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¡Ya tenemos perrito! ¿Y ahora? Cómo nos repartimos las tareas para cuidar al integrante peludo de nuestra familia

Mi primera hija es peluda y tiene cuatro patas. Ya les compartí la historia de cómo escogimos al tercer miembro de nuestra familia, así que ahora les contaré qué pasó desde el primer día en que Athina llegó a la casa el 7 de mayo de 2010, cuando apenas tenía tres mesesitos y era tan chiquita que dormía la siesta en las pantuflas de mi esposo.

Como buena mamá, me preparé con anticipación: leí libros acerca de cómo educarla, leí acerca de las características de su raza en blogs específicos de dueños de Boston Terriers, vi muchos episodios del Encantador de Perros y compré todas las cositas que necesitaría en sus primeros meses—sí, experimenté el “nesting” con mi chucho. Hace ocho años, no había una página web que me guiara en el proceso, como la de Dog Chow, que es tan completa.

Mi primera bebé

Así que entre mi intuición y lo que leí, compré:

  • Un kennel, o jaulita cerrada, adecuada para su tamaño y peso
  • Un colchoncito peludo para meter en el kennel, para que durmiera sobre él
  • Un topo de peluche, casi del mismo tamaño que ella, para que le hiciera compañía adentro del kennel, para imitar el ambiente en el que dormía con los demás cachorritos
  • Una camita suave para que usara durante el día, la que coloqué cerca del lugar donde yo pasaba la mayor parte del tiempo que estaba en la casa
  • Juguetes adecuados para su tamaño: un cochito de felpa tamaño llavero (que fue su adoración por meses, hasta que lo deshizo), un frisbee para que aprendiera a jugar con nosotros, y un juguete de hule duro (Kong) para que mordiera si le picaban las encías
  • Un collarcito de gato (porque los de perro eran muy grandes) que tenía un cascabelito, para saber dónde estaba y no machucarla, porque siempre quería estar conmigo y tenía la costumbre de ponerse justo detrás de mis pies, lo que sigue haciendo a la fecha
  • Dos platitos, uno para agua y otro para la comida; escogimos de metal, para que fueran más duraderos y son los que usa hasta el día de hoy, ocho años después
  • Un alimento especial para cachorros, como Dog Chow, de acuerdo a su raza y tamaño

Su compañerito de cama

Lo primero que hicimos después de recogerla en el criadero fue llevarla al veterinario. Ya estaba desparasitada y vacunada, pero quería que el veterinario le cortara las uñitas, la revisara bien y así comenzar su récord médico.  Me recomendó no bañarla sino hasta que estuviera más grandecita y que evitara llevarla a lugares donde hubiera perros adultos que pudieran no estar vacunados.

Mi pulguita y sus juguetes favoritos

Nuestro veterinario me dio una asesoría personalizada acerca de cómo enseñarle a caminar con correa, enseñarle comandos básicos, y me dio tips para enseñarle a hacer pipí y popó fuera de la casa. La clave fue ser consistente y constante a pesar de la frustración que causan los accidentes.

Cuando nació Fabián, le enseñamos a Athina que el cuarto del bebé estaba fuera de los límites a menos que nosotros la invitáramos a entrar, así como le enseñamos a esperar el comando de “come” frente a su plato cuando era bebé. Nos esforzamos mucho por mantener un balance entre la atención que siempre le dábamos y la atención que el nuevo miembro de nuestra familia requería, pero su rutina y la forma en que la tratamos jamás cambió. Siendo honestos, la atención que yo le daba obviamente menguó, pero mi esposo comenzó a dedicarle más tiempo, asegurándose que hiciera ejercicio, que jugara, que estuviera atendida y sus necesidades cubiertas.

Joven y esbelta 🙂

Desde que Fabián comenzó a interactuar más, le enseñamos que Athina era parte de nuestra familia, que la cuidamos y la queremos, y jamás la lastimamos. Los niños aprenden por imitación, así que aunque nos aseguramos de decirle todo esto, lo más importante es lo que nosotros hacemos. Cuando él comenzó a tratar de “ayudar” en la casa, en esa época tan linda en que jugaba con todos los recipientes plásticos que encontraba en la cocina mientras yo cocinaba, que agarraba la escoba cuando veía que alguien barría, también quiso participar en el ritual matutino de darle de comer y fue genial. En esa época, uno de los juegos favoritos era pasar frijolitos de un vaso a otro con una cuchara, así que lo motivamos a servirle la comida a Athina en su plato con una palita, lo que sigue haciendo a la fecha. Pusimos especial cuidado en enseñarle a respetarla y a no tocarla mientras está comiendo y mucho menos meter las manitas en el plato.

Nos encanta salir a caminar juntos los fines de semana, y cuando Fabián no está montando bicicleta o scooter, es él quien lleva la correa. Le encanta tirarle el frisbee para que ella lo regrese y, a pesar que tiene muchísimo tiempo de hacerlo, siempre se carcajea. El baño quincenal es responsabilidad de mi esposo, pero Fabián siempre está atento y mi esposo lo involucra. Estoy segura que, en cuanto tenga capacidad de hacerlo él solito, será parte de las tareas con las que colabore en la casa.

Amigos para toda la vida

Me encanta ver a Fabián y a Athina juntos, verlos jugar y aprender uno del otro. No es un hermano humano, pero Athina le enseña a Fabián acerca del respeto, del amor incondicional, del valor de la compañía y de lo que es la responsabilidad de cuidar de alguien que nos necesita para sobrevivir. En nuestra familia, consideramos esas son lecciones invaluables.

* Artículo elaborado en colaboración con Dog Chow

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