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La Tan Mentada “BELLEZA NATURAL” Parte 2 - La Aventura del Cambio a Desodorante Natural

 

Nuevamente, este post no es patrocinado por ninguna de las tiendas / productos mencionados aquí.

Como les conté en el post anterior acerca de todos los cambios que he hecho en mi rutina diaria de cuidado personal, el cambio a desodorante natural fue toda una aventura. Mi primer error fue no informarme acerca de lo que iba a pasar con mi cuerpo una vez decidiera usar antitranspirante. Nota: la mayoría de los “desodorantes” comerciales son también antitranspirantes, lo que significa que no permiten que uno sude. Sí, sudar es inconveniente: ese olorcito a carreta de tacos y, no menos importante, las manchas en nuestras blusas claras, y por lo mismo, creo que no le ponemos mucho coco a lo que nos aplicamos con tal de evitarnos estas molestias.

Les cuento cómo me fue: compré el primer contendiente en Orgánica, marca Kiss My Face, justo antes de mis vacaciones de Año Nuevo en la playa. Siempre pensé que yo no sudaba, así que razoné que como en la playa sí iba a sudar, era una buena ocasión para probarlo. La aplicación del desodorante fue fácil, tiene una textura más suave y húmeda que a la que estaba acostumbrada, que casi se siente como un gel. Cuesta un poco más que se seque, así que hay que habituarse a esa sensación “mojadita.” Regresé de la playa feliz, no había sentido mayor diferencia con mi antitranspirante anterior y cero molestias, olor, humedad.  Básicamente, ni me recordé que había cambiado de producto. Hasta unos meses después (musiquita de película de terror).

Fue uno de esos días con Fabián, todo era “no quiero,” hacer algo sencillo costaba el doble de tiempo, y después de varios cambios de día y horario, había quedado por fin de juntarme con una amiga para que me mostrara ropa que tenía a la venta. Pensé que sacar a Fabián de la casa iba a distraerlo, pero la verdad es que todo fue en picada desde que lo subí al carro. En ese momento me enteré que no sudo con el calor, sino que sudo con el estrés y podrán imaginarse cómo me enteré. Sí, para bajar a Fabián de su silla, tenía que levantar los brazos. Como dice Natalia: OH MY LORD, qué peste, ¿qué se está pudriendo o dónde está la carreta de tacos?

Entré a la casa de mi amiga con los brazos pegados al cuerpo, cosa bastante difícil con un toddler, me probé la primera cosa que me gustó (sólo una), menos mal me quedó, la pagué y me fui, siempre con los brazos pegados al cuerpo, y echándole la culpa al mal humor de Fabián. Como decimos en Guate, ¡qué clavo! 

Al día siguiente estuve tentada de usar mi antitranspirante anterior, pero decidí no rendirme e ir a buscar otras opciones. Encontré varias en Sally y mi amiga Elena, una apasionada de los productos y estilo de vida saludables, me ayudó a escoger, recomendándome la marca Schmidt’s, que viene convenientemente en dos tamaños: uno pequeñito, como para viaje, y el grandote. Escogí el pequeño de lavanda para probar, especialmente porque no son baratos, comparados con los del súper. Me indicó que probablemente al inicio podía notar un poco de irritación en mi piel (por el bicarbonato, ingrediente principal en los desodorantes naturales), que pegara la barra a mi piel para que el calor lo suavizara y aplicara UNA vez. Desde que tengo 12 años y uso desodorante, el proceso ha sido APLICARAPLICARAPLICARAPLICAR, así que hay que aplicárselo conscientemente, despacio y una. sola. vez. Créanme, esto de hacer las cosas conscientemente es más difícil de lo que uno cree, y se me ha irritado la piel en más de una ocasión, especialmente después de rasurarme.  El tamaño fue genial para probar y descubrí que el olor de lavanda era demasiado fuerte para mí, así que como ya tenía entre ceja y ceja que no volvía a usar antitranspirante, pues cuando se acabó el pequeño fui a comprar el grande de Ylang Ylang y Caléndula. Este me gusta más y siento que incluso es más suave con mi piel, seguramente por la caléndula, que es cicatrizante y calmante para la piel.

Quisiera decirles que aquí acabó la búsqueda, pero no. El olor continuaba y estaba empezando a desesperarme y frustrarme, así que busqué una tercera opción.  Buscando online, encontré una marca que tenía muchísimas recomendaciones:  el desodorante natural Agent Nateur. Consideré mandarlo a traer, pero luego me enteré que lo vendía una amiga que tiene una tienda en Los Angeles, y por pura casualidad estaba haciendo un pop-up store (ahora ya tiene tienda fija en Guate, OS Gallery, lo que es una maravilla, porque tiene cosas hermosísimas). Es fácil y suave de aplicar, casi no tiene olor y es delicado con la piel sensible. Nuevamente, es de esas listas de ingredientes que da gusto leer, pocos ingredientes y todos naturales. Perdón por la foto promocional, pero el mío es el que cargo en la bolsa y ya se despintó todito.

Esto ya rayaba en obsesión: cargaba un desodorante en la bolsa, pero aún así no me sentía segura, así que a estas alturas del proceso decidí buscar información. Sí, yo sé que debí haberlo hecho antes de comenzar, pero honestamente no me imaginé que iba a ser de esta forma. Pensé que iba a ser sencillo, simplemente cambiar un producto por otro. Pues no.

Investigué cómo funcionan los antitranspirantes y aprendí que el aluminio básicamente “tapa” los ductos por donde sale el sudor en la piel (de esta forma lo entendí, recuerden que no soy profesional de la salud) e impide que “fluya.” Yo no sé ustedes, pero a mí esto me dio un poco de desconfianza. Independientemente del efecto del aluminio en el cuerpo (que, según investigué, no hay estudios cuyos resultados sean concluyentes), pues sólo evitar el proceso natural de sudar, cuya función es la regulación de la temperatura y la eliminación de toxinas,  no me parece lógico. Al dejar de utilizar el antitranspirante, dicen varios artículos que leí, pasamos por un período de desintoxicación que muchas veces puede resultar en andar más apestositas de lo normal por un tiempo (mjm, a buena hora me vine a enterar). Esto, claro, hace que mucha gente regrese más corriendo que andando a utilizar antitranspirante. Lo que más me asustó es que pasaron MESES antes que sintiera algún olor, lo que me hace creer que probablemente tenía mucho aluminio “almacenado” en el cuerpo y tardé todo ese tiempo en sacarlo de mi sistema.  De miedo.

Hablando con algunas amigas que ya habían cambiado a desodorante natural (de veras, hablen con sus amigas de esto, porque no todas se atreven a hablar del sudor tan abiertamente… yo pues ya saben, padezco de un severo caso de oversharing y se lo cuento al que me quiere escuchar), todas me hablaron de esa fase “de zorrillo” que pasaron al hacer el cambio y, la verdad, me cayó medio mal que no me hubieran contado, porque me hubiera evitado el clavo que pasé con mi amiga que vende ropa o me hubiera preparado mejor.

¿Se recuerdan que en el post anterior les conté de Tierra & Lava? Pues Lucy me compartió una mascarilla de arcilla roja que acelera ese proceso de detox de las axilas. Creo que a estas alturas ya no puedo dar fe si ayuda o no, pero si hubiera sabido antes todo lo que sé ahora, pues seguro la hubiera usado–vale la pena probar.

Mis dos parámetros para escoger un buen desodorante natural, después de pasar por esta odisea, son:  1. Que sea fácil y cómodo de aplicar, y 2. Que no irrite mi piel.  Los tres que he utilizado cumplen con la función de neutralizar el olor , así que eso no ha sido problema (una vez pasada la fase de zorrillo).

En pocas palabras, ningún desodorante natural de los que he probado evita esa humedad, pero eso no es lo que busco ya. Probablemente mojen sus blusas (alguien me dijo que usan protectores íntimos en las blusas–eso ya me pareció demasiado, la cosa es simplificarnos la vida), pero no es nada que un buen jabón de ropa no resuelva y la verdad es que me ha pasado pocas veces. Lo que he aprendido es a conocer mi cuerpo: me di cuenta que sudo por estrés, no por calor–y más de un lado que del otro–pero nada que una pasadita de mi maravilloso desodorante natural de bolsillo no pueda solucionar. Además, tengo paz mental sabiendo que mi cuerpo funciona como debe funcionar, y eso me hace feliz.

– Edith

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