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ME CONTÓ UN PAJARITO: EXISTEN LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES Historia de un parto vaginal después de cesárea

Cuando quedé embarazada de mi segundo hijo, tenía claro que quería que naciera por parto natural.

Hacía tres años mi primer hijo había nacido por cesárea, y nunca olvidé exactamente el momento en que el doctor me dijo que debía ser así. Recuerdo que, aunque tuvimos sospechas de lo contrario, decidimos confiar en su criterio. Como siempre lo repito: el parto no es el momento adecuado para poner en duda el criterio del doctor, y vaya si mi doctor me lo recalcó varias veces.

Con mi segundo embarazo, tenía una idea clara de que haría lo posible para poder tener un parto natural. Empecé a buscar médicos con experiencia (demostrada) en partos naturales, lo cual fue muy difícil de encontrar. La mayoría me decía que atendían partos naturales, pero a la hora de preguntarles el porcentaje de partos naturales versus cesárea, era claro que casi no tenían experiencia.

Con mi esposo, empezamos a buscar referencias de médicos y a hacer visitas para conocerlos. Uno tras otro, me decían que era IMPOSIBLE tener un parto natural después de un parto por cesárea. En una de estas citas, un doctor me dijo que, de ser así, tendría que sedarme, meter la mano por mi vagina y tocar mi útero por dentro para estar seguro de que la cicatriz no se rompería al tener un parto natural. Entré en pánico y dudé de si realmente era una buena idea hacerlo.

Sin embargo, mi esposo -un poco más escéptico, empezó a investigar y a ponerle ojos más críticos al asunto. Sinceramente, algunas explicaciones daban miedo, pero cuando nos detuvimos a pensar, lo que decían no tenía ninguna lógica. Así que seguimos investigando.

Leyendo sobre el tema y viendo estadísticas, encontramos que en países en donde el parto natural es la norma y no la excepción, un 75% de mujeres que han tenido su primer parto por cesárea, tienen luego un parto natural. Por supuesto que esto depende de muchos factores, desde si tuvieron complicaciones en el primer parto, si fue prematuro, etc. Sin embargo, para mí 75% era suficiente para seguir considerando un parto natural.

Después de más de seis visitas a distintos ginecólogos, encontré a un doctor que expresó con total honestidad su posición sobre los partos naturales después de cesárea. Me dijo que era posible hacerlo, pero que dependía del caso. Me dio estadísticas que concordaban con lo que habíamos investigado, me dijo que podíamos hacer lo posible para lograrlo, pero que también tenía que considerar la opción de hacer la cesárea. Para mí esto fue sumamente importante, pues por primera vez no estaban utilizando historias de horror para alejarme de la idea.

Los meses pasaron y yo me sentía cada vez más ansiosa, insegura y con miedo. Aunque ya había tenido un hijo, me sentía como mamá primeriza. Hacía tres años que había tomado el curso de respiración y sinceramente no me acordaba de nada. Con un hijo de casi tres años, un trabajo, maestría y esposo (igual de ocupado que yo), no veía retomar las clases de parto natural como una opción realista.

Ese miedo me llevó a investigar en internet un poco más sobre cómo era el parto natural. La cantidad de información es realmente abrumadora y variada; me encontré con muchos sitios donde mostraban videos de partos naturales, y por supuesto que quise verlos. Al rato de haber puesto “play”, me di cuenta del error que había cometido. No es que no fuese cierto lo que estaba viendo, sino que hacerlo sin estar informada me hizo tener más dudas sobre mi capacidad. Ver esos videos sin mayor explicación o sin haber hablado con alguien que había vivido esa experiencia fue, honestamente, como ver una historia de horror.

En ese momento, decidí hablar con Natalia acerca de los miedos que tenía sobre el parto natural. Me di cuenta de que tenía ideas equivocadas y comprendí más sobre todo lo que NO debía esperar. Una vez entendí lo que pasa fisiológicamente durante el parto y, sobre todo, una vez aprendí a creer que nuestro cuerpo está diseñado para hacerlo, me sentí muchísimo más segura y tranquila.

La idea de tener una doula vino después de esta conversación con Natalia -no sólo por el hecho de que contar con una doula aumentaba hasta un 50% la probabilidad de tener un parto natural, sino porque estaba segura de que tener a una persona con experiencia iba a ser de gran ayuda emocional y, por supuesto, física. Al tomar la decisión con mi esposo, se lo comunicamos a mi doctor inmediatamente. Le comentamos que en nuestro deseo de lograr un parto natural, habíamos decidido también tener el apoyo de una doula en el proceso. Para nuestra sorpresa, él se mostró muy emocionado y apoyó nuestra decisión.

Para mí, todo el proceso del parto fue 90% emocional y 10% físico. Digo esto porque físicamente sientes mucho dolor (cosa que es normal y esperable en un parto), pero la parte emocional (mi mente y mis emociones), de la mano de nuestra doula, me ayudó a mantenerme enfocada en lo que mi cuerpo estaba haciendo.

Cuando Natalia llegó a nuestra casa (hice todo mi trabajo de parto en casa y fui al hospital literalmente sólo a parir), yo ya sentía mucho dolor y las contracciones eran seguidas. Mi esposo y yo no sabíamos muy bien qué hacer; la primera cosa que se me viene a la mente que ella cerró las cortinas y me hizo un masaje con aceite en mis tobillos. ¡Recuerdo eso hasta el día de hoy como lo más tranquilizante y delicioso que pude haber sentido! No sé ni qué tenía ese aceite, pero me hizo sentir relajada… ¡y hasta lo disfruté!

También recuerdo sus abrazos; sé que suena muy sencillo pero fue algo muy poderoso en el parto. Cada vez que nos abrazamos durante las contracciones, sentía en todo mi cuerpo y espíritu una paz y tranquilidad indescriptible… después del dolor de las contracciones, era increíble sentir la energía que ella transmitía, a través de un abrazo, a todo mi cuerpo y a toda mi alma. Fue una experiencia casi mística. Fue como una manera de decirme que todo iba bien, que ella sabía por lo que estaba pasando y que estaba ahí para acompañarme.

Conforme la intensidad del trabajo de parto fue avanzando, mi doula empezó a rodar latas frías en mi espalda baja; eso me alivió muchísimo durante las contracciones. También me ayudó cuando ella o mi esposo me hacían presión en la cadera. Al final, realmente  ya nada me hacía sentir bien, pero creo que fue clave haber estado tan enfocada durante todo el proceso para poder manejar el dolor de las últimas contracciones.

Cada abrazo, cada caricia y cada palabra de aliento de Natalia o de mi esposo era un recordatorio de que estaban ahí para mí, que no estaba sola, ¡que podía hacerlo!

PARTO NATURAL 2

Si, físicamente el parto ha sido lo más doloroso que he sentido en la vida, y emocionalmente ha sido lo más intenso y retador que he hecho. Conforme las contracciones se hicieron más fuertes y empecé a sentir la necesidad de pujar, supe que la única que podía manejarlo era yo. Yo tenía control de mi cuerpo y, aunque estaba bajo un dolor intenso, sólo yo podía dar vida, sólo yo podía hacer que mi hijo naciera. “Sí, ¡yo puedo hacerlo!, ¡yo puedo hacer esto!”, me repetí varias veces durante el proceso.

En ese momento entendí que mi cuerpo es perfecto y que todo lleva su curso de una manera natural. Y que natural no necesariamente era malo y no necesariamente sin dolor; era más espontáneo -¡más salvaje! Era la naturaleza haciendo de las suyas y mi cuerpo siguiendo el curso de ese milagro.

Es increíble como el trabajo en equipo entre el doctor, mi esposo y Natalia, me ayudó a tener un parto sin presión, sin miedo, ni dudas. El apoyo que logré tener en mi decisión de tener un parto natural, sin epidural, fue clave para mí. Tener el apoyo de otra mujer, madre y amiga en cada segundo de mi parto, me hizo sentir segura de que mi cuerpo estaba siguiendo el curso que debía seguir, y además ayudó a mi esposo a relajarse y saber qué hacer para darme el mejor apoyo y lograr juntos esa conexión tan especial e íntima.

PARTO NATURAL 4

Cuando le pregunté a mi esposo qué fue lo más valioso para él de tener una doula con nosotros, me dijo que se sintió seguro de lo que venía porque tenía compañía; si él tenía que ir al baño, atender a las personas del hospital o cualquier otra cosa, ella podría estar apoyándome, o viceversa. También le ayudó la guía y las técnicas que le mostró sobre la marcha para aliviar mis molestias en el parto; me dijo que tener a alguien con esa experiencia es increíble porque no te preocupas por buscar en internet qué hacer o qué no hacer durante las contracciones. Aunque habíamos tomado un curso hace años (para el nacimiento de nuestro hijo mayor), no recordábamos nada y, aunque lo hubiésemos recordado, probablemente no habría servido por la intensidad del momento.

Toda esta experiencia me ayudó a entender lo increíblemente fuertes que somos las mujeres y lo que somos capaces de soportar como madres (hayamos tenido un parto natural o cesárea), y pude aprender varias cosas importantes:

  • El parto no es el momento para dudar sobre el doctor. Esta es una relación de confianza que se construye desde el inicio del embarazo y, como toda relación, debe estar basada en la honestidad, y no en el miedo. Prefiero un doctor que me diga que solamente le interesa practicar cesáreas, que un doctor que utilice el miedo como arma para convencerme de no tener un parto natural.
  • La falta de información o desinformación es el arma más efectiva para infundir miedo.
  • El apoyo de la pareja, doctor y doula es crucial para tener un parto natural respetuoso, sin intervenciones innecesarias.
  • El apoyo emocional para mí es el más importante; el 10% restante lo está haciendo tu cuerpo, estés lista o no.
  • Es necesario confiar en uno mismo y en especial en el propio cuerpo, que está hecho para parir un bebé.
  • Ambos partos fueron especiales para mí, pero definitivamente el parto natural fue un recordatorio de que la naturaleza humana nos hizo fuertes y perfectas, de que debemos confiar en que nuestro cuerpo está diseñado para ese momento en donde madre e hijo son un equipo para lograr el milagro que es nacer.

Nadie puede realmente prepararte para lo que viene; lo sabes hasta que lo vives, y qué mejor que estar en las manos correctas, acompañada de personas que hacen bien su trabajo y quieren lo mejor para ti, sin pensar en su propio beneficio.

Con cariño,

María G.

Contacto de doula: nataliadebiegler.doula@gmail.com

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