Ser Mamá en Guate
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¿Te cuento un secreto?

A los papás de sangre,
a los papás de alma,
 a los valientes
que sienten miedo pero están presentes.
A los que hacen de Guate
un lugar más chilero para ser mamá.

Te recordás del principio de mi embarazo cuando me preguntaste, ¿será que la bebé me va a querer? ¿Será que voy a ser buen papá? Te sentías inseguro y vulnerable. Tenías dudas y miedo. Sé que no tenías la menor idea de qué esperar. Fue la única vez que hablamos del tema; no recuerdo en qué terminó la plática ni por qué nunca volví a preguntarte cómo te sentías. Yo, por el contrario, hablo y escribo del tema todos los días. Sé que evitás esas conversaciones, igual que la mayoría de hombres, y precisamente por eso decidí ponerle un poco de texto al asunto. Más que eso, quiero contarte un par de mis secretos.

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Sé que aquí hablo seguido de las luchas que las mamás libramos todos los días en una sociedad que nos exige demasiado con muy poco a cambio. Pero, ¿qué hay de ustedes? Las mamás sentimos miedo (y mucho), pero no imagino el temor de ser ese típico papá torpe, haragán e inútil de los memes que aparecen todos los días en Internet. El típico cuando el bebé se queda con mamá vs. cuando el bebé se queda con papá que, si bien nos da risa, en el fondo perturba y nos sumerge en un remolino en el que cada vez quedamos más fregadas, porque resulta que sólo nosotras sabemos hacer bien las cosas. Si vas a vestir al bebé, tiene que ser como a mí me gusta. Si vas a bañar al bebé, tiene que ser como yo lo hago. Si vas a cuidarlo, a hablarle o a jugar con él, tiene que ser como yo quiero. O como quiere mi mamá, o mi suegra, o las amigas del cuchubal, el pediatra o el libro que leí. En otras palabras: mejor no hagás nada porque ahí está siempre mi ojo gigante sobre tu hombro, y mi dedo listo para señalarte.

¿Te cuento un secreto? A veces tus errores me alimentan el ego. Me hacen sentir mejor. Qué gruesa realidad. A veces me siento tan insegura de mi papel de mamá, que encontrar esas fallas en ti me hace sentir necesaria. O encuentro a quién culpar por las cosas que pasan -que muchas veces no son culpa de nadie. Si yo no estoy, la casa se cae a pedazos. ¿Te cuento otro secreto? A veces yo tampoco tengo la menor idea de qué estoy haciendo.

Sé que por todas partes hay textos e imágenes que te dicen que un papá no es indispensable. ¿Te cuento un secreto? Yo sí creo que sos importante. Así como mi papá fue y sigue siendo importante para mí, tú sos importante para mis hijas. Claro que podría criarlas sin ti -exactamente de la misma forma en que tú podrías criarlas sin mí de ser necesario. Pero no quiero eso; te amo y te quiero presente. Aún cuando fui mamá soltera, Valeria siempre necesitó a su papá, lo tuvo en su vida y lo sigue teniendo, y te adora a ti también. Ser papá no es lo mismo que ser esposo, y tu relación conmigo no define tu paternidad, tu responsabilidad ni tu amor hacia ellas. Además, nada se compara con sus caritas de felicidad cuando están contigo. Por si te cabe alguna duda, ellas también te aman a ti, esté o no esté yo. Y eso es algo que se gana por mérito, no sólo porque sí.

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Sé que a veces te exijo más de lo que te sentís capaz de dar. ¿Te cuento un secreto? La mayor parte del tiempo no necesito que cuidés a las niñas; necesito que me cuidés a mí. Sé que demostrás tu amor trabajando duro y trayendo pan a la mesa, pero a veces necesito más que eso y no sé como pedirlo, porque yo también trabajo duro y por ratos siento que mi esfuerzo es invisible. Me siento juzgada, a veces también por ti. Algunos días paso demasiado tiempo sola y cuando llegás a la casa, suelo caer en reclamos de que no te involucrás lo suficiente en la crianza, cuando en realidad quiero que estés conmigo y mi orgullo no me deja pedírtelo. Cuánta diferencia hace en nuestras tardes cuando me das un beso de los buenos, me traés una chela de la refri y te sentás a platicar conmigo mientras hago las cosas de las niñas. Cuando me decís que te sentís orgulloso de mí, que confiás en mí criterio de mamá mientras el mundo me hace dudar… Son cosas sencillas que me hacen sentir acompañada, amar más mi maternidad y amarte más a ti.

Sé que tenés dudas y temores, y sé que la vida nos depara muchos retos en esto de ser papás. Sé que te da miedo tanta responsabilidad y cometer los mismos errores que cometieron contigo. Sé que, igual que a mí, los medios de comunicación y la cultura en general te imponen estándares ridículos. También sé que las palabras de nuestras personas más amadas son importantes y nos marcan para siempre. Sé que no lo escuchás suficiente y sé que esto vale más que el regalo que te dimos de madrugada. Sé que, igual que a mí, escucharlo te llena, te fortalece, te reconforta. Y por eso, te cuento un secreto: lo estás haciendo bien.

Te amo.

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.

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