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LA NUEVA ETIQUETA EN LAS PIÑATAS O al menos una nueva propuesta

Ayer fuimos a una piñata con Fabián y toda la experiencia me hizo pensar que me gustaría cambiar la etiqueta de las piñatas. Lo puse guapo, como él mismo dice, con ropa cómoda y NO de colores claros (ya saben, siempre paran tirándose el fresco encima y cuando salimos, pareciera que el niño pasó por el ojo del huracán, así que prefiero ponerle algo que esconda un poco el desastre). Mi mamá muere porque le ponga esos trajecitos estilo español para ir a las piñatas, pero a mí me duele ver cómo los hace pedazos.

La piñata fue en un lugar específico para celebraciones infantiles, bastante grande, bonito y bien cuidado. A mí, en lo personal, esos lugares me estresan un poquito… demasiados niños, la música demasiado alta y en general demasiado DEMASIADO. Fabián se la pasó bomba, salió sudado, despeinado y con sugar rush: su definición de felicidad.

Yo no me senté un instante: había bastantes niños grandes y por mucho personal que el lugar designe para mantener el juego entre los límites de lo civilizado, siempre hay más de algún incidente. Y pues… prefiero que no involucre a mi hijo.

Después de las dinámicas, la piñata, cantar el happy birthday y que pasaron la comida, todos los niños regresaron a los juegos. Me quedé platicando con una mamá (siempre echando el ojito de águila a mi hijo que me resultó un poco temerario) y cuando volteé a ver las mesas, me espanté. Qué cantidad de desperdicio. Desperdicio de comida, desperdicio de plástico de un solo uso, desperdicio de pastel, desperdicio de dulces (había candy station). Sándwiches de queso medio mordisqueados, cupcakes chupeteados sin el frosting, vasos de fresco a medio tomar, otros sin tocar. La verdad, me dio cargo de conciencia. Ni era mi fiesta, pero sentí como si lo fuera.

Me recordé que cuando estaba embarazada de Fabián, una amiga me invitó a la piñata de su hija. Ella me conoce de hace muchísimos años, así que me dijo con toda franqueza: “Sé que no te gustan las piñatas, pero tenés que aprender; venite y vas a ver que no son tan malas.” La verdad, aprendí más de lo que pensé.

Cuando terminó la piñata de la hija de mi amiga, los niños pedían sus sorpresas con esa miradita de falsa pena, calculando cuántos dulces más van a poder agregar a las tres bolsas llenas que ya lleva la mamá en su bolsa, y vi con ese ojo juzgador de quien aún no es mamá, que varias mamás llevaban platos desechables con comida. “Ay, me moriría de la pena,” pensé para mí. Me recordé de las señoras grandes que salen de los baby showers con los arreglos de flores.

Al día siguiente hablé con mi amiga, le hice el comentario y me dijo: “No, Edith, te juro que uno de anfitrión lo agradece. Los niños en ese momento no tienen mucho interés en comer, pero los establecimientos te obligan a comprar el menú por invitado y luego queda esa cantidad de comida que da cargo de conciencia saber que se va a desperdiciar. En la clase de mi hija lo hemos platicado con las demás mamás y todas acordamos que nos íbamos a llevar la refacción para dársela a los niños de cena en la casa. Yo lo he hecho y mis hijas se lo comen de maravilla y además, ni siquiera tengo que llegar a pensar en qué les voy a dar de cenar. Es nuestra nueva etiqueta de piñatas.” Y terminamos la conversación con una carcajada, recordándonos de cuando estábamos en el colegio y nos dieron todo un seminario de etiqueta y buenos modales, y las caras que nos hubieran hecho las directoras, todas ellas señoras muy elegantes y compuestas, al vernos meter la pizza o el sandwichito en nuestra bolsita.

Eso me hizo pensar en dos cosas: Una, ¡qué razón tiene!  Y dos, qué pena lo juzgona que fui, porque ese acuerdo entre mamás evita el desperdicio y promueve el aprovechamiento de recursos. Ustedes ya saben lo que cuesta un menú para niños en cualquier lugar, por sencillo que uno quiera que sea; multipliquémoslo por 25 y ya es un súper de la semana o quincena, qué pena que pare todo eso en la basura y qué desperdicio de comida en general.

Platicando hoy con la anfitriona de ayer acerca de todo lo que pasó ayer, se nos ocurrió una súper idea: a la próxima piñata, pondremos a la par de los platitos de los niños una bolsita de papel que diga: “Si te gustó mucho y no te lo comiste todo, usa esta bolsita para llevarte tu menú para cenar.” Y sin pena, muchá; yo al menos, lo voy a hacer con una sonrisa y estoy segura la anfitriona lo agradecerá.

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.

6 Comments

  1. Antil says

    Hola! Me siento muy identificada con su post, es una pena la cantidad de desperdicio que a veces hacemos, pensando en como está la situación actual dónde no todos los niños pueden tener tanta comida hasta para tirar, sumándole a esto la cantidad de basura que les damos en esas comidas, la piñata pues es parte de nuestras tradiciones, en lo personal mís hijos ya ni les gusta mucho, he visto niños que se ponen muy violentos, y hasta padres se fam. que incluso se meten al círculo de niños tratando de ayudar a su pequeñ@ para que se lleve la mayor cantidad de dulces posibles, incluso hasta regañando a otros, me parece increíble, otros en gran llanto porque no pudieron llevarse ni uno, no me parece nada agradable eso. Sé que muchos piensan que es de vez en cuando y que sólo una vez se es niños, pero es cuándo más se les debe enseñar con el ejemplo, sumando a esto la cantidad de plástico en los regalos que termina abandonado o en la basura, me encanta su idea, sea la comida que sea llevarla y no que se quede desperdiciada. Una cosa que yo he estado haciendo es no pedir juguetes plásticos es mejor unos libros, algo que ellos puedan aprovechar mejor, hay juguetes más consientes y sobre todo invitar a sus amig@s más cercanos y que tengan una mejor convivencia, hacer un paseo juntos, sentarse tranquilos a comer muchas cosas ricas y jugar mucho, pocos dulces pues ya con el pastel es suficiente, hacer un buen refresco natural, y se la pasan increíble, celebrar también y no necesariamente con comidas y aguas chatarras….. No todos pensamos igual, pero es por ellos para crear un mejor futuro y no reproduzcan estás formas de hacer las cosas que vemos tan normal. Saludos!

  2. Ana Lucia says

    Identificada. Pensaba lo mismo cuando no era mama. Hace 2 findes celebramos los 2 de mi Elena, y con una familia grande y acostumbrada a la ‘permanencia voluntaria’ en los eventos, el horario de la piñata fue extenso.. Re extenso! De 9 a 2.. Asi que tenia preparados 2 menus, para desayunar y un brunch para quien llega mas tarde, no es necesario. La familia no queda mal y llega temprano y se va cuando ya no hay sillas, no es necesaria tanta comida. Pero lo pense y tenia cajitas en donde le empaque a las tias lo que quisieran. Y lo que quedo, porsupuesto no sobras o cupcakes sin frosting lo empacamos igual y con Carlos, mi esposo, y Elena, les llevamos a los policias de la garita, a unos niños en los semaforos, le dimos al jardinero y asi.. Tratamos de no tirar nada y Elena aprendio a celebrar su cumple con otras personas.

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