Maternidad y Crianza, Ser Mamá en Guate
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A VECES SOY ESA

A veces soy esa mujer segura, competente, valiente, entera; esa que despierta con una corona de flores en la cabeza, que baja sonriente a preparar loncheras nutritivas a las cinco de la mañana y sube las gradas con dos tazas de café en las manos. A veces soy esa que termina el trabajo a tiempo, que hace todas sus llamadas, atiende todas sus citas y vacía su lista de pendientes. A veces, soy esa que dice buenas noches y apaga las luces con una sonrisa en los labios, y se va a la cama con querubines que le velan el sueño.

A veces soy esa mamá con las respuestas en la punta de la lengua, la vida resuelta, el trabajo perfecto, la familia ideal. Soy esa esa mamá paciente y agradecida que abraza, que besa, que canta canciones de cuna y reza padrenuestros. A veces, soy esa mamá que dedica tardes enteras a hacer manualidades, a cocinar con las niñas, a salir a caminar o simplemente a verlas respirar. A veces soy la Madre Tierra encarnada. Ni azúcar, ni sal, ni preservantes, ni sodio, ni glúten, ni BPAs, ni colorantes, ni grasas trans. Ejercicio cuatro veces por semana; me sale kéfir y chía hasta por la nariz. Jardinería, Pinterest y todo el rollo. Estoy exagerando, pero entienden la idea.

A veces me sale miel de los labios, confecciono poesía en segundos y declaro amor tan fácil como estornudar. A veces soy la mamá de los cuentos, la de las fantasías, la de revista.

A veces soy esa amiga consejera, esa esposa que da tranquilidad. Esa que escucha, que atiende, que se entrega completa a tratar de comprender. Esa que está disponible, que se saca tiempo de la manga, que hasta se inventa las energías que no tiene para cumplir bien con el papel.

A veces soy esa mamá, esa mujer. Pero a veces, soy sólo un trozo de mí misma. Me parto en pedazos, me escondo, me rindo, me arrepiento, me asusto, hasta me meto zancadilla. A veces me convierto en Medusa. Ni me miren, ni me hablen, porque se arriesgan a convertirse en sal. A veces no me sale un buenos días sincero, mucho menos un sándwich en forma de flor. Que alguien me suba el café y me cierre las cortinas. A veces, soy esa a la que no le alcanza el tiempo ni las ganas, la que tiene que arrastrarse fuera de la cama, la que no quiere trabajar, ni escuchar un solo llanto, ni queja, ni reclamo ni nada. A veces soy esa que sólo quiere que la dejen en paz un día entero con un par de cervezas, unas canciones de Sinatra, chocolates y una bolsa gigante de Cheetos para una sobredosis de azúcar, sodio y colorante.

A veces soy esa mamá orgullosa, dulce y paciente, pero a veces también soy esa mujer amarga, que habla sin pensar y que lastima con miradas. A veces soy todas esas cosas que juré nunca ser, pero mis hijas a veces también tienen días de esos, y la vida a veces sólo decide no funcionar como yo quisiera. A veces no me siento feliz ni orgullosa. A veces dudo, grito, lloro, somato, pierdo la compostura. A veces mi enojo, mi cansancio y mis inseguridades se apoderan de mí, y salen serpientes de mi boca. A veces soy valiente, pero a veces también siento mucho miedo. Miedo a fracasar en mi trabajo, en mi matrimonio, en la crianza de mis hijas; a no ser suficientemente buena, a ser demasiado complaciente, demasiado estricta, demasiado presente, demasiado ausente, demasiado relajada, demasiado tensa, demasiado todo, demasiado nada.

Pero muchísimas otras veces veo a mi esposo y a esos dos pedacitos de cielo que parí al mundo, los veo aquí cerquita, los veo míos, los veo sanos y felices, y todo ese miedo se evapora. A veces veo los resultados de mi esfuerzo, de mi trabajo, de lo que soy capaz de hacer con mis manos y mis sueños, y cualquier nube gris se mezcla con esa luz y se transforma en arcoíris. A veces puedo darme cuenta de que soy fuerte y de que hago lo mejor que puedo, a mi manera.

A veces soy ese punto medio.

A veces soy esa. O esa. O esa, o esa. Soy un poquito de todas. A veces soy tú, que estás leyendo esto. A veces tú, o tú. Tan abstracta como ese dibujo de mi hija, que puede significar un millón de cosas. A veces caigo en lo que alguna vez juzgué, hago lo que juré nunca hacer, digo lo que siempre juré callar. Me gusta poder decir “a veces”, porque soy un ser humano común y corriente, y porque ser mamá no me hace invencible ni omnisciente. En esta maternidad, si algo he aprendido con los años, es que nunca hay que decir nunca, ni siempre hay que decir siempre.

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.

5 Comments

  1. No soy madre aún. Y estos son todos mis miedos plasmados perfectamente en un post. Como saber si soy suficientemente fuerte para todos esos aveces. Se que no sabre que todo es “worth it” hasta que sea mi experiencia y todas me aseguran que lo es. Por el momento solo queda el miedo. Bravo mama imperfecta por Compartir lo que todas sienten.

    • ¡Hola Vanessa! Muchas gracias por leerme y por dejar esto por aquí. Sin duda, es válido sentir miedo; es algo completamente desconocido y generalmente la realidad no concuerda con nuestras expectativas, porque vivimos bombardeadas de información poco realista sobre la maternidad. Sin duda, es la experiencia más gratificante de la vida, pero también el reto más grande. Para cuando decidás ser mamá, mi mejor recomendación es que busqués a tu gente, te rodeés de tu tribu, y sepás que no estás sola. Así todo es más fácil y se disfruta mejor, con todo y los momentos agridulces. ¡Un abrazo! -Natalia

  2. María Caridad Peña says

    Me encantó muchisimo tu post. Soy de Ecuador y una amiga de Guate lo publicó y lo compartí, que bonito sentir que atravesando fronteras nos podemos identificar con algo que parece tan cercano, casi como si yo mismo lo hubiera escrito. El trabajo que tenemos las mujeres es súper fuerte e importante, marcamos tantas cosas y cargamos tantas culpas también.
    Gracias por poner en palabras lo que había sentido ultimamente y me había costado tanto ordenarlo.
    Un abrazo fraterno desde la mitad del Mundo.

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