La Mamá de los Pollitos, Lifestyle, Ser Mamá en Guate
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LA MAMÁ DE LOS POLLITOS – Sarah Müller

Conocí a Sarah por casualidad, en uno de esos encuentros tan al azar, que no queda más que creer que definitivamente no fue al azar. Hace un tiempo, leí un artículo en Soy502 acerca de los ocho instagrammers guatemaltecos a seguir. Revisé las cuentas y, entre todos, sólo recuerdo a Sarah. La magia de sus fotos me impactó; me parecieron salidas de un sueño, como cuando uno acaba de despertar y todavía los puede recordar con claridad. En ese momento, no conocía su cara; solamente la conocía por sus fotos y sus frases tan llenas de introspección.

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Una mañana, llegué a casa de otra amiga bloguera (¡hola Stef!) para discutir un post que haríamos en conjunto, y ahí estaba Sarah, a quien saludé muy formalmente. Comenzamos a platicar y salió a la conversación una foto específica de su hija. Stef me dijo, ¡buscala en Instagram como ssserotonin!

Me sentí como si estuviese conociendo a una estrella de cine: ¿Tú sos ssserotonin? ¡Amo tus fotos! Y empecé a decirle con demasiados detalles (re stalker) lo que me encantaba de su trabajo.  En ese instante decidí que la teníamos que entrevistar para Ser Mamá en Guate.  Así que aquí les va; ojalá disfruten leer la entrevista tanto como nosotras disfrutamos hacerla.

Edith

¿Quién es Sarah?

¡No es tan fácil responder esta pregunta! Uno no se puede sumar en un par de palabras, pero diría que soy una persona muy versátil: soy fotógrafa, soy mamá, soy hija, soy luz y oscuridad. Pero en un sentido más tangible, creo que soy sólo una persona más, buscando su camino.

¿Cómo empezaste con la fotografía?

Estudié cocina porque en ese entonces no había forma de estudiar fotografía en Guatemala. Originalmente, al graduarme del colegio tenía beca para estudiar fotografía en Canadá pero quedé embarazada y no pude irme. Tenía 19 años. Había que modificar los planes porque ya no era factible irnos del país. Entonces comencé a estudiar cocina porque también era algo que me apasionaba, pero soy vegetariana y fue un reto. Sin embargo, la fotografía siempre fue lo mío; si estaba en la cocina, tenía que tomar fotos de los platillos o de los pasos a seguir. En la U siempre compartía las fotos con los demás para armar los recetarios y mi enfoque siempre fue más en la fotografía que en la cocina en sí. Cuando estaba en el colegio trabajé como asistente de un fotógrafo de eventos y me enseñó cosas básicas, pero fue en la práctica que aprendí, a prueba y error, a modo muy empírico. En 2010 me uní al diplomado de La Fototeca y estudié un año. Después de eso, no podía lanzarme sólo así a lo que me apasionaba. Necesitaba planificar y la fotografía requiere inversión; hay que invertir en equipo, tener contactos, crear un portafolio. Cuando eres joven, te ilusionas y piensas “esto es genial, me encanta”, pero hay que vivir de algo. Así que durante tres años, después de estudiar en La Fototeca, trabajé en un call center. No quería trabajar en una cocina ya que es un trabajo muy demandante, muy cansado y sabía que no me quería dedicar a eso a pesar de haberlo estudiado. Agarré valor para hacer lo mío y renuncié al call center, terminé una relación muy tóxica y le di vuelta a mi vida. Viéndolo en retrospectiva, fueron las mejores decisiones que pude haber tomado, y ahora hago lo que me gusta.

¿Te sentís feliz de haberlo logrado?

Creo que es una lucha constante, porque cuando cumplís una meta, pensás en la siguiente. Tal vez por eso no somos felices, porque siempre aspiramos a algo mejor. Me siento feliz… parcialmente. Sé que todavía no he logrado la estabilidad que quisiera.

¿Qué rol creés que juega en artista en la sociedad guatemalteca?

El artista es un reflejo de la sociedad en sí, aunque depende del tipo de arte que haga. Yo hago fotografía comercial para pagar las cuentas y aparte hago fotografía documental, que es lo que más me gusta. Me gusta meterme a comunidades, a lugares remotos, conocer y hablar con la gente, y ahí se mezcla todo: la política, la situación climática, todo. Uno se ve reflejado en el arte en sí.

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¿Qué tanto involucrás a tu hija en tu trabajo?

Depende, porque tengo que ser cuidadosa. Sé que hay lugares que no son aptos para ella y ella lo tiene muy claro. Muchas veces me acompaña a las producciones; cuando está de vacaciones, viene conmigo y toda la gente me apoya  ya conocen a Mila. Ella es un ser maravilloso que se adapta a todas las situaciones y lugares. Por ejemplo, a principios de este año estuve en la producción del Desafío Culinario y Mirciny la nombró su asistente personal—ella probaba todo, estaba feliz y se la pasó de lo mejor, pero era un ambiente que permitía que ella estuviera ahí. A otros proyectos no la puedo llevar, como en el que trabajo con un grupo de paramédicos ingleses en el interior, en el que aparte de tomar fotos, ayudo a hacer traducción médica, ya que no hablan mucho español. Vamos a comunidades en lugares muy remotos, donde ellos hacen chequeos gratis; en esta situación puede haber riesgo de contraer enfermedades contagiosas y el viaje es muy cansado, muchas veces no hay luz—es un ambiente totalmente diferente. Una vez me la llevé y se la pasó sentada frente al único ventilador que había, quejándose de que estaba aburrida. Sin embargo, fue interesante observarla porque se puso a jugar con los otros niños que estaban en la clínica. Cada situación es diferente y va cambiando conforme ella crece.  

¿Cómo fue para ti ser mamá soltera en Guate?

¿Cómo responder esa pregunta? Siempre es duro, pero encuentras apoyo de muchas formas, aunque no convencionales. Nunca estás sola, mucho menos como mujer, ya que tendemos a formar redes de apoyo. Mi tía me ha ayudado mucho porque mi mamá no vive en Guatemala. Estando consciente y teniendo compasión, podés lograr muchas conexiones y es necesario tener la mente abierta. Uno nunca sabe quién le puede echar una mano después.  

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¿Cuál es tu lucecita al final del túnel? ¿Qué recomendaciones le darías a alguien atraviesa una situación como la tuya?

Lo principal es tener fe en uno mismo, saber que eres capaz de cualquier cosa.  Nosotros nos ponemos nuestros propios límites, pero si borramos eso es como decir:  “yo sí puedo.” Además, crear un plan:  saber con qué y con quiénes contás para poder salir adelante. He tenido mujeres ejemplares alrededor, como mi tía y mi abuelita, que han sacado adelante a sus hijos solas, así que está en mi genética.   

En un momento tuve que tomar una decisión y preguntarme si realmente lo que quería era un trabajo estable y tener a la fotografía como hobby, o si quería dedicarme a lo que me gustaba aunque me costara. Lo tuve que analizar bastante tiempo, no quería ser conformista y quería darle el ejemplo a Mila de que uno tiene que luchar por sus sueños. Tuvimos que pasar un par de penas, pero nunca nos morimos de hambre y creo que sí le estoy dando el ejemplo que los sueños pueden ser tangibles si uno trabaja mucho y se lo propone.  

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Esta foto la tomé a las 11 pm al salir de ver Matilda en Broadway.  Se puso a cantar y bailar en los callejones de Nueva York y aproveché a tomarle la foto.  Este año está recibiendo clases de teatro en el colegio porque tiene muy claro que quiere ser artista.

¿Cuál es tu recuerdo más querido de tu niñez?

¡Son muchos! Tuve una niñez muy feliz, a pesar de que fue dura porque mi papá trabajaba para la embajada de Suiza y nos mudábamos de país cada dos o tres años, y en ese entonces no existía la tecnología de ahora—era adiós amigos, adiós casa, adiós colegio y había que cambiar de idioma, de clima, todo. Crecí en seis diferentes países, así que tengo recuerdos bonitos de cada etapa y país. Viví en  Libia, Canadá, Holanda, Indonesia, Suiza y Guatemala. Uno de los más bonitos fue cuando vivíamos en Holanda: íbamos en bicicleta a un parque con mi papá y mis hermanos (dos hermanos gemelos mayores); llevábamos un frisbee verde neón y jugábamos, hacíamos picnic—algo sencillo, pero me gustaba mucho. Mis papás nos daban mucha libertad de expresarnos, de hacer cosas como castillos con sombrillas y sábanas; teníamos permiso de meter una lámpara o un ventilador, pero no ambas cosas.

¿Tenés alguna foto favorita?

Es una foto que no he tomado. Como fotógrafa, siempre estoy planificando la siguiente toma, la siguiente locación, tengo muchas ideas. Estoy trabajando en una nueva serie de fotografías que quiero exponer el próximo año.

¿Cuál es tu sueño?

Ahora que Mila es más grande, me gustaría llevarla a muchos países, que conozca el mundo, las diferentes culturas, lo que yo tuve de niña. Enseñarle la magia del mundo.

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¿Qué es lo más difícil de encontrar ese equilibrio entre la maternidad y tu trabajo?

No es tan difícil, porque mis horarios son flexibles y puedo planificar. Lo más difícil es saber cuándo me puede acompañar y cuándo no; hay situaciones que no son las más seguras y como mamá, quiero protegerla, que no le pase nada.

¿Qué es lo más difícil de ser mamá?

La disciplina. Es complicado encontrar un balance entre los extremos de querer ser amiga de tus hijos y disciplinarlos. Siento que a veces me toca ser a mí la mala, me toca ponerle límites, y no me gusta que se moleste conmigo. Yo fui criada de una forma bastante estricta y en mi adolescencia me rebelé ante todo esto… ¡pobre mi mamá! En la crianza de los hijos, uno tiene súper presente lo que nuestros papás hicieron con nosotros e intentamos no repetirlo, pero es difícil y caemos en esos patrones de una forma u otra.

¿Por qué “ssserotonin”?

Hay un grupo de Inglaterra que se llama Mystery Jets y tiene una canción que se llama Serotonin, pero por su acento, cuando cantan esa palabra, suena a “Sarah-tonin”.  ¡No tiene nada que ver con una mala palabra! Y además, pues la serotonina es la hormona de la felicidad y la fotografía me hace feliz.

¿Qué hacen en su tiempo libre?

En San Lucas hay un lugar precioso que se llama Senderos de Alux y tienen columpios gigantes, hay senderos para caminar, un mirador, hay áreas para acampar, me encanta sacarla de la ciudad.  Dentro de poco nos vamos con Mila a subir el volcán de Ipala; tiene sus “botitas para aventuras” y cuando vamos a algún lugar así, se las pone. También le gusta cocinar y me ayuda en la cocina… Su último pasatiempo es pintar mandalas.  

¿Cuál es tu mejor cualidad?

Que tengo un corazón enorme y abierto (entre sonrisas nerviosas).

¿Y tu peor defecto?

Creo que mi mejor cualidad es un arma de doble filo porque me hace muy sensible, muy inestable. Lo malo me pega muy fuerte.

¡Nos encanta el trabajo de Sarah! Y más que nada, nos encanta encontrar mamás chispudas, echadoras de punta, que persiguen sus sueños y hacen su propio camino con sus pollitos al lado.  Para ver más de su trabajo tan inspirador, pueden buscarla en Instagram o en Facebook como ssserotonin. El portafolio de Sarah es amplio, e incluye sesiones familiares, eventos especiales, fotografía comercial y básicamente cualquier proyecto que pique su curiosidad. Pueden comunicarse con ella a  scmphotography@gmail.com.

Edith y Natalia

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