Lifestyle, Ser Mamá en Guate
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ESTA CASA ¡Qué alegre tenerlos por acá!

¡Hola!

Bienvenidos, qué alegre tenerlos en la casa. Pasen adelante, por favor. Siéntense, ¿les ofrezco algo de tomar? Sí, sé que mi sillón blanco, el que escogimos con tanta ilusión cuando nos casamos, está lleno de pelo de perro y de marcas de manitas, pero es que estos cojines rebotan como en el saltarín de las piñatas y son tan resistentes como para construir un fuerte, aunque la mayoría de veces son solamente el lugar perfecto para huir de la persecución de mami y sus cosquillas. ¡Y eso que ya le dimos vuelta a los cojines! A ver, les sirvo un traguito. Se los dejo acá en la mesa, porque hay espacio de sobra; algún día hubo una colección de cajitas que mis amigos me traían de sus viajes y libros de los museos que hemos visitado. Unas cajitas se desvencijaron porque le enseñaron que había artefactos que se abrían y cerraban y podían guardar tesoros en su interior -estos tesoros podían ser piedritas, frijolitos o un arete de mama. ¡Todo es un tesoro! Las abría y cerraba con tanta emoción de poder usar las manitas, que algunas se arruinaron, pero me llenaba el corazón ver su carita de sorpresa cuando lo lograba. Los libros tenían fotos tan llamativas que tuvo que probarlas con la lengua… sí, con la lengua; tal vez sabían tan bien como se veían.

El baño está por allá, al fondo. Sí, ya me di cuenta de que en las paredes hay marcas, pero ¿saben qué? Son carreteras que llevan carritos de juguete por montañas escabrosas y valles donde hay vacas y pajaritos. A veces hay que retroceder, y cuando un carro retrocede hace “piiiiip, piiiiip, piiiiiip,” pero siempre llegan a su destino con una sonrisa. A veces son pistas de carrera para pilotos intrépidos. A veces son pistas de despegue para aviones.

Pongámonos más cómodos en la sala familiar; por favor quítense los zapatos, relajémonos.  Perdón, yo también me tropiezo a veces con los trocitos. ¡Menos mal aún no son legos! Estos trozos son mágicos; pueden servir como camino para pasar sobre una laguna llena de cocodrilos (como en Peter Pan, ¿vieron?) o como puente para la maquinaria que lleva material de construcción para hacer edificios muy, muy grannnnnndes. En esta casa hay ambulancias, excavadoras, carros de carreras, aviones y ¡hasta un transbordador espacial! ¿Qué encontraron detrás del cojín? ¡Ahí estaba el libro del oso Héctor y el colibrí! Con ese libro aprendió que hay diferentes tipos de pajaritos: tucanes, cacatúas, colibríes, y además aprendió a hacer el sonido de una guacamaya -era la sensación cuando alguien preguntaba acerca de los sonidos de los animales y él, muy orgulloso, lo repetía una y otra vez.

Esta casa no es la misma de hace casi tres años. Los cuadros a veces están torcidos, los platos no siempre están limpios y en la cocina siempre hay migas. Y bueno, puede ser el precio a pagar por siempre tener tiempo para tirarnos al suelo a jugar carritos, a construir una torre de trocitos, o para perseguirnos alrededor del sillón. Me encanta que esta casa esté llena; no de cosas, sino de recuerdos, de momentos vividos, de esa energía vibrante de un niño activo y muy amado, de una pareja que se abraza en un sillón del que salen carritos, fichitas y frijolitos, de un perro que tiene la libertad de acostarse a recibir el sol en cualquier cama. Esta casa está llena de risas, carcajadas, piecitos que corren con calcetines sucios, manitas con tierra, naricitas con mocos (¡o mocotes!), y tres corazones humanos más un corazón perruno felices. Esta casa es NUESTRA casa.

Edith

Imagen de Diana Mayo

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.

4 Comments

  1. NatalIA Soto says

    Me encantó. Antes mi esposo y yo éramos estrictos con las paredes por ejemplo. Hoy en día mi hijo tiene un camino de stickers en su cuarto y nos encanta. Niño será sólo por un tiempo y su felicidad vale más.

  2. Paula says

    Qué lindo! Me recueda que también mi casa ha cambiado y esa mesita de la sala que era el toque más chic y moderno de la casa, ahora está en un rincón, con protectores de foamy en las esquinas y ya sin nigún adorno o recuerdito para que el chiquitín tenga más espacio para aprender a caminar 🙂

  3. Mimi de Ochoa says

    Tengo dos hijos la mayor tiene 6 años u un bebe de 8 meses, antes de que la nena entrará al colegio tenia siempre una batalla campal de juguetes…. me arrepiento de haberle quitado su espacio por dedicarnos todas las tardes a hacer tareas, ayer precisamente saque el tatami de nuevo por el bebe que solo quiere estar en el suelo, para mi sorpresa hoy el espacio del bebe esta repleto de trastesitos, cocinita, comidita, ella vibra de la alegría de jugar nuevamente. Podrán decir que casi nuca mi casa es un espejo o que no soy ordenada. No me importa porque en este tiempo lo que mas importa son ellos. Gracias por invitarme a tu casa….

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