Lifestyle, Maternidad y Crianza, Posparto, Ser Mamá en Guate
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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE CRIANZA

A mi esposo:
protagonista y co-autor 
de mi historia.
Te amo.

Ya hace un tiempo que mi esposo y yo salimos de la etapa de criar una bebé recién nacida. A pesar del típico tú que sos psicóloga no deberías tener problemas en la vida, les aseguro que durante estos años, muchas veces la hemos visto colorada. La crianza de un bebé es una tarea monumental; no digamos el paso de un hijo a dos -y no imagino de dos a tres. Una noche de estas con las niñas ya dormidas y una cervecita al lado, decidí escribir al respecto, mientras mi esposo veía sus programas de deportes en la tele. Quienes están en estas andanzas sabrán que en un matrimonio con hijos a veces las noches son así; aunque nos amemos y nos extrañemos durante el día, de vez en cuando sólo queremos un poco de silencio y tiempo a solas.

La vida en pareja con hijos parece una historia tragicómica de García Márquez; hay risas y llantos al mismo tiempo, por todos lados y a todas horas, y momentos tan reales que parecen de mentiras. Nos transformamos en personajes extraños, exagerados y apasionados, con los sentimientos a flor de piel. Pasamos de amarnos a gruñirnos en un segundo y viceversa.

Muchas personas creen que tener un hijo soluciona todos los conflictos de la pareja pero, quienes ya llevamos nuestros buenos años en estas, sabemos que no es cierto. Si bien puede unirnos más en condiciones favorables, si nuestros cimientos no son sólidos, la llegada de un bebé puede ponernos en jaque. En nuestro caso ha sido un camino intenso, de mucho aprendizaje y crecimiento para todos; entre mis años de matrimonio con dos hijas y lo que he escuchado en mi consultorio, puedo decir diez cosas que he aprendido y gracias a las cuales hemos podido vivir para contarla:

Todo es pasajero. Los bebés no son bebés ni los niños son niños para siempre.

Un día a la vez. Cómo haya sido nuestro día hoy, no determina los días siguientes. Hoy no pudimos ni platicar. Hoy logramos comer juntos. Hoy no quiero que me hablés. Hoy logramos ver una película. Hoy no me pude bañar y tengo vómito/babas de bebé en el pelo. Hoy pudimos descansar un poco. Hoy no fui al súper y hay cereal con leche para cenar. Hoy nos distrajimos con las visitas. Hoy quise ahorcar a mi cuñada/vecina/suegra/amiga/tía/mamá. Hoy la pasé acompañada y feliz. Hoy me sentí sola. Hoy sólo quiero dormir. Hoy te amo. Hoy no tanto. Hoy no hablé con otro adulto en todo el día, así que cuando vengás te voy a bombardear con todo lo que tengo en la mente. Hoy. Hoy. Hoy. Mañana será otro día.

Mucho sentido del humor. Me encanta cuando nos reímos juntos de las cosas que nos pasan, porque nos pasan a los dos. Nuestra paternidad es una serie de historias que construimos juntos. Lo que no te mata, te hace más fuerte, ¿cierto? Bien dijo “el Gabo”, la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado.

Mi esposo es un adulto. Es una persona pensante igual que yo, con dos manos y dos pies, que no necesita de mí para subsistir. Se me tuerce el ojito cuando escucho que “no hay que descuidar al marido”, porque durante los primeros meses -no me dejarán mentir- en todo caso es la mamá quien necesita sentirse menos como personaje de The Walking Dead, especialmente si está dando de mamar cada hora, todo el día y toda la noche. Al menos yo, no me sentía capaz de atender a todos sin perder la cabeza. Una nueva mamá necesita sentirse cuidada para poder dedicar sus energías a cuidar de su bebé. Lo siento mi amor, te adoro, pero no puedo recibirte en la puerta con tus pantuflas y un traguito en la mano.

En este sentido, hay otra cosa importante: un papá es tan capaz de cuidar a sus hijos como una mamá. Con el tiempo, aprendí a relajarme si las cosas no se hacen exactamente como yo quisiera; cada uno tiene su estilo de ma/paternidad y está bien así. Aprender a soltar el control es clave.

La intimidad cambia. Afortunadamente, ya no vivimos en la era de los cavernícolas y entendemos que, para muchas mujeres, toma un tiempo volver a sentirse cómodas con su cuerpo; sin embargo, con el cansancio y las hormonas a flor de piel, es más fácil empezar a malinterpretar las cosas y guardar resentimientos. Por eso, es importante saber que hay muchas maneras de tener intimidad; las caricias, los masajes, las palabras, la empatía y los besos se vuelven más importantes que nunca, sobre todo si aún no nos sentimos listas después de los famosos “cuarenta días”, cuando el doctor nos da permiso para cumplir. Sí, son palabras textuales de algunos médicos en pleno 2016. Al menos yo, entre que me sentía atrapada en un cuerpo extraterrestre, la recuperación de la cesárea, el agotamiento y el ciclo de amor-odio del posparto, pasé varios (varios) meses sin energías ni mente para eso y ninguno de los dos se murió, ni significó que no amara a mi esposo. Cuando hay comunicación, comprensión mutua, paciencia y apoyo, el mojo eventualmente regresa y todo va volviendo a la normalidad, mientras vamos reconociéndonos en nuestro nuevo cuerpo y reconciliándonos con él. ¡Paciencia, piojos!

Cada uno debe cuidar de sí mismo. Siguiendo en ese contexto, después de unos meses nos ayudó hacer ejercicio y cambiar un poco nuestros hábitos de alimentación. Al inicio parece imposible, pero el momento llega. Para nosotros, fue y sigue siendo el boxeo; es algo que no nos consume demasiado tiempo y que además nos hace sentir bien y nos da energía -y sí, nos permite sopapear algo en un ambiente socialmente aceptable (jaja). Hacer ejercicio ayuda a segregar endorfinas y además testosterona, que aportan energía y una sensación de bienestar (e incluso pueden favorecer la libido). Para poder entregarnos a alguien más, primero debemos estar bien.

Cada familia es diferente. Adiós a las fantasías de las películas o la idea que tenemos de la vida familiar de la vecina. Adiós a lo que leímos en los libros. Las comparaciones son venenosas, sobre todo en un período tan vulnerable como cuando se tiene un bebé en casa. Es difícil filtrar los consejos y opiniones sin pensar que estamos haciendo todo mal, pero es importante saber que a cada pareja le funcionan cosas distintas y que cada niño es diferente. La crianza se aprende sobre la marcha; evitemos la frustración de que las cosas no salgan como decía en el Babycenter. Informémonos de fuentes fidedignas, hagamos prueba y error, quedémonos con lo que nos haga sentir mejor y encarguémonos de cuidar la grama de nuestro propio jardín, en lugar de fijarnos en que la del vecino está más verde.

La comunicación es clave. Por más cliché que suene, es cierto. Pero cuidado con algo muy importante, y es que no se trata sólo de decir todo lo que queramos decir, sino saber cómo decirlo y en qué momento. Y ese es el arte de la comunicación eficaz y la base para evitar el 90% de conflictos. A mí a veces me sirve decir las cosas por escrito; a veces prefiero alejarme un rato y retomar la conversación en otro momento. Mi esposo y yo no siempre lo logramos, pero tratamos de no alcanzar ese punto en las discusiones en que ya nadie dice cosas coherentes y sólo se vuelve una maraña de dimesydiretes. A veces. Otras veces sólo falta que me dé vueltas la cabeza y trepe las paredes como araña.

Ya nunca, nunca se puede regresar a ser dos. Cuando nos casamos, nadie nos dice ahí te recordás de andar con alguien más de vez en cuando, porque necesitás tu libertad. Simplemente asumimos que vamos a ser fieles a nuestra pareja, porque tomamos la decisión de casarnos. Lo mismo sucede cuando tenemos bebés. Decidimos ser tres, o cuatro, o cinco y las cosas deben partir de ahí, aunque al inicio sea difícil. Eventualmente, tendremos la oportunidad de salir solos y pasar más tiempo en pareja, pero al inicio es una expectativa demasiado alta -y demasiado frecuente, y demasiado frustrante. No pasa nada si al inicio no lo logramos; es algo que les pasa a más parejas de lo que creemos y con más dificultad de lo que imaginamos.

No hay nada de malo en nuestro matrimonio si no recuperamos nuestra vida social al 100% en un par de meses (o años), por la razón que sea, siempre y cuando estemos en paz con eso y busquemos alternativas para distraernos. Además, a veces sólo queremos descansar y otras veces no hay dinero que alcance para salir todos los fines de semana. No pasa nada. Podemos reunirnos en casas de amigos con todo y los niños, en tribu, para convivir con adultos sin la logística engorrosa de buscar quién los cuide, y pasarla bien.

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Para terminar, en palabras del gran Gabo, el amor se hace más grande y noble en la calamidad. En los tiempos de crianza, el amor se demuestra todos los días, en las cosas pequeñas, en cada paso que avanzamos y cada vez que nos levantamos de un somatón. Tanto para mamá como para papá, la transición a la vida después de los hijos es compleja y encontramos el amor en el caos, en cada logro de nuestros bebés, en el respeto, en cada vez que reconocemos mutuamente que estamos haciéndolo bien a pesar de los errores. Está en las fotos que tomamos, en las cartas que escribimos, en cada ratito que pasamos en silencio, en cada buenas noches y en cada buenos días.

Sólo hace falta ver al fondo de esos ojitos para encontrar ahí esas partes de nosotros que sentimos perdidas, y besar esas manitas con tierra para admirar la obra de arte que construimos juntos. Cuando nos dejamos llevar y disfrutamos el viaje, lo demás llega por añadidura y cuando menos sentimos, regresa lo que fue antes de los hijos, sólo que aún más fuerte, más completo, con más compromiso y mucho más colorido.

Con todo lo bueno y lo no tan bueno, ¿qué más apasionado romance con la vida que la paternidad?

Natalia de Biegler
Psicóloga Clínica | Doula | Educadora perinatal

[Imágenes del genial Brian Kershisnik]

 

5 Comments

  1. Ileana de Muñoz says

    Realmente no tengo palabras, son muchas emociones!!! todo lo escrito TODO ES TAN CIERTO, y si luego al final del dia sabes que cada vivencia es un parrafo, una frase de esta historia que es la vida, amo a mi hijo a mi esposo, soy madre a tiempo completo y di lactancia exclusiva por 4 años, vivi frustaciones, llore y rei, quise huir del caos emocional en mi postparto, pero luego leo esto y me siento tan identificada NUNCA SOLA, hay mas mujeres como yo y cada una con sus batallas a librar!!! ME FASCINA LEERTE!!! GRACIAS!!!!

  2. Isabella says

    Excelente artículo! Todas sus palabras han sido mis propios pensamientos y sentimientos desde que mi bebé nació hace cuatro meses. Que refrescante leerlo, me hizo sentir normal otra vez 🙂

  3. Maria Jose says

    Me encanta su Blog! Felicidades y gracias por tomarse el tiempo de compartir esas experiencias y poder darnos cuenta que hay otras pasando por lo mismo! Felicidades!

  4. Sonia Aguirre says

    Que delicia leerte… recuerda que si lo haces bien el amor se fortalece y debe ser lo más importante para los dos porque en menos de nada ya los hjos no están y extrañarás cada minuto de la difícil crianza.

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