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¿Cómo elegir la raza de perro ideal para mi familia? Nuestra experiencia escogiendo a nuestra mascota

Desde los recuerdos más tempranos de mi infancia, recuerdo que había un perro en mi casa. Mi abuelo los amaba, siempre tenía al menos uno en la casa y prácticamente una jauría en la finca. Le transmitió el amor por ellos a mi papá y luego mi papá a mí. Tuvimos doberman, pastor alemán, Scottish Terrier, Fila Brasileiro, Fox Terrier, Rottweiler, y el clásico French Poodle de los ochenta.

La primera que realmente estuvo a cargo de mis hermanos y yo fue una French Poodle toy chiquitita, chiquitita, que con suerte pesaba 8 lb. Ahora que lo pienso bien, como dueña de mascota y mamá de un niño pequeño, creo que no fue la mejor elección para una casa con tres niños de 8, 4 y 3 años. ¡Esa chuchita sí que nos tuvo paciencia! La vestíamos con ropa de bebé (que no le gustaba para nada, no se movía cuando estaba vestida), mi hermano la usaba de caballito para sus Masters of the Universe, mi hermana le daba toda la comida que ella no se quería comer y por épocas dormía en una cuna de muñeca.

El cuidado de la Fifí (sí, así se llamaba :P) era responsabilidad nuestra y me duele admitir que no siempre estuvo nítida. Sí, creo que mi papá no la pensó tan bien a la hora de llevarla a la casa, pero era la raza de moda y yo moría por una.

Cuando nos casamos, decidí emprender mi primer negocio de catering, así que pasaba mucho tiempo sola con mis pensamientos en la casa, extrañaba mucho a la perrita que tuve en la casa de mi mamá, y es en ese momento cuando comenzamos a hablar con mi esposo acerca de comprar una cachorrita y comenzamos a investigar razas.

A diferencia de cuando mi papá nos regaló a la Fifí, tomamos en cuenta todos los factores: yo decidí que no quería volver a tener un perro cuyo pelo necesitara muchos cuidados, así que definitivamente tendría que ser perro de pelo corto. Nuestra casa tenía un jardincito mínimo, así que su nivel de actividad y su tamaño tendrían que ser medio. Vivíamos en un condominio con muchos niños, así que también tendríamos que tomar en cuenta su carácter y el objetivo de la raza. Mi esposo jamás había tenido ni una lagartija de mascota, por lo que tenía mucha ilusión de un perro, pero en sus palabras: “un perro que no me dé pena sacar a caminar.” Perros chiquitos, descartados.

Después de investigar, leer, preguntar, hablar con amigos, ver muchos shows de perros e ir a la Exposición Canina de Guatemala (mi esposo, como buen financiero, investiga exhaustivamente antes de invertir en cualquier cosa), llegamos a dos posibles razas: Boston Terrier y Bull Terrier. Ambos de pelo corto, tamaño mediano, nivel de actividad medio, buen carácter según la descripción de la raza—esto estábamos conscientes que depende en buena parte del ambiente en el que viva el perro y la dedicación que se le dé a su educación y entrenamiento. En ese entonces, me hubiera encantado encontrar un sitio como este, donde lo guían a uno para encontrar qué raza / tipo de perro se ajusta a nuestra familia.

Yo les voy a ser honesta: moría por un Boston Terrier. Me fascinaba su carita, todo lo que leía de su personalidad me encantaba y creí que era un perro cuyo mantenimiento era fácil. Es una raza activa, juguetona, lo suficientemente fuerte para que pudiera jugar con nuestro (futuro) hijo. Mi esposo, por el contrario, estaba necio con el Bull Terrier. Creo que el aspecto rudo de la raza era lo que más le llamaba la atención. Las características de ambos, en teoría, eran similares.

Al final de toda nuestra investigación, decidimos que el Boston era el elegido. Cuando llegamos al criadero, la camada tenía una semana de haber nacido. Entre las hembritas, escogimos a la que tenía las marcas perfectas de su raza y le pusimos Athina, como la diosa griega de la paz, la civilización, la sabiduría, estrategia y justicia. Nos pasamos de sofisticados en el nombre, porque todos le dicen Tina y nosotros, Cuicui.

Ha tenido sus retos, porque es una raza cuya piel es muy sensible y padecen de gas; mucho, mucho, muuuucho gas. Sin embargo, es justo todo lo que siempre quisimos: juguetona, cariñosa, amable, ladra muy poco, es paciente con los niños. Nosotros asumimos el compromiso de cuidarla a sabiendas de las responsabilidades que ello conllevaba.

Me alegra haber investigado tanto como lo hicimos, porque todas las sorpresas que Athina nos ha dado han sido agradables, como lo que parece ser el equivalente perruno de un sentido del humor, es súper amable y cariñosa con las personas, y su habilidad aparentemente inagotable para jugar con el frisbee desde que era una bebé.

Antes de comprar o adoptar un perro o cachorro, es necesario reconocer que además de la compañía, el amor incondicional y los lindos momentos que pasamos con ellos, criarlos conlleva responsabilidad y cuidado por unos 10 a 14 años, así que investigar la raza que mejor se adapte a nuestras vidas es una parte importantísima del proceso. Para nosotros, Athina, es un miembro más de nuestra familia y, como decían en una película de niños, en la familia nadie se queda atrás.

* Artículo elaborado en colaboración con Dog Chow.

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Entusiasta de la comida: hacerla, compartirla y disfrutarla; me gusta tanto, que la hice mi profesión y planeo mis vacaciones alrededor de ella. Mujer, esposa y mamá, mantengo mi sanidad mental escuchando rock ochentero y buscando la IPA perfecta. El amor no se encuentra, se construye.

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