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DIEZ COSAS que debes saber sobre #TuDoula

Muchas personas se quedan con cara de signo de interrogación cuando les digo que soy doula. Es un concepto poco conocido, aunque cada vez resuena más en Guatemala y en el mundo.

Para mí, este camino empezó hace cinco años por una mezcla de corazonadas, ego y casualidad. No les voy a mentir, me encanta la teoría; hasta cierto punto, por eso decidí “estudiar” para ser doula. Quería saber más, conocer la fisiología, aprender métodos, poder enseñar a las mujeres qué hacer para tener un buen parto. Se siente bien tener el saber, el conocimiento y el protagonismo, ¿no?

Para mi sorpresa y luego de mucho trabajo personal, fui dándome cuenta de que ser doula es mucho más que saber; en realidad, es una manera de saber estar. Es una forma de ser, un estado mental, físico y emocional que se sostiene a lo largo de un acompañamiento, independientemente de cuánto dure, y que se extiende a otras áreas de la vida. Es difícil de explicar, pero yo no trabajo como doula, yo soy doula. Es un post largo, pero esta es mi vida y hay diez cosas de ella que quisiera compartir.

1- No es mi cuerpo, no es mi parto

Conozco la teoría y la práctica; estoy empapada de lo que “debería ser”. Sin embargo, no acompaño para opinar ni para imponer mis ideales, sino para apoyar las experiencias de parto y las decisiones de cada mujer, luego de ofrecer información fundamentada en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. No busco que tengás el parto que yo quiera, sino que tu experiencia sea la mejor posible, de acuerdo a la manera de parir que decidás y de acuerdo a tus circunstancias. Esto implica acompañarte a evaluar opciones, esclarecer dudas y explorar tus creencias y miedos. Me ha tomado tiempo comprender que cada mujer elige su médico, su partera y su lugar de parto y que eso, inevitablemente, influye en el resultado. Mi trabajo es ofrecer una perspectiva realista de lo que cada modelo ofrece y de lo que podría pasar en cada caso, ayudar a cada mujer a alinear sus decisiones con sus objetivos y prepararme para acompañarla desde lo que ella elija.

2- No soy protagonista

En nuestra cultura, estamos acostumbrados a ceder el protagonismo a quien “sabe más”, quien “hace más”, quien lleva la bata puesta… y la doula hace un poco de contrapeso a esa sensación. En el entorno médico, hay una tendencia a hablar en primera persona y en plural. ¡Lo logramos! Hicimos esto, hicimos aquello. Lamento reventar la burbujita, pero el trabajo lo hace completo la mamá que está dando a luz; hablar en plural desempodera. No logramos nada, ella logra todo y más. Quienes estamos alrededor, simplemente podemos favorecer o entorpecer el proceso.

La doula es invisible, es discreta, es respetuosa del espacio del parto y amorosa en medio de esa tormenta donde a veces nadie más es discreto, nadie más sostiene. Sí, sugiero con sutileza algunas posturas, ofrezco agua; con mis manos y sin decir mucho, coloco las manos de la pareja ahí donde pueden dar alivio a la mujer de parto. No doy órdenes, no doy instrucciones, no busco ser la figura principal. No tengo fotos mías en partos porque no se me ocurre pedirlas y menos echarme la selfie. Como muestra la foto de allá arriba, yo nunca estoy por encima; no soy la persona importante en ese espacio.

3- El acompañamiento inicia mucho antes del parto

Por supuesto que estoy presente en el parto, pero gran parte de mi rol es estar disponible en las semanas y hasta meses previos (y posteriores) a ese día. Puedo resolver dudas, ayudar a encontrar información y a pensar en alternativas. Ofrezco apoyo, aliento, validación y respeto ante las decisiones tomadas, y acompaño a buscar lo que cada una necesita para cuidar mejor de sí misma. No me molesta recibir mensajes, llamadas o correos; es parte de mi trabajo y me gusta hacerlo. Fuera del espacio de mi rol de doula, también cumplo un rol de psicóloga, de mamá, de esposa, de amiga, así que si no estoy esperando un parto, no siempre respondo en el instante, pero eventualmente respondo. 

4. No sólo acompaño partos

Muchas mamás me buscan en su posparto para resolver inquietudes relacionadas con lactancia, emociones, pareja; soy psicóloga especializada en maternidad y eso da un plus a mi trabajo. Algunas me buscan porque necesitan cuidados prácticos en el posparto y no cuentan con familia cercana que pueda ofrecerlo; otras me buscan porque preparo infusiones para distintas etapas de la vida femenina (delis, además). También ofrezco educación perinatal, que se complementa con mi función de doula pero es algo distinto; hay familias con las que sólo he trabajado en la preparación para el nacimiento de su bebé y es igualmente valioso. Nunca ofrezco consejo médico ni indicaciones que puedan perjudicar a una mujer.

Buscar el acompañamiento de una doula es más que tenerla cerca en el parto; es agregar a tu vida una presencia femenina que está ahí para cuidarte, para ayudarte a cuidar de ti misma, para sostenerte desde el respeto y para ir de la mano contigo mientras vas descubriendo lo que necesitas encontrar como mujer y como madre. Desde la menstruación hasta la maternidad, la lactancia e incluso las pérdidas, una doula puede acompañarte.

5. La doula y la pareja

Nunca sustituyo el papel de la pareja, acompañante o papá del bebé. Por el contrario, mi función va en la línea de fortalecer la intimidad para que ambos puedan ser parte activa de la experiencia, tanto como lo deseen. En el parto, generalmente, soy yo quien toma las fotos que nadie más piensa en tomar y puedo hacer sugerencias sutiles a papá para sentirse confiado, poder observar cómo va cambiando el comportamiento de la mujer, conocer cómo tocarla, cómo acompañarla, cómo y dónde acariciarla. Ofrezco miradas y palabras de aliento a ambos, privacidad y, en resumen, cuido el espacio de la familia.

Es increíblemente lindo el lazo que se teje incluso con la familia extendida; he tenido el privilegio de conocer y acompañar abuelitos, tíos, sobrinos y hermanitos que han agregado mucho a mi vida y recuerdo siempre con cariño.

6. Mi posición en el parto

Cuando una mujer me contrata, yo trabajo para ella. No tengo lealtad, obligación ni responsabilidad para con nadie más: ni con el hospital, ni con el médico, ni con la partera ni con las enfermeras ni con la familia extendida. Sin embargo, es importante comprender que mi función es ofrecer alivio no médico, hacer presencia, ayudar en lo que sea necesario, apoyar y sostener física y emocionalmente, pero no proteger ni pelear por los derechos de una mujer en el momento del parto. Mi propósito es agregar calma, por lo que jamás discuto o llevo conflicto al espacio sagrado del nacimiento.

No soy quien toma las decisiones, no interfiero con las indicaciones médicas ni me comunico con el personal para hacer sugerencias o comentarios; la idea es que, antes de ese día, cada mujer esté en suficiente comunicación con su médico o partera. Es importante que cada una conozca los procedimientos de cada profesional y las políticas y protocolos del lugar que elige para su parto.

7. Trabajo personalizado

A lo largo de mi recorrido acompañando a mujeres, he aprendido distintas herramientas útiles; sin embargo, no trabajo de acuerdo a un método específico, ya que cada una tiene necesidades diferentes y es importante saber adaptarse a ellas. Para acompañar un parto es necesario saber estar, más que saber hacer. Cada acompañamiento es distinto en estilo, en duración y en intensidad; hay mujeres que necesitan más apoyo físico, otras más apoyo verbal, otras más apoyo emocional, otras más apoyo a la pareja, otras antes del parto, otras después. He acompañado familias de diversos trasfondos religiosos, étnicos, sociales y culturales; esa sensibilidad también es parte importante de mi trabajo, en el que mis propias creencias, deseos, costumbres o tradiciones no son relevantes.

Por otro lado, a veces me corresponde ayudar a gestionar y sobrellevar un cambio de planes o atenuar el dolor emocional cuando las cosas no salen como se esperaba -que también puede suceder y es parte del proceso. Sea como sea, no me decepciono de ti, no me desilusionás, no me enojás. Estoy ahí para ti.

8. No me molesta ver un cuerpo desnudo

He visto de todo en mi cortita vida. Las panzas, los pechos, las vaginas, las nalgas, la leche, la sangre del parto y hasta el popó son parte de mi diario vivir. No me asusta, no me da asco, no me disgusta ni lo evito; al contrario, cada cuerpo, cada mujer, cada bebé me asombra igual que la primera vez. Me maravilla y me apasiona la fisiología femenina y me siento privilegiada de poder ser testigo de esos procesos en primera fila. Dicho eso, tampoco me molesta que me apretujen la mano, que se cuelguen de mí, que me agarren el brazo, que digan malas palabras y que se conviertan en fieras. Para eso estoy.

9. Tu bebé no es mi trofeo

Esto se explica solo, pero jamás de los jamases pido cargar un bebé y menos tomarme fotos. Por supuesto, si una mamá necesita que la ayude a chinear, soy materia dispuesta, pero un bebé recién nacido pertenece junto a su madre; cada segundo que está con alguien más, es un segundo lejos de su olor, de su calor, del sonido de su corazón. Conozco el beneficio indiscutible del contacto piel con piel, creo que las primeras fotos de un bebé deben ser con su mamá y con su papá, creo que nadie debería interferir de manera innecesaria en la cercanía de una mamífera y su cría. Me encantan los bebés, por supuesto, pero mi trabajo en realidad gira alrededor de mi amor por las mujeres y las madres. Cada mamá es capaz de cuidar de su bebé; mi trabajo es cuidar de ella.

10. Como cuido de cada mujer, cuido de mí misma

Una doula cumple su palabra y conoce su calendario. Siempre que se acerca la fecha probable de un nacimiento (mis amigos y familia no me dejarán mentir), mi respuesta a cada invitación es “por ahí llego, a menos que esté en un parto”. A veces me pierdo eventos familiares, cumpleaños, bodas, viajes -y no pasa nada; si me comprometí a acompañarte, podés estar segura de que estoy ahí contigo en cuerpo, mente y alma y no tenés que preocuparte por mí.

Muchas veces los partos duran muchas, muchísimas horas y yo estoy ahí cada segundo porque elijo estarlo, porque es mi trabajo y lo tomo muy en serio. Soy responsable de mi compromiso contigo y cuento con una excelente red de apoyo que me permite disfrutar y dedicarme a mi rol sin sentir que descuido a mi familia, mi clínica y mi casa.

Así como cuido de ti, soy responsable de poder decir “no”, de conocer mis límites y reconocer mis errores. Soy la única responsable de cuidar mis emociones y mi corazón; las cosas no siempre salen como esperamos y parte de mi preparación consiste en saber trabajarlo para estar física y emocionalmente disponible. Yo me encargo de buscar apoyo, de hacer ese “tune-up” emocional de vez en cuando, de descansar, de comer bien, de hacer ejercicio, de no parrandear cerca de la fecha de parto (jaja), de moverme junto a la Red de Doulas de Guatemala para que las condiciones de parto y nacimiento en nuestro país sean cada vez mejores -porque sí, muchas veces frustran y duelen en el alma.

Si al llegar la fecha de tu parto, por algún motivo no estoy disponible (me ha pasado sólo una vez, en la que la beba se adelantó cinco semanas), me encargo de gestionar que otra doula de mi confianza pueda estar ahí contigo.

En pocas ocasiones, por fechas (porque también tomo vacaciones y dedico tiempo a mi familia), o simplemente por química, he decidido no tomar el acompañamiento con algunas familias y también es válido; entre doulas hacemos referencias, conocemos nuestros límites y trabajamos, ante todo, con la verdad. Por eso, te repito, si decido acompañarte, es porque quiero y lo hago de corazón.

Espero que esta información te haya dado una perspectiva más completa de lo que hace (y lo que no hace) una doula. En lo personal, ha sido un viaje muy intenso hacia dentro y también hacia fuera, un viaje que amo apasionadamente y por el que trabajo día con día, paso a paso. Van cinco años de aprendizaje y vocación; espero que mis ganas de acompañar y de seguir aprendiendo, duren lo que me queda de vida.

Natalia
nataliadebiegler@gmail.com

Imágenes de Ododua.

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