Ser Mamá en Guate
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El sudor de mi frente

Por muchos años, trabajé tiempo completo en diferentes lugares. Hubo un momento de mi maternidad en que trabajaba en tres lugares al mismo tiempo y parecía trompo, pasando mi vida entre trabajo y tráfico. En ese momento no tenía opción; era mamá soltera y tenía gastos que cubrir, además de que nunca me pasó por la mente dejar de trabajar al tener hijos. Era muy joven y tampoco tenía la opción de emprender un negocio propio, o trabajar desde mi casa porque vivía con mis papás y mis hermanos. Y, por qué no decirlo, además de la presión económica, también me sentía presionada a llenar mis horas con trabajo para no ser sólo mamá. Dediqué mucho esfuerzo a graduarme con honores de la Universidad, ¿cómo iba a ser posible querer quedarme con mi hija en la casa?

En algún momento de mi vida equiparé la maternidad con el fracaso laboral o con “no hacer nada”. Tenía la idea de que ser sólo mamá era un desperdicio de talento, o que no había otra alternativa para el éxito más que trabajar en algún lugar importante para ganarme la vida con el sudor de mi frente.

Recuerdo cuando empecé a perderme las actividades de Valeria en el colegio, o cuando se enfermaba. Recuerdo la angustia de tener que buscar a alguien que pudiera reemplazarme, y luego la angustia de sentirme reemplazable. Sé que ella estaba chiquita y no se daba cuenta; siempre logramos coordinarnos para que alguien la acompañara, pero me partía el corazón no estar. Yo sé que no era una tragedia; tenía trabajo y eso era para estar agradecida porque no nos faltaba nada y a ella nunca le faltó amor (los abuelos son una bendición), pero poco a poco me di cuenta de que no era lo que yo quería. Luego me casé y me gustaba la sensación de logro y el sueldo que me permitía hacer un aporte económico fuerte a mi casa. No me arrepiento, pero no logré manejarlo todo; estaba estresada y pasaba demasiado tiempo lejos de mi hija, al punto que empezó a llorar por su niñera y por sus abuelos los fines de semana. Obviamente, prefería estar con ellos que conmigo y me partía el corazón.

Entonces decidí que algo tenía que cambiar. Ahora trabajo desde casa y nos ayuda una niñera caída del cielo que, si no está mi esposo, cuida a mis hijas mientras yo atiendo pacientes en clínica (logré acondicionar un área de mi casa para eso). En cuanto al blog, a veces trabajo con una de las niñas haciendo tareas al lado mío y la otra sentada en mis piernas. A veces trabajo de madrugada o tarde en la noche. No ha sido fácil y hemos tenido que reacomodar muchas cosas en nuestra familia, pero ahí vamos.

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¿Por qué les cuento todo esto? Hace unos días fui con mis hijas a una actividad en un centro comercial; iba bien peinada, con maquillaje decente, perfumada y arreglada porque sabía que iba a haber fotos. Subí todo al carro al mismo tiempo que respondía llamadas y correos y salí volando de mi casa para ir a por Valeria al colegio porque tenía que hablar con la maestra. Ya saben cómo son esas caminatas maratónicas en los colegios que parecen laberintos: el parqueo hasta la Quinta China, gradas y gradas con la bebé encima. Salí del colegio, corrí para llegar al evento a tiempo, bajé todo del carro, subí las gradas eléctricas con Catalina a tuto y la pañalera. Para ese momento, ya era una piltrafa. Empapada en sudor, despeinada -ya saben cómo va la cosa. Me pasa cada vez que salgo con ellas y tengo que estar a tiempo en un lugar. Por más que me organice, siempre pasa algo.

Debo admitir que a veces extraño ir a la oficina, hacer lo mío, trabajar en la computadora de corrido sin alguien a quien perseguir ni el mama-mama-mama-mama-mama de fondo hasta en el baño, despejar mi cabeza y poder hablar con otros adultos todo el día. También terminaba los días agotada, sin ganas de mover un dedo más -regresar del trabajo a ver cosas de la casa implica ooootro nivel de agotamiento- pero el cansancio era distinto. Si alguna vez dije que quedarse en casa con los niños seguramente era fácil, me trago mis palabras mil veces.

Cada cosa tiene sus pros y sus contras. Por supuesto, el tiempo que trabajé en otra parte me dejó excelente experiencia, aprendizaje y trayectoria -y quién sabe, tal vez algún día regrese a eso- pero por ahora elegí reacomodar mi vida, aunque eso me represente menos ingresos o dejar de lado oportunidades que tal vez alguien más puede aprovechar y ser realmente feliz con ellas. Yo elegí la corredera, los flats, las rodillas sucias, los horarios de locura, las madrugadas en la computadora, el multitasking (típica imagen de la mamá con el bebé a la cadera mientras habla por teléfono y escribe en la compu, ¡vaya si no es cierto!), la ansiedad de los proyectos pendientes, el pelo aplastado y la billetera más vacía pero las manos siempre llenas con cosas de mis hijas. La naturaleza de los seres vivos es adaptarse al medio; esta elección me ha vuelto más flexible y creativa para ingeniármelas y me ha permitido probar otras formas más naturales y relajadas de hacer las cosas -desde portear hasta hacer Baby-Led Weaning. Para mí, en este momento ser mamá y trabajar desde mi casa significa más esfuerzo y menos pisto, pero más riqueza.

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Creo que no importa si estamos en casa o en una oficina, si tenemos un negocio o no; todas las mamás trabajamos duro desde nuestra propia trinchera, haciendo lo mejor que podemos. He aprendido que el éxito no se mide en función de cuánta plata ganamos o qué tan alto escalamos; más bien, se mide en función de qué tan felices somos con nuestras decisiones. Veía las fotos del evento de aquel día y me puse a pensar: esta es mi forma de trabajar en un lugar importante, literalmente con el sudor de mi frente. No renuncié a nada; simplemente elegí. Por ahora esta es mi forma de explotar mi talento y, más que ganarme la vida, ganar vida porque es lo que me llena y me hace feliz. Esto es lo que quiero hacer y el lugar donde quiero estar, integrando las dos cosas que más amo: mi trabajo y ser mamá -en Guate. 😉

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.

3 Comments

  1. Ana Godoy de Lainez says

    “Más trabajo y menos pisto, pero más riqueza” definitivamente es la frase que más me gustó de su post. Felicidades por enfocarse más en ser feliz y no en “producir más dinero”, eso sin duda se verá reflejado en su familia 🙂 Algo así toca pero es lo que nos inyecta energía todos los días, ¡y es una verdadera bendición!

  2. Cómo me identifique con este post jajaja. Yo soy bendecida con mi trabajo, el cual me permite estar con mi bebe muchisismo tiempo, pero yo tengo un problema mas, y es que estoy operada de la columna, por lo que andar de arriba para abajo con él es aun mas dificil. Pero honestamente hago el sacrificio y salgo con él como puedo, aunque sea que sólo lo mantengan en el carruaje al pobre jiji ..

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