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¡Bravo, bravo, bravo, bravísimo, bravo! Nuestra experiencia en Gymboree

Cuando tenemos un bebé, una de las cosas que más nos interesa es saber que estamos invirtiendo bien nuestro dinero, y que no estamos haciendo o comprando cosas sólo porque todo el mundo lo hace o porque está de moda. Uno de esos temas es la estimulación temprana, así que aquí les dejamos nuestras perspectivas al respecto, ya que cada una lo hizo por diferentes razones y en distintos momentos. ¡Esperamos les sirva!


Durante mi embarazo, leí muchísimo acerca de todo lo que estaba pasando con el desarrollo de mi bebé: ya saben, tu bebé es del tamaño de una naranja, tu bebé es del tamaño de una toronja, etc., el parto, la lactancia, pero tengo que confesar que jamás leí algo acerca de lo que iba a suceder después de que naciera. Cuidados básicos: check. Artículos básicos: check. Ropita:  check. Cuarto decorado: check, check, check. Jugar con él vendría natural, ¿verdad?

Esas primeras semanas fueron difíciles para mí. Me sentí aislada -mi hermana vive lejos de mí y ya tenía a una bebé y otro en camino, sobra decir que tenía las manos llenas; mi mamá trabaja, mis amigas tienen hijos mucho mayores que el mío. Así que empecé a buscar opciones de cosas qué hacer donde ambos la pasáramos bien. Me recomendaron un par de lugares y cuando Fabián cumplió cinco meses, decidí ir primero a Gymboree y me gustó tanto, que ya no fui a conocer el siguiente.

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Desde el inicio hice click con la filosofía de Gymboree; me encantaba la parte inicial de la clase en la que poníamos a los bebés boca abajo sobre un espejo irrompible y comenzábamos a platicar acerca de lo que había pasado con nuestros bebés en una conversación guiada por una de las instructoras (siempre tan dulces, tan profesionales), con un tema en específico, como el famoso tummy time (que Fabián odió al principio pero gracias a las sugerencias de la instructora, insistimos un poco y a los días empezó a darse vuelta). Tengo que aceptar que no me sabía una sola canción de bebés más que la de Twinkle, Twinkle, y que mi creatividad para hacer juegos con un bebé de meses era prácticamente nula. Parecerá tonto, pero así era; no sabía cómo estimular a mi bebé, cómo jugar con él. Gymbo al rescate y a las pocas semanas estábamos felices ambos cantando red and yellow, green and blue, these are the colors over you y persiguiendo burbujas.

Ese es el beneficio obvio de Gymboree, pero para mí, los beneficios eran otros: poder salir de la casa a un lugar donde poder platicar con otras mamás en la misma etapa que yo (ahí me encontré a varias que habían ido a yoga prenatal conmigo, y fue lindo conocer a sus bebés que realmente conocí desde la panza), poder arreglarme y salir sin preocuparme si Fabián iba a llorar o a desesperarse porque a donde íbamos era un lugar diseñado para sus necesidades. Fue un alivio para mí. Esperaba con emoción esos días y verlo a él disfrutarlo tanto era la guinda del helado. Luego caía rendido y hacía siestas deliciosas, tanto para él como para mí.

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Cuando comenzó a gatear, el reto para mí fue mayor, porque fue como si hubiera dicho “ahora que ya gateo, ni pensés en meterme al carruaje”. No me molesta un poco de suciedad en las rodillas y manitas, pero él lo llevaba al extremo. Todo era una superficie digna de escalar y explorar con manos y boca, así que los obstáculos y las “pistas” de Gymboree como les decía mi esposo, eran su fascinación. Él fue un par de veces con nosotros y se sorprendía de las habilidades que Fabián adquiría con el tiempo, ya que uno está con ellos todo el día y ve todo lo que hacen, pero a veces no es tan evidente para él, que por cuestiones de trabajo el tiempo que comparten es limitado.

No todo es motricidad gruesa, ya que tienen actividades en las que hacen sensory play, estimulación de motricidad fina, pero parecía que Fabián lo único que quería siempre era estar subido en los obstáculos, y eso también estaba bien. Jamás me presionaron a mí o a él para que participara en alguna actividad y eso me hacía sentir relajada.

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Le saqué el jugo a Gymboree durante casi un año, fui al splash day, del que tengo recuerdos hermosísimos (fotos donde mi bebé parece espumilla, untadísimo de espuma, otras donde está cubierto hasta la cintura con gelatina), llevé a mis suegros, fuimos al carnaval, recibió sus primeros “diplomas” y las instructoras lo vieron desde que era una cosita que no podía darse vuelta hasta que se convirtió en un dínamo en cuanto pudo mantener el equilibrio en dos piernas.

Me dolió que dejáramos de ir; sentí que Gymboree me dio un lugar seguro en el que aprendí mucho más que canciones de niños. Fue ese empujoncito que necesitaba para afianzar mi confianza en mi rol de mamá y que calmó mi ansiedad durante esos meses en que uno siente que se ahoga en la monotonía de pañales, maratones de lactancia y chinchines.

Edith


Siempre he dicho que ir a baby gym es una oportunidad para nosotros como papás de tener un espacio ameno con nuestros bebés, y compartir con otras familias en la misma etapa de crianza que nosotros. Es un rato para estar sin el celular, dedicando 100% de nuestra atención a jugar, cantar y compartir de una forma que muchas veces es difícil en el día a día. En mi caso personal, tengo una visión bastante particular al respecto, sobre todo porque creo que no pasa nada si no los llevamos. No van a quedarse atrás ni van a perderse de algo al no ir -por diferentes razones yo no llevé a ninguna de mis hijas a estimulación temprana antes del año, y ya las habrán visto; ambas dan batería parejo y están perfectamente bien. Más bien creo que el baby gym al inicio es un excelente lugar para encontrar comunidad, compañía y distracción en ese tiempo de crianza que puede ser de tanta soledad. Se pueden resolver dudas entre mamás, encontrar amistades y conocer mejor a nuestros bebés para respetar su desarrollo y acompañarlos a potencializar sus capacidades individuales.

En su momento, Valeria empezó a ir al año cuatro meses al colegio donde yo trabajaba porque era práctico llevarla y traerla conmigo, y además ella la pasaba feliz con las maestras y niñeras que la conocían casi desde que nació. Amó su colegio y todavía lo recuerda con mucho cariño, por todo lo que aprendió allí y el amor que recibió. Con Catalina, no tuvimos necesidad de inscribirla a un colegio porque yo trabajo desde mi casa, pero, por varias razones, hace unos meses decidimos inscribirla a Gymboree.

Además de las maravillas que habíamos escuchado acerca del lugar, a mi esposo le encantó la idea de llevarla, ya que entre semana tiene poco tempo para compartir con ella y a mí me queda poco tiempo para dedicarle sólo a Valeria, así que es la oportunidad perfecta porque ofrecen clases los fines de semana. Mientras él se va con Catalina a Gymbo el domingo en la mañana, yo me llevo a Valeria a desayunar y así nos ponemos al día. Es un rato de respiro que siento delicioso, y quienes tienen niños con edades tan distintas (con siete años de diferencia) seguramente me van a entender. Es rico tener ese espacio para compartir con nuestros hijos grandes, a quienes les toca acomodarse a la nueva realidad y acostumbrarse a compartir la atención. Y al mismo tiempo, Catalina está contenta, en un ambiente seguro y con su papá. ¿Qué más se puede pedir?

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Mi date de los domingos

Está de más decirles que ellos la pasan felices. Mi esposo se maravilla de todo lo que ella puede hacer y ella se divierte muchísimo con las canciones, las burbujas, los obstáculos, las pelotas y las colchonetas, y le fascina enseñar el sellito que le ponen en la mano al terminar la clase. Catalina es una niña muy activa y su motricidad gruesa siempre ha sido buena (caminó a los once meses), así que todas las actividades de escalar, resbalarse, correr, saltar y hacer relajo le caen como anillo al dedo para gastar esa energía extra que a veces no sabemos cómo ayudarla a canalizar, o no siempre tenemos dónde hacerlo.

A nosotros nos encantan los materiales, los juegos, el profesionalismo, el orden y la limpieza que siempre encontramos en Gymboree. Nuestra sede favorita es la de Escala, que nos queda a una distancia accesible y además tiene una vista preciosa y muchísima iluminación natural. Las maestras son un amor y sus clases son bien preparadas, basadas en el respeto al desarrollo de cada niño y sin forzar nada. Lo que más me gusta es ver a las mamás y a los papás pasar un rato alegre con sus bebés, en un ambiente lindo y sin presiones, fuera de la corredera de todos los días.
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Si no han inscrito a sus hijos mayores de un año al colegio, a veces se quedan sin ideas y quieren pasar un rato lindo con ellos ejercitando su motricidad, no dejen de ir a una clase de prueba gratis en Gymboree. Sobre todo por los horarios tan convenientes que manejan el fin de semana, es una manera chilerísima de fortalecer los vínculos y divertirnos cuando trabajamos mucho tiempo fuera de casa. A veces somos los papás quienes necesitamos (y nos cae de perlas) ese ¡bravo, bravo, bravo, lo hiciste muy bien!

Natalia

Para más información sobre horarios y precios, pueden llamar al 2366 7888 o escribir a info@gymboree.com.gt

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