Ser Mamá en Guate
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NO ME FUI DE TI

No me fui de ti, me quedé contigo. Me quedé con resguardo en tu corazón, en esa pieza que hoy se siente vacía pero está bien ocupada de recuerdos, de sueños, de palabras amorosas dichas entre alegrías, tristeza, enojo y dolor. Nadie supo decirte por qué, con qué propósito. Yo no lo sé tampoco. Todos tienen la buena intención, pero nadie sabe decirte la palabra correcta ni darte el abrazo oportuno. Nadie sabe qué se siente ni cómo ayudarte a dejar de sentirlo, pero yo estoy ahí y te ayudo a continuar, con mi paso cortito, tu propio paso valioso por el mundo. Mis latidos ahora están ahí, escondidos entre los tuyos. Tal vez hoy no los escuchas entre la nebulosa de pensamientos que te invaden, entre la amargura de lo que sufres en silencio y la imprudencia de quien te dice “todo pasa por algo, allá arriba lo querían así, ahora está en un lugar mejor”. Sé que no es justo, no es válido. No lo es.

Sé que los planes divinos no te dan ahora ningún consuelo, que las razones médicas no te satisfacen, que te ataca la culpa y la impotencia, pero quiero que sepas que nunca me faltó nada mientras estuve contigo y, por eso, no me voy de ti; me quedo en forma de la luz al final de ese túnel que hoy sientes eterno, en la risa de mis hermanos, en el café de tus mañanas, en el colibrí que visita tu jardín, en cada acto de amor que regales a alguien y que te regales a ti misma. Estoy en cada segundo que necesites para sentirte mejor, en el permiso que te des para enojarte, para hablar con una amiga, para abrazar con fuerza y llorar. Estoy en la valentía que encuentres para levantarte cada día y seguir viviendo y amando, aunque ahora no sea fácil. Estoy en cada beso de buenas noches a cada persona que amas, en cada vez que me recuerdes, en la primera carcajada que te salga del estómago después de nuestra despedida y en cada risa que venga después -te prometo que vendrán muchas.

No te sientas culpable de sentirte bien algún día, de hacer cosas por tu bien. Sé que tienes miedo de olvidarme, de reemplazarme, de dejar de extrañarme. Quiero que sepas que nunca me voy a ir de ti, por cortito que haya sido mi recorrido en el mundo. Con mis pies diminutos dejé una huella que hoy duele muchísimo, pero que el tiempo puede ayudar a sanar despacio, a un ritmo que te permita hacer duelo sin presión. No hay prisa; sé paciente contigo. Nada de esto es culpa tuya.

Mereces una vida feliz aunque de pronto te sientas muy triste; hay lugar para sentirlo todo, a veces al mismo tiempo -está bien y nadie debería esperar algo distinto. La gente puede incomodarse cuando hablas de mí y se te quiebra la voz, pero no importa. Habla de mí y cuéntales que duele, porque hablar ayuda a sanar y porque son muchas las mujeres que han pasado por esto y ninguna debería estar sola y en silencio.

Dicen que cada hijo deja células en el cuerpo de su mamá y ella nunca vuelve a ser la misma, y vaya si no es cierto, porque soy un pedacito de ti. Gracias por desearme con tanta fuerza y por sostenerme con tanto amor con tu cuerpo calientito, durante el tiempo que estuve ahí. Aunque sientas que estoy lejos, estoy muy cerca por lo mucho que me amas. Sé que no nos conocimos en el mundo tanto como hubiésemos querido, pero nos conocimos mucho antes, en tus sueños.

Soy siempre tu bebé, y tú siempre mi mamá. No me fui de ti.

15 de octubre -Día internacional de conmemoración de la pérdida perinatal

Con todo amor,

Natalia

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Esposa, mamá, psicóloga y doula. Estudiante eterna, apasionada la vida simple y de todo lo relacionado con la maternidad -con un poco de jardinería, libros, vino, boxeo y Seinfeld en la mezcla. Vivo, escribo y cocino sin recetas, buscando el equilibrio para ser feliz haciendo lo que puedo, con lo que tengo, donde estoy -la clave es nunca dejar de evolucionar.

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