Ser Mamá en Guate
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La vida después del Kéfir

Durante casi toda mi vida adulta, como casi todas las mujeres, he luchado con temas relacionados a mi cuerpo. Luego de mi segundo embarazo, sentí que me costó mucho recuperarme. Según yo, la lactancia exclusiva iba a hacerme bajar libras por arte de magia, aunque siguiera comiendo como Pacman; según yo, iba a sobrellevar el cansancio igual que la primera vez, hace ocho años y en mis tiempos mozos. ¡Sorpresa! Al contrario, subí diez libras después de un par de meses y la recuperación en general fue más difícil. Mi digestión, un desastre. Resulta que la lactancia a veces tiene el efecto contrario junto con el desvelo, los cambios hormonales y el estrés de esos primeros meses. Además, no me quedaba tiempo para hacer ejercicio y me surgió una dermatitis grave en los hombros, el brazo y el cuello. Con rinitis alérgica. Qué lindo cuadro, ¿no?

En ese momento, decidí empezar de cero y buscar soluciones, en lugar de quedarme estancada quejándome de mi situación. Me propuse buscar sentirme mejor de forma integral, y no sólo bajar de peso. La realidad es que simplemente no sirvo para las dietas. Pésima. Fatal. Disfruto comer y nada me pone de peor humor que restringir la comida; no digamos durante este período de lactancia, cuando siento que puedo comerme un caballo si no se va corriendo rápido.

A lo largo de los años he probado mil dietas, rutinas de ejercicios, gimnasios y un largo etcétera. También he sido feligrés de la “vida light”. Todo sin azúcar, sin grasa y con edulcorante artificial. Nunca me detuve a pensar que, cuanto más light, es más refinado y procesado y, por lo tanto, con más químicos y preservantes. Y esto es importante porque luego de consultar con una dermatóloga y una homeópata y de investigar por todos lados, supe que mi cuerpo tiene problemas para desintoxicarse y aparentemente mis sistemas digestivo e inmunológico tienden a enloquecer, por lo que necesitan cuidado especial. Si se sienten demasiado familiarizadas, este post es para ustedes.

En una de mis travesías de investigación, me topé con el grupo de Facebook Kefir 502, y decidí unirme para aprender más. Un día vi que alguien ofrecía una porción para donar y fui por ella. La señora que me la dio se veía tan bien y saludable, que terminó de convencerme. Me entregó un frasquito de vidrio cubierto con una servilleta de papel; adentro había lo que yo recordaba que hacía mi mamá en la cocina cuando yo era niña: yogurt de bacilos (al menos así le decía ella). Ese era el dichoso kéfir de leche, y llegó para cambiarme la vida.

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Pero, ¿qué es realmente? Según investigué en varias fuentes*,

El Kéfir de leche es un producto lácteo fermentado mediante hongos y bacterias vivos y no patógenos. También reciben este nombre los gránulos utilizados para su producción. En el kéfir la leche se fermenta y su la lactosa se transforma en ácido láctico, produciendo anhídrido carbónico y alcohol. Es una masa simbiótica que combina bacterias probióticas (más de 30 especies), levaduras, grasas y proteínas. Los principales microorganismos en el kéfir son la bacteria Lactobacillus acidophilus y la levadura (hongo unicelular) Kluyveromyces marxianus. La leche kefirada tiene un sabor ácido, parecido al del yogurt, pero con consistencia líquida. Se cree que la palabra kéfir proviene del turco kief que significa agradable sensación o sentirse bien, para referirse a la sensación experimentada cuando se ingiere, y que conlleva además la connotación de bendición a quién se regala.

Y por eso el kéfir viene mejor cuando es un regalo de buena voluntad y se prepara en casa. Qué lindo, ¿verdad? Regalar bienestar es el buen karma en su máxima expresión. Existen varios tipos de kéfir, incluyendo el kéfir de agua y otros microorganismos que se utilizan para preparar bebidas fermentadas como kombucha. En el caso particular del kéfir de leche, el que yo consumo a diario, brinda varios beneficios:

  • Restaura la microflora intestinal que, según diversos estudios, interviene en todas las funciones del cuerpo, desde digestión hasta el estado de ánimo. Influye también en la pérdida de peso y en la intolerancia o alergia a ciertos alimentos. Previene y alivia la gastritis y otros problemas del sistema digestivo.
  • Permite la desintoxicación efectiva al mejorar la función del hígado y los riñones.
  • Excelente fuente de probióticos o “bacterias buenas”: puede proteger contra algunas infecciones provocadas por bacterias, incluyendo la H. Pylori, la Salmonella y la E. coli.
  • Efecto antiinflamatorio: puede prevenir o alivianar los síntomas de alergias y asma.
  • Salud ósea: aporta grandes cantidades de calcio y ayuda a mejorar su absorción en los huesos.
  • Es alto en proteína y bajo en calorías.
  • Es alto en Triptófano, un aminoácido con efecto calmante sobre el sistema nervioso.


¿Cómo me ha funcionado?
Después de tres meses de tomar un licuado diario con kéfir, en combinación con una hora de ejercicio al menos cuatro veces por semana y algunos cambios en mi dieta, como incluir más alimentos saludables y naturales (no “light”) y menos azúcar y chucherías, hoy siento que soy una mejor versión de mí misma . Mi digestión está nítida, bajé de peso, tonifiqué mis músculos y me siento mejor en general; hasta mi piel está mejor e incluso dejé de usar maquillaje a diario, más que mi corrector de ojeras -esas no tienen piedad. Estoy segura de que el Tripófano ha jugado su papel en calmar mi estrés, y así necesito comer por ansiedad cada vez menos. Además, creo que no ha sido sólo el beneficio biológico del kéfir sino el cuidado consciente que lleva detrás: así como cuido a mis gusanitos, cuido mi entorno y me cuido más a mí misma. También he podido compartirlo ya cuatro veces porque se duplica rapidísimo y con un par de cuchraditas es más que suficiente.

Y entonces, ¿cómo se prepara y se cuida el kéfir? Aquí va una guía ilustrada rápida:

Este es el kéfir en su fase inicial, con la leche que le agregué anoche al frasco. Ahora tengo más o menos dos cucharaditas llenas de bacilos que se ve como queso cottage menos espeso, y si se mueve el frasco tiende a salir burbujas a la superficie; esto es por el proceso de fermentación. A veces se separa el suero de los sólidos, por lo que se ve un líquido transparente o amarillento dentro del frasco. Todo esto es normal. El olor debería ser parecido al del yogurt natural.

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En mi caso, paso el contenido del frasco por un colador (ojo, tiene que ser plástico para no alterar el Ph del kéfir), directo a la licuadora para hacer smoothies o aderezos con miles de combinaciones de ingredientes. Con una espátula (también plástica), lo muevo suavemente para extraer todo el líquido posible.

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Luego, traslado el sólido (la colonia de bacilos) de nuevo al frasco. No es necesario lavar el sólido con agua, y el frasco lo lavo con agua caliente y jabón una vez por semana; recordemos que son hongos y bacterias y no necesitan estar “limpios” para sobrevivir.

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Una vez de vuelta en el frasco, agrego leche nuevamente (unos cuatro o cinco dedos). Yo uso leche entera o descremada pero siempre marca Anchor, porque el único ingrediente es leche; así, mis gusanitos se reproducen mejor y más rápido y el producto final es de mejor calidad. No debemos utilizar leche deslactosada, ya que los bacilos se alimentan de lactosa. De cualquier forma, aunque suframos de intolerancia a los lácteos podemos consumir leche entera kefirada, ya que la colonia de bichitos se encarga de digerir la lactosa por nosotros. ¡Adiós hinchazón!

Cubro el frasco sólo con una servilleta de papel y lo coloco sobre el gabinete de la cocina entre el microondas y la refri, en la sombra. Lo dejo ahí entre 18 y 24 horas, repito el proceso y ¡listo! -los mejores smoothies, los aderezos más ricos y una vida saludable sin tener que comprar nada más que frutas y vegetales frescos para cortar, congelar y licuar.

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Hasta pronto,

Natalia

[Las fotografías son originales, propiedad de Ser Mamá en Guate. Todos los derechos reservados.]

*Fuente:
http://www.lanaturaleza.es/dudaskefir

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.

9 Comments

  1. Lindo testimonio de alguien que ha disfrutado los beneficion y Bendiciones del Kefir!
    Excelente narracion e informacion Natalia, saludos!
    #kefir502

    • ¡Hola Grace! Sí se puede utilizar leche descremada, sólo que no sea deslactosada. Si lo refrigeras, se detiene el proceso de fermentación, por lo que es mejor mantenerlo fuera de la refri, en un lugar con sombra. ¡Nos contás cómo te va! Abrazos.

  2. Marielitos Archila says

    Hola! Recien me han regalado mi Kefir de leche, estoy super contenta y emocionada! me llama mucho la atención la poca leche que utilizas, 4 dedos de leche es suficiente para un licuado por las mañanas? y, puedo compartir este artículo en mi perfil de fb? mil gracias de antemano por tu respuesta y me encantó toda la información!

    • ¡Hola! Qué alegre que te subiste al barco, vas a notar la diferencia en tu digestión y en tu salud en general 🙂 Por lo general, yo uso entre 1/2 taza y 1 taza de leche para dos cucharaditas de granos y con eso hago 1 o 2 smoothies. La cantidad que tomés a diario realmente no es tan importante como que lo consumás regularmente. Podrías usar una taza medidora y agregar la misma cantidad de leche todos los días, así es más fácil hacer que tus litros de leche abunden; otra cosa importante es no tener demasiados granos, porque cuantos más granos tengás, más leche tenés que usar para que se alimenten bien. Por favor, ¡compartilo en tu muro! Gracias a ti por leernos, me alegra que te haya servido la info. Cualquier cosa, mandanos un inbox en la Fanpage o un e-mail a info@sermamaenguate.com.

  3. BELINA MAYARI MARTINEZ says

    serian tan amables de informarme donde puedo conseguir Kefir

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