Ser Mamá en Guate
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¡Vamos al mercado!

Cuando un niño
se siente seguro de sí mismo,
deja de buscar aprobación
en cada paso que da.
-Maria Montessori

Si ya nos conocen y nos siguen en las redes sociales desde hace algún tiempo, sabrán que a Edith y a mí nos encanta nuestra Guate; nos gusta visitar lugares en la ciudad y consumir productos locales porque creemos mucho en el valor de lo que nuestra gente hace con sus manos y su creatividad, no importa si es desde una computadora, en una cocina, en un laboratorio o desde su casa. Nos fascina todo lo que tiene sabor a Guate, y más todavía nos encanta transmitirles eso a nuestros hijos.

Esta semana, de pura chiripa me uní a mi mamá, mi tía y una amiga para ir a la zona 1 a hacer mandados. Fue una mañana lindísima, espontánea, llena de colores, sonidos, sabores y gente como la que no hay en ninguna otra parte. Compré un montón de cosas lindas, comí delis y pasé un rato alegre.

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Me habría encantado tener a mis dos hijas conmigo, pero ya saben cómo son esas cosas con los horarios, las rutinas y demás, así que al menos Catalina fue a conocer nuestro precioso Mercado Central, ¡y se lo gozó! Anduvo con su canastita por todos lados, algunos ratos caminando y otros ratos a tuto. Mi pulga de catorce meses compró una manzana, la llevó en su canasta, comió rellenitos en los Antojitos San Judas Tadeo, saludó a todas las personas que pudo e hizo un par de amigos momentáneos. No pude tomar muchas fotos porque realmente fuimos a hacer mandados y todas íbamos con las manos llenas, pero quería compartirles un poco de lo que hicimos -aunque sea con las fotos rústicas del celular.

Si me siguen en Snapchat [NataSMG], se habrán dado cuenta de que, en mi vida diaria con mis hijas, evito ponerlas a hacer cosas, y me enfoco más en dejarlas hacer cosas. A lo largo de mis ocho años de maternidad y casi quince entre estudiar y hacer clínica, he llegado a la conclusión de que la clave del aprendizaje está en las interacciones cotidianas con todas las personas en general. Los niños aprenden por imitación y es observándonos en nuestras interacciones, que ellos aprenden cómo comportarse con los demás y ser parte responsable de la sociedad, y sus juegos con amiguitos suelen ser simplemente reproducciones de lo que ven en nosotros. Por eso, me encanta que me acompañen a hacer mandados, al súper, al mercado, al banco, a mis reuniones de trabajo cada vez que se puede. Me gusta que ambas se sienten en la mesa a comer junto con el resto de la familia, que sean parte de las conversaciones y que participen en las sobremesas.

A tuto, comiendo mazapán.

Tengo la certeza de que, para que un niño pueda ser autónomo e independiente, primero debe atravesar una fase de dependencia con sus figuras de apego. Antes de comerse el mundo ellos solitos, los adultos debemos presentárselos medio masticado, metabolizado, desde un punto de vista que los haga sentir seguros y con suficiente confianza en sí mismos. Participar en situaciones sociales cotidianas, señalar las cosas que les llaman la atención, nombrarlas, dejar que las toquen, que las perciban a través de todos sus sentidos y que realmente las conozcan: eso es educar para la vida. Cada vez estoy más convencida de que mis hijas no necesitan juguetes extravagantes, artefactos complejos ni apps en una Tablet para desarrollarse bien.

Esta experiencia en el mercado fue preciosa. Cansadísima, eso sí, pero linda también para ella y para mí. Había ido muchas otras veces y siempre lo había disfrutado, pero llevarla a ella le dio otro significado.

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En serio, vayan a comer ahí.

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Con la abue, haciendo la visita reglamentaria al salir.

No tengamos miedo de llevar a nuestros hijos con nosotros; yo sé que puede ser cansado cuando ya quieren experimentar todo por su cuenta, pero vale la pena. Démosles la oportunidad de conocer su país, sus sonidos, sus sabores y su gente. Hagámoslos parte de nuestra vida cotidiana para que aprendamos a disfrutar nuestra compañía mutuamente, porque el tiempo pasa rápido y ellos crecen. Las tareas sencillas en casa como arreglar el jardín o una macetita, recoger los juguetes, cocinar, guardar la ropa sucia en su lugar y hacer mandados en los que no vayamos a prisa, son excelentes formas de fomentar el aprendizaje, la responsabilidad, la empatía y la socialización en los niños. A Valeria, trato de involucrarla cada vez más en la cocina y en el jardín; a sus ocho años ya es perfectamente capaz de usar un cuchillo y la licuadora. ¿Por qué no darle esa experiencia, si le va a servir para el resto de su vida? No importa si son niños o niñas.

Tengo la seguridad de que no hay mejor escuela, que la escuela de la vida práctica. Y qué mejor que en un lugar tan chilero como nuestra Guate.

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.

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