Baby Led Weaning, Chef Mom
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MI CAMINO HACIA BLW

A diferencia de Natalia, yo no hice BLW con Fabián desde qué empezó a comer. La verdad, sí conocía el término y en qué consistía el método, pero me ganó la emoción por usar las cucharitas de plata que fueron mías (y que mi mamá me entregó pulidas y con lágrimas en los ojos) y, como chef, me encantaba la idea de probar hacer todas esas papillas orgánicas y de combinaciones exóticas. ¿Quinoa con nectarina y curry?  Claro que sí, mi bebé sería un bebé gourmet, con paladar sofisticado y amante del queso camembert.

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Compré mi cereal orgánico de arroz y bajé unas 25 recetas para papillas para diferentes edades. Arveja con menta, banano con aguacate, güicoy mantequilla con nuez moscada; luego cuando introduje carnes: pollo con zuchini, manzana verde y espinaca, albóndigas de lomito con quinoa y zanahoria, lentejas en estofado con espinaca y kale, etc., etc. Tengo que decir: se las comía TODITAS. Hasta que un día me cansé. Me cansé del procesador, me cansé de las bolsitas, me cansé de los cubitos congelados y me cansé de pensar con tanta anticipación qué nueva combinación le ofrecería a mi pequeño gourmet. Empecé a darle la comida que había para nosotros, pero eso sí: deshecha con tenedor y siempre con su cucharita de plata. Hasta que otro día, se cansó él.

No me recibía absolutamente nada de lo que le  ofrecía con cuchara e insistía en meter las manos en el plato. Mi mamá  me miraba con cara de susto, especialmente cuando dejó de comer por completo. Hasta que desistí. ¿Quiere meter las manos en los frijoles? Pues que las meta; con tal de que coma, pues ahí limpio. Ahí se acabó el estrés. Mi mamá miraba con los ojos abiertos como platos cómo mi bebé pasó de no comer nada a comerse dos platos seguidos de arroz con pollo, spaghetti con carne, sandwiches de hummus y aguacate, una manzana entera por tiempo de comida y pedir más y más agua. Otra cosa que aprendió muy bien fue a decir “ya” al llenarse y a empujar el plato. Y así se haya repetido o apenas haya tocado el plato, su decisión se respeta y no intento “negociarle” la comida. Los tiempos de comida pasaron de ser estresantes a ser lo que realmente deben ser:  un momento para sentarnos y disfrutar en familia. Poco a poco y por imitación, fue interesándole la cuchara y fue divertido ver el proceso para mejorar su puntería, porque no siempre caía la comida en la boca y eso hacía a Athina inmensamente feliz.

No voy a mentirles, hay días en que come espectacularmente bien y hay días en que sólo acepta las pachas y manzana en cubos, y eso está bien. Aprendí a no preocuparme. Cuando hago un recuento mental de lo que comió en la semana o en la quincena, todo parece balancearse perfectamente. Fabián ha alcanzado sus milestones de desarrollo a tiempo y está bien en peso y talla. A veces extraño esa papada y la pancita de buddha, pero es parte del crecimiento, de ese dejar de ser bebé. Ahora es un maestro en el uso de la cuchara y el tenedor.

A lo que voy con este post, es que nunca es tarde para cambiar de parecer con respecto a las decisiones que tomamos en la crianza de nuestros hijos. Quien logre apegarse a un “método” específico en cualquier aspecto de la crianza, es la excepción y no la regla. La mayoría de nosotras estamos tanteando y usando nuestro mejor criterio para ver qué funciona y qué no funciona para nuestros hijos. Y eso está bien. Aprender a confiar en nuestro instinto y a confiar en nosotras mismas y nuestras decisiones es una habilidad que se adquiere, pero sólo lo logramos si nos informamos bien, investigamos y decidimos arriesgarnos a cambiar algo que a todas luces no nos está funcionando.

Con respecto a mi fantasía del bebé gourmet… Lamento informarles que Fabián come las cosas más básicas y se rehúsa a comer mis platos veganos (a excepción del pastel de lenteja). Si por él fuera, comería frijoles y manzana los tres tiempos de comida. Le fascinan las hilachas que hacen en la casa de mi mamá y les hace fuchi a mis falafel de lenteja. Lo que me consuela es que come fruta como mono y aunque no come medio pedazo de brócoli, el chocolate y los dulces no pueden importarle menos. Aprovecho que ama los panqueques para agregarle ahí zanahoria y avena. En fin, algunas veces se gana, y otras se pierde con dignidad. Y si perder es tener un bebé que pide “má uva” después de terminarse su plato de frijoles con arroz, pues pierdo cualquier día.

Y hay días en que no importa qué tan ricos estén los frijoles, nos gana el sueño.

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-Edith 

 

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.

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