Me Contó un Pajarito, Ser Mamá en Guate
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ME CONTÓ UN PAJARITO: UN VIAJE VISTO DESDE LOS OJOS DE MIS HIJOS Colaboración

Gracias, Melissa, por compartir tus reflexiones.

Hace algunas semanas hicimos un viaje con mi esposo e hijos. Tan acostumbrada a las fotos del celular que había olvidado descargar las de la cámara, que lo hice hasta casi 1 mes después. Para mi sorpresa, me encontré con todas las fotos que mis hijos de 9 y 4 años tomaron durante esos 18 días, fotos que no había visto y que cada uno capturó en el hotel, en las calles, en los parques, en los monumentos.

¡Eran cientos de ellas! Cuando empecé a ver imagen por imagen me di cuenta de cómo sus ojos habían observado detalles a los que yo no había puesto atención; figuras y elementos que probablemente para mi no significaban nada o parecían sin importancia. Charcos, piedras, banquetas, texturas, manchas, luces, personas, líneas y figuras.

Esto me hizo reaccionar tanto en todas las veces en que siendo mamá he asumido que mis hijos están viendo lo mismo que yo, que lo que a mis ojos parece sin importancia para ellos también lo es, que el momento, la plática, el mensaje lo están entendiendo de la misma forma que yo y sobre todo que deben compartir mi mismo punto de vista ¡sólo porque son mis hijos! ¡Qué locura! Que estén conmigo todos los días no quiere decir que su pensamiento va ser igual al mío, a pesar de que busque darles un tipo de educación, de guía, de moral. Claro que influimos en sus vidas pero llega el momento en que ellos toman sus propias decisiones y su camino se va formando en base a ellas, llega el momento en que como madres no nos queda más que soltar y confiar en que van a actuar por convicción y no porque “mi mamá me dijo”.

Tal vez algunas fotos sean de chiripazo, de forma inconsciente y sólo apacharon el botón de la cámara sin pensarlo y ¡que bueno que fue así! Porque para mi significa que no pasa nada si en medio de toda la organización que queremos tener como madres, toda esa planificación para nuestra vida y la de nuestros pequeños, todos esos horarios medidos y títulos de mamá multitasker también podemos disfrutar sin remordimientos de esos chiripazos, de esa espontaneidad, de hacer las cosas sin mucho pensarlo, de olvidarnos del control y dejar que el momento salga como salga.

Para mi, esto es un gran recordatorio de todas las veces en que me enfoco en lo más grande porque eso hemos aprendido, ¿no? Que lo más grande es lo que más vale. Me enfoco en ese monumento, en esa obra arquitectónica e histórica y me olvido de ver también un poco más abajo, más adentro, más atrás, más a la derecha o a la izquierda, de observar y apreciar los detalles del día a día, de enfocarme en lo pequeño que no por pequeño deja de ser importante. Buscamos tener esas fotos perfectas de nuestros hijos, que guarden para siempre su rostro, su expresión; cuántas veces los obligamos a estar en la foto, a posar, a sonreír y se nos olvida recordar que son seres individuales, con mente, corazón y pensamientos propios.

¡Que gran lección recibí hoy de ellos! Ojalá la recuerde todos los días, ojalá me la grabe y mi cerebro me mandé señal de alerta (así tipo escena de Intensamente) cuando esté a punto de perder la paciencia, de frustarme o enojarme porque no actúan de la manera que yo quisiera o no dicen lo “apropiado” para mi u otros.

Les comparto algunas de las fotos en este collage, sin filtros o efectos de programas, en toda su naturalidad y simpleza. ¡Que disfruten tanto como yo de esos charcos, piedras, líneas y figuras!

Melissa 

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