day) y quienes se inscriben tienen la oportunidad de hacer estos entrenos, subir sus resultados a los leaderboards online, comparar sus resultados con los demás participantes a nivel mundial e incluso clasificar para llegar a los Regionals para luego ir a competir a los Crossfit Games, algo así como el mundial de crossfit y que se transmite en vivo. En fin, llevo ya varios años en esto y ya sé que durante el mes del Open desayunaré, almorzaré y cenaré crossfit con acompañamiento de leaderboards.

Hace unas cuantas semanas decidí acompañar a mi esposo a su box (no son gimnasios, son boxes), ya que he visto que muchos de los atletas profesionales entrenan mientras sus hijos los ven y me parece algo genial que Fabián aprenda que el ejercicio es parte de un estilo de vida sano: yo me encargo de la comida, papa del ejercicio (jajaja… *snif*).

Mi esposo estaba algo aprehensivo, pensando que tal vez se podía golpear o que le iba a caer un disco de las pesas encima… no sé, esas catástrofes que uno de papá primerizo piensa que pueden suceder, pero yo decidí llevármelo de todas formas. ¡Fue como entrar a un playground gigantesco! Se la pasó jugando con las pesas, medicine balls, colchonetas, lazos para escalar, argollas, remos, se tiró al suelo a jugar, en fin… diversión sin fin.

La sorpresa fue que el box parecía guardería. Muchas mamás con bebés desde 2 meses hasta niños ya de primaria, estaban ahí apoyando a sus parejas.

Además, sobraban las manos para entretener a Fabián, todo era juguete, todo era una oportunidad para explorar. Ahí nos encontramos a nuestra Pequeña Foodie, quien aprovechó a demostrar su flexibilidad (yo he hecho yoga y no logro hacer esa postura, sólo me acalambro).

Cuando llegamos a la casa, con Fabián chapudo, shuco y despeinado, me di cuenta que nos quebramos la cabeza buscando actividades fuera de lo común para compartir con nuestros hijos cuando las que más nos gozamos son esas actividades que consideramos rutinarias, pero que toman otro significado cuando las compartimos con ellos. Mi esposo estaba feliz y yo quedé con ganas de regresar al box sólo para ver a mi bebé empujando una barra con 50 lb a los lados, y claro, apoyar a mi crossfitero favorito. Como les conté con mi post de la piscinita de Q90, a veces las cosas más sencillas son las que más disfrutamos.

-Edith

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.

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