Ser Mamá en Guate
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A PROPÓSITO DEL HOMBRE DEL TRANSMETRO Reflexiones de mamá de un niño

La noticia del hombre a quien detuvieron por eyacular encima de una mujer en el Transmetro me destanteó. Mi primera reacción fue de asco, creo que realmente le hubiera vomitado los pies para luego gritarle y descargar toda esa energía negativa generada por la indignación de haber sido objeto de esa falta de respeto. Objeto. Sí, un objeto sin dignidad, sin sentimientos, cuyo único valor es ser utilizado para los fines (sean cuales sean) del espectador. Estoy segura que esa mujer se sintió completamente desvalorizada e insultada.

Les soy honesta, me enteré porque me enviaron un screenshot de la noticia, tomado de la página de un noticiero en Facebook. Después, me enviaron otro screenshot de un par de comentarios. Lo que les voy a contar me da mucha vergüenza, pero me reí de uno de ellos -para luego sentirme abrumada por la vergüenza que sentí de haberme reído de tal estupidez. Pensé en compartirlo, pero nuevamente me dio vergüenza, hice un poco de introspección para analizar y dar nombre a mis sentimientos y ¿saben qué sentí? Rabia.

No es posible que nos sigamos riendo de estas situaciones, que de graciosas no tienen nada. Pensé en qué pudo haber pasado por mi mente para reírme de algo así y encontré el origen de mi rabia, de mi enojo. La manera en que nos crían y los mensajes que nos envían cuando somos niñas nos programan para ser objetos sin autoridad respecto a nosotras mismas, siempre dependientes de la valoración de alguien más. Recuerdo bien que, cuando era adolescente y alguien me “chuleaba” o se me quedaba viendo (esa mirada que todas las mujeres conocemos y nos activa el instinto de fuga), lo que me decían era “agradecelo, porque peor sería que no te vieran”, cuando yo lo que sentía era enojo, seguido de miedo. Muchas veces era motivo de burla cuando una mujer se defendía o hacía notar su molestia ante estas situaciones; peor aún, se veía con desaprobación que lo hiciera, porque “se arriesgaba a que le faltaran el respeto”.

¿Que nos falten el respeto por exigir respeto? ¡Por Dios, la incongruencia! Lamentablemente, eso fue lo que aprendí y lo que se me enseñó como normal. No juzgo; estoy segura de que esta dinámica es fruto de generaciones de machismo y de poca introspección ante la situación. Ahora sé que no está bien, que nadie tiene derecho a hacerme sentir así por cómo me veo, por cómo me visto, me maquillo o camino -o simplemente por ser mujer.

Soy mamá de un niño que, en unos años, se convertirá en hombre; depende en su mayor parte de mí y de mi esposo mostrarle lo que está bien y lo que está mal, para que él a su vez logre forjar un criterio consciente acerca de estas situaciones equipado con una brújula bien calibrada que indique hacia dónde está lo correcto y hacia dónde lo incorrecto. El camino lo escogerá él en su momento, pero quisiera que fuese utilizando esta brújula. Hoy escogí no hacer eco de esta historia; decidí parar en seco la burla y la trivialización de algo que, de trivial y gracioso, no tiene nada. Mínima, quizás, pero es mi contribución.

En Ser Mamá en Guate nos enfocamos en construir; podría haberme enfocado en todo lo que está mal con el victimario, pero escojo compartir mi reflexión para que tal vez a alguien le haga sentido y logre romper patrones de conducta del lugar donde creció, y criar una nueva generación de hombres y mujeres con un sentido más atinado del respeto y valoración de cada persona; un sentido que no depende del sexo y otras variables, sino de la condición del otro de ser humano como tal.

Creo que he estado leyendo demasiado acerca de cómo ayudar a un toddler con el manejo de sentimientos y me está ayudando tanto a mí como a él. Qué linda esta maternidad que trae sanación.

Edith

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.

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