Lifestyle, Ser Mamá en Guate
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Un tiempito para mí

Para la mayoría de nosotras, los días pasan entre café, trabajo, pañales, loncheras, trabajo, berrinches, almuerzo a la carrera, buses, trabajo, deberes, actividades extracurriculares, besar “cucos,” más pañales, cenas, cuentos antes de dormir, cuentos antes de NO dormir, madrugadas en vela… y luego a empezar de nuevo. Es fácil perderse en este ciclo de nunca acabar y, muchas veces, cuando finalmente nos detenemos, es porque nuestro cuerpo y nuestro espíritu están cansados, nos enfermamos o colapsamos y entonces nos sentimos peor. Podemos engañar a todos, pero a nosotras mismas, jamás.

Pareciera que la única cosa autorizada para hacer sin los niños es trabajar fuera de casa o -con suerte- salir de noche. Qué triste, ¿verdad? A veces necesitamos detener el tren, bajarnos y literalmente oler las flores, o la tierra mojada o la grama recién cortada, y lo más importante, hacerlo sin culpa. Hace unos días nosotras decidimos detenernos a sentir el olor a Guate: churros, garnachas, elotes, tostadas, algodones de azúcar y chuchitos. Nuestros hijos ya están más grandecitos, así que hicimos el tiempo y nos fuimos a la Feria de Jocotenango -a donde, aunque nos da pena aceptarlo, nunca fuimos de pequeñas. ¿Y saben qué? Nos la gozamos. Sin niños, solas nosotras dos: comimos de todo, jugamos tiro al blanco, ruleta y pesca. Compramos y ganamos juguetitos de feria para nuestros hijos y la pasamos felices.

Aunque nos cuesta mucho juntarnos en las mañanas, nos hicimos coincidir un par de horas y, de paso, como buenas multitaskers, le pedimos a Jose Lara que nos tomara unas fotos pendientes. Tal cual nos ven ahí, así la pasamos.

Tal vez a ustedes les sucede lo mismo: cuando hablamos de salir, inmediatamente pensamos en tacones, restaurantes, bares, niñeras… y terminamos desistiendo porque se convierte en otro ítem en nuestra larguísima lista de cosas por hacer y organizar. No tiene por qué ser así: quizás acompañar a una amiga al súper, a hacer mandados o simplemente a ver la clase de baile de su hija puede ser una buena oportunidad para platicar y despejar la mente. Ir al cine con amigas, ir por un café, tomar alguna clase o salir a caminar juntas, cualquier cosa que no se sienta como otro trabajo complejo de logística. Y no necesariamente tiene que ser sin niños; nosotras logramos hacerlo también cuando estábamos chineando bebés. Tampoco necesitamos gastar mucho; a veces simplemente juntarnos a hablar con otro adulto es lo que necesitamos para apachar nuestro botón de Reset. Y ¿qué mejor para una familia que tener una mamá feliz?

La tribu no sólo se hace por internet; busquemos contacto cercano, compartir con más mujeres desde otros ángulos de la maternidad. Cuando estamos en compañía y conforme nuestros hijos van creciendo, poco a poco se abren más espacios para otro tipo de actividades, para respirar un poco más holgadas y para reinsertarnos al mundo de los adultos, aunque sea haciendo cosas de niños -y en Guate hay mucho para hacer.

Y para que no se queden con las ganas, esperen muy pronto una sorpresa de nuestra parte para poner a andar como debe ser el motor de esta tribu, más allá de una pantalla.

¡Qué chilero ser mamá en Guate!

Con amor,

Natalia y Edith

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